He de reconocer que
sentí una gran alegría de volverle a sentir, han sido muchos años sin tenerle
en cuenta y lo que es más grave sin querer saber absolutamente nada de su existencia. Años que se me han pasado volando y en los que
la incertidumbre poco a poco se ha ido adueñando de mi interior a la vez que el
deterioro físico ha ido haciendo mella aunque sus estragos no sean aún lo
suficientemente graves como para tomarlos en serio.
Ahora muchos años
después he necesitado de su apoyo y presencia, antes cuando mi buen amigo
caminaba a mi lado en todas las horas del día y en la noche dormía cercano, era de un enorme
consuelo saber que a la vez que me avisaba del peligro me advertía del riesgo
de ciertas actitudes y sus consecuencias. Sentirle a mi lado me reconfortaba y
me hacía sentirme fuerte y seguro.
Los motivos de nuestras
separación fueron siempre a consecuencia de mi orgullo y vanidad, seguro de
seguir la senda idónea me aparte del camino que mi fiel sombra me indicaba,
ella representaba ese otro yo, el real, no el imaginario en el que iba
convirtiendo mi destino poco apoco y que rechazaba a su sosias anterior sin
saber que con ello perdía no solo mi verdadera identidad sino el verdadero
porqué de mi existencia.
Ahora unidas las dos
partes hemos de caminar juntos el resto de nuestros días, más viejos y por ello
más sabios, ya no necesitaré de la máscara con la que era fácil esconderme de
entre la mediocridad para no ser desenmascarado y señalado como un apestado, había
vuelto al camino que todo viajero quiere, el de sus propios paisajes, sus altas
montañas, sus inmensos prados y bosques tupidos, allá dónde la fantasía se
confunde con la realidad sin tenerse en cuenta la una de la otra.
Mi amigo sabe el camino
y yo no tengo nada más que seguir su guía, sus pasos son los míos y la firmeza
de estos son la seguridad de los míos. Sus risas son mi alegría y las
nostalgias nos las repartimos entre ambos, no sentimos los años perdidos pues
nos está prohibido el volver la vista atrás y esta prohibición nos la hemos
impuesto nosotros mismos, al igual que diría el poeta para nosotros se hace
camino al andar y a cada paso las huellas se van borrando como las personas y
las cosas que en el camino nos hemos encontrado.
Ahora estoy
completamente seguro que ni la muerte podrá separarnos pues poco a poco nos
iremos fundiendo ambos en uno y así continuaremos hasta el fin.
Filoxides de Ursalia
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