martes, 6 de diciembre de 2016

Los Inquisidores



Una nueva horda de bárbaros pretende gobernar nuestras vidas y con ello nuestras almas.
Nunca tuve miedo a las acometidas dialécticas y menos aún a las agresiones físicas, mantenerse firme, no doblegarse sino a la razón debería ser la disposición del hombre, de cualquier hombre, ante la imposición por la fuerza de pensamientos y hechos vengan de donde vengan.

Los nuevos Savonarolas, inquisidores a ultranza contra la opinión contraria, fanáticos que pretender quemar y destruir todo aquello que va en contra de sus convicciones ya sea cultural, artístico y si es menester hasta físico se están adueñando de nuestro porvenir.

Goethe calificaba a Savonarola como: Monstruo grotesco. Y refiriéndose a su participación en la política de Florencia, Maquiavelo lo definía claramente con esta frase: “Él (Savonarola) pretende dividir al pueblo en dos partidos uno que milita con Dios, el suyo; y otro con el del Diablo, el de sus adversarios”
.
Este fraile dominico no dejo de pretender ser un reformador de la iglesia, que hasta ahí podría tener cierto nivel moral, sino que quiso transformar la sociedad de Florencia en primer lugar y continuar después con toda Italia. Lúgubre fanático, pretendía quemar toda la obra del Renacimiento, el humanismo y las artes.
 
Me he referido, como ejemplo, al fraile Jerónimo para reflejar la similitud que existe entre este “reformador” de la sociedad con los nuevos transgresores que surgen en toda la escena de la vida pública. Ahora no se trata de negarle la comunión en el lecho de muerte a Lorenzo de Médicis sino que, si por ellos fuera, a toda la humanidad.

Los nuevos Torquemadas aparecen en escena primero como profetas de un orden nuevo, más justo y noble, aunque advierten de que el método para conseguirlo será duro y hasta cruel pero las consecuencias una vez conseguido el dominio de vidas y haciendas será el Elíseo, un edén de felicidad y de justicia, aunque florezca sobre una tupida alfombra de cadáveres.

No son el nihilismo con el que Nietzsche auguraba la transición hacía el nuevo orden en “Mas allá del bien y del Mal” o probablemente el genio de Röcken no pudo terminar su obra y explicar al mundo el sentido real y profundo a este aforismo literario.

Una cosa es cierta, la actual sociedad se ve desamparada ante todos estos ataques vengan de donde sea, religiosos, políticos, sociales y hasta culturales. La sociedad se ha ido debilitando en conceptos y valores que antaño eran consecuencia de un modo de pensar milenario, que evolucionaba dentro de unos parámetros supuestamente lógicos, con las alteraciones propias de cualquier cuerpo vivo y esta (la sociedad) lo estaba.

Ahora rotos los moldes con que se forjaba el orden natural de las cosas, los nuevos “orfebres” pretenden imponernos su “arte”, el método ya lo dije antes y las consecuencias son de prever.
El futuro resulta incierto, y aunque puede ser la puerta a un nuevo renacer de la humanidad, creo que la fatalidad se apoderará del cuerpo social lastrándolo durante muchos años a una anarquía como nunca hemos conocido.
Filoxides el Crítico

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