miércoles, 1 de febrero de 2017

Mi sombra



He de reconocer que sentí una gran alegría de volverle a sentir, han sido muchos años sin tenerle en cuenta y lo que es más grave sin querer saber absolutamente nada de  su existencia.  Años que se me han pasado volando y en los que la incertidumbre poco a poco se ha ido adueñando de mi interior a la vez que el deterioro físico ha ido haciendo mella aunque sus estragos no sean aún lo suficientemente graves como para tomarlos en serio.

Ahora muchos años después he necesitado de su apoyo y presencia, antes cuando mi buen amigo caminaba a mi lado en todas las horas del día y en  la noche dormía cercano, era de un enorme consuelo saber que a la vez que me avisaba del peligro me advertía del riesgo de ciertas actitudes y sus consecuencias. Sentirle a mi lado me reconfortaba y me hacía sentirme fuerte y seguro.

Los motivos de nuestras separación fueron siempre a consecuencia de mi orgullo y vanidad, seguro de seguir la senda idónea me aparte del camino que mi fiel sombra me indicaba, ella representaba ese otro yo, el real, no el imaginario en el que iba convirtiendo mi destino poco apoco y que rechazaba a su sosias anterior sin saber que con ello perdía no solo mi verdadera identidad sino el verdadero porqué de mi existencia.

Ahora unidas las dos partes hemos de caminar juntos el resto de nuestros días, más viejos y por ello más sabios, ya no necesitaré de la máscara con la que era fácil esconderme de entre la mediocridad para no ser desenmascarado y señalado como un apestado, había vuelto al camino que todo viajero quiere, el de sus propios paisajes, sus altas montañas, sus inmensos prados y bosques tupidos, allá dónde la fantasía se confunde con la realidad sin tenerse en cuenta la una de la otra.

Mi amigo sabe el camino y yo no tengo nada más que seguir su guía, sus pasos son los míos y la firmeza de estos son la seguridad de los míos. Sus risas son mi alegría y las nostalgias nos las repartimos entre ambos, no sentimos los años perdidos pues nos está prohibido el volver la vista atrás y esta prohibición nos la hemos impuesto nosotros mismos, al igual que diría el poeta para nosotros se hace camino al andar y a cada paso las huellas se van borrando como las personas y las cosas que en el camino nos hemos encontrado.

Ahora estoy completamente seguro que ni la muerte podrá separarnos pues poco a poco nos iremos fundiendo ambos en uno y así continuaremos hasta el fin.
Filoxides de Ursalia

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