Una nueva horda de bárbaros pretende gobernar nuestras vidas y con
ello nuestras almas.
Nunca tuve miedo a las acometidas dialécticas y menos aún a las
agresiones físicas, mantenerse firme, no doblegarse sino a la razón debería ser
la disposición del hombre, de cualquier hombre, ante la imposición por la fuerza
de pensamientos y hechos vengan de donde vengan.
Los nuevos Savonarolas, inquisidores a ultranza contra la opinión
contraria, fanáticos que pretender quemar y destruir todo aquello que va en
contra de sus convicciones ya sea cultural, artístico y si es menester hasta
físico se están adueñando de nuestro porvenir.
Goethe calificaba a Savonarola como: Monstruo grotesco. Y refiriéndose
a su participación en la política de Florencia, Maquiavelo lo definía
claramente con esta frase: “Él (Savonarola) pretende dividir al pueblo en dos
partidos uno que milita con Dios, el suyo; y otro con el del Diablo, el de sus
adversarios”
.
Este fraile dominico no dejo de pretender ser un reformador de la
iglesia, que hasta ahí podría tener cierto nivel moral, sino que quiso
transformar la sociedad de Florencia en primer lugar y continuar después con
toda Italia. Lúgubre fanático, pretendía quemar toda la obra del Renacimiento,
el humanismo y las artes.
Me he referido, como ejemplo, al fraile Jerónimo para reflejar la
similitud que existe entre este “reformador” de la sociedad con los nuevos
transgresores que surgen en toda la escena de la vida pública. Ahora no se
trata de negarle la comunión en el lecho de muerte a Lorenzo de Médicis sino
que, si por ellos fuera, a toda la humanidad.
Los nuevos Torquemadas aparecen en escena primero como profetas de un
orden nuevo, más justo y noble, aunque advierten de que el método para
conseguirlo será duro y hasta cruel pero las consecuencias una vez conseguido
el dominio de vidas y haciendas será el Elíseo, un edén de felicidad y de
justicia, aunque florezca sobre una tupida alfombra de cadáveres.
No son el nihilismo con el que Nietzsche auguraba la transición hacía
el nuevo orden en “Mas allá del bien y del Mal” o probablemente el genio de
Röcken no pudo terminar su obra y explicar al mundo el sentido real y profundo
a este aforismo literario.
Una cosa es cierta, la actual sociedad se ve desamparada ante todos
estos ataques vengan de donde sea, religiosos, políticos, sociales y hasta
culturales. La sociedad se ha ido debilitando en conceptos y valores que antaño
eran consecuencia de un modo de pensar milenario, que evolucionaba dentro de
unos parámetros supuestamente lógicos, con las alteraciones propias de
cualquier cuerpo vivo y esta (la sociedad) lo estaba.
Ahora rotos los moldes con que se forjaba el orden natural de las
cosas, los nuevos “orfebres” pretenden imponernos su “arte”, el método ya lo
dije antes y las consecuencias son de prever.
El futuro resulta incierto, y aunque puede ser la puerta a un nuevo
renacer de la humanidad, creo que la fatalidad se apoderará del cuerpo social
lastrándolo durante muchos años a una anarquía como nunca hemos conocido.
Filoxides
el Crítico
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