domingo, 18 de diciembre de 2016

El moribundo



¿Cómo se comporta un moribundo?.

Esta pregunta puede parecer absurda y posiblemente lo sea, cosa que me da igual pues formularla no me produce ni desasosiego, cansancio o curiosidad. Sólo que en un momento de la vida cuando el insomnio se adueña de uno preguntas como esta suelen surgir como si absurdos destellos cerebrales surgieran de algún rincón de la mente. 

Y me digo ¿Qué pensará un moribundo, cuando ve el incierto fin aproximarse? ¡Quizás nada o simplemente dolor, o puede que ambas cosas o ninguna de ellas y si otras!. Curiosa paradoja de un vivo pensando en lo que le llega a un muerto. Puede que solo alivio, la seguridad de una vida más confortable en el más allá o la sensación de huida de un triste y oscuro mundo del cual pretende escapar sin dilación.

Cualquiera de estas respuestas pueden ser válidas o quizás no, pueden haber otras, muchas o pocas, posiblemente miles o ninguna. Puede que pretenda escapar y encuentre el camino de la fuga en la muerte. Entonces serían baladíes las obras realizadas, las promesas no cumplidas y las deudas no pagadas. Empeño absurdo el querer quedar bien cuando no vas a obtener correspondencia por falta de tiempo. Y si quieres remediar los errores cometidos y te arrepientes de todas y cada una de las faltas que cometiste durante tu larga vida, pues todas las vidas suelen ser largas al fin y al cabo ¿Donde está el premio?

Desde que uno pone el pie en este mundo, la gangrena de la muerte se agarra a ti como fiel compañera de viaje en el largo o corto camino de tu existencia. Es la más fiel y mejor compañera que te puedas llevar contigo en el viaje por la vida, será tu leal y servicial amiga pues como al Cesar te recordará de vez en cuando que eres mortal y que el cerrojo chirriante que hay la final del camino puede estar más o menos cerca pero seguro que está.

Nunca te fallará, pues conoce tus secretos, al igual que tus excesos  cómo tus carencias y por tal motivo se hace cómplice tuyo y se manifiesta soterradamente de alguna forma para advertirte que sigue ahí, a tu lado, cerca de ti, tan próxima cómo una esposa abnegada y leal.

Si has seguido este breve escrito hasta el final no pienses que estoy loco o enfermo y menos aún cercano al final. Estoy vivo y por ello pienso tanto en la vida como en la muerte y si te has quedado por el camino entre estas letras es que seguramente estas más que muerto aunque no te lloren aún los tuyos. 

Filoxides el Crítico

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