viernes, 23 de diciembre de 2016

Constand, un gran Jefe.



En recuerdo de Constand, mi amigo, Instructor y Jefe.
Conocí a Costand allá por el año noventa, acababan de ascenderme en la Empresa y esta había incorporado a su explotación otras vías de negocio, de una de ellas me pusieron al frente, por este motivo tuve que desplazarme primero a Marsella dónde estaba enclavada la fabrica recién comprada por mi empresa para conocer el producto y otros pormenores y después a Viena, es aquí dónde conocí a Costand.
Mi primer encuentro con él fue en un inmenso hall que la fábrica tenía al entrar en sus instalaciones, allí muy protocolariamente estaba Costand acompañado de una secretaria-traductora que nos hizo de guía desde entonces hasta que seis años después deje de viajar para la empresa.
Costand estaba doctorado en ingeniería textil y era un entusiasta de la incorporación e innovación de nuevas fibras aplicadas a nuestras líneas de producto, había estudiado química biológica por lo que dominaba a la perfección su trabajo.
Yo iba acompañado de dos jóvenes compañeros, uno recientemente fallecido también y el otro un simpático vasco que respondía por Oscar (supongo que estará bien actualmente), enseguida se puso manos a la obra, enseñándonos las instalaciones, talleres, oficinas, etc. A partir de este instante y en las sucesivas reuniones de marketing o convenciones generales me dedicó una atención especial, su perfecto castellano y su cariño por mi país más un sentido de la “jefatura” especial hizo que le considerase un verdadero amigo.
Me enseñó Viena y después Zurich ciudades que conocía al dedillo, me recomendó libros y cursos que debí hacer para estar a la altura de las circunstancias, me ayudo en la distancia cuando las cosas comenzaron a deteriorarse en España, en fin, fue como dije antes un gran amigo, un genial Jefe y una persona admirable.
Supe por él que al jubilarse se iba a Chile dónde al parecer tenía familia, un tío suyo marchó a mediados de los cuarenta a aquellas lejanas tierras. Hizo escala en Madrid y cenamos juntos Erika su mujer, Ana, él y yo, les lleve a sitios pintorescos de la capital y de los alrededores, le encantó, bebimos cerveza aunque según su gusto prefería más la Späten que nuestra Mahou, aún así dio buena cuenta de ella.
Después hemos seguido teniendo contacto, bien por teléfono o por correo electrónico, nunca me dijo que estuviera enfermo y si que echaba de menos aquellas noches en Madrid, paseando por el Arco de Cuchilleros, bebiendo cerveza en el mesón de los Austrias mientras escuchábamos el acordeón tocado por Emilio, luego a la Cava Baja hasta llegar a Bailen dónde de terminamos la primera noche en la cafetería Opera rodeados de pajaritos.
El Prado le encantó así como el Sorolla, la Galeria Thyssen, el entonces Museo de Arte contemporáneo, en fín, fueron unos días de intenso ajetreo que acabábamos en la Plaza de Santa Ana escuchando jazz o el Café Chinitas saboreando buen flamenco.
Ahora en tu ranchito allá por la zona Austral has dejado este “barrio” rodeado por los tuyos y adónde me hubiera gustado estar a mí.
Costand María Szimaniak se marchó a las doce horas en su rancho a cincuenta kilómetros de Puerto Varas en el solsticio de invierno. Qué tengas un buen camino compañero.
Francisco J. Filoxo Molina

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