¿Cómo se comporta un moribundo?.
Esta pregunta puede parecer absurda y posiblemente lo
sea, cosa que me da igual pues formularla no me produce ni desasosiego,
cansancio o curiosidad. Sólo que en un momento de la vida cuando el insomnio se
adueña de uno preguntas como esta suelen surgir como si absurdos destellos
cerebrales surgieran de algún rincón de la mente.
Y me digo ¿Qué pensará un moribundo, cuando ve el
incierto fin aproximarse? ¡Quizás nada o simplemente dolor, o puede que ambas
cosas o ninguna de ellas y si otras!. Curiosa paradoja de un vivo pensando en
lo que le llega a un muerto. Puede que solo alivio, la seguridad de una vida
más confortable en el más allá o la sensación de huida de un triste y oscuro
mundo del cual pretende escapar sin dilación.
Cualquiera de estas respuestas pueden ser válidas o
quizás no, pueden haber otras, muchas o pocas, posiblemente miles o ninguna.
Puede que pretenda escapar y encuentre el camino de la fuga en la muerte.
Entonces serían baladíes las obras realizadas, las promesas no cumplidas y las
deudas no pagadas. Empeño absurdo el querer quedar bien cuando no vas a obtener
correspondencia por falta de tiempo. Y si quieres remediar los errores
cometidos y te arrepientes de todas y cada una de las faltas que cometiste
durante tu larga vida, pues todas las vidas suelen ser largas al fin y al cabo
¿Donde está el premio?
Desde que uno pone el pie en este mundo, la gangrena
de la muerte se agarra a ti como fiel compañera de viaje en el largo o corto
camino de tu existencia. Es la más fiel y mejor compañera que te puedas llevar
contigo en el viaje por la vida, será tu leal y servicial amiga pues como al
Cesar te recordará de vez en cuando que eres mortal y que el cerrojo chirriante
que hay la final del camino puede estar más o menos cerca pero seguro que está.
Nunca te fallará, pues conoce tus secretos, al igual
que tus excesos cómo tus carencias y por tal motivo se hace cómplice tuyo
y se manifiesta soterradamente de alguna forma para advertirte que sigue ahí, a
tu lado, cerca de ti, tan próxima cómo una esposa abnegada y leal.
Si has seguido este breve escrito hasta el final no
pienses que estoy loco o enfermo y menos aún cercano al final. Estoy vivo y por
ello pienso tanto en la vida como en la muerte y si te has quedado por el
camino entre estas letras es que seguramente estas más que muerto aunque no te
lloren aún los tuyos.
Filoxides
el Crítico
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