Me he puesto a ordenar y limpiar los cajones de mi escritorio, he de
reconocer que durante muchos años solo me ha preocupado tener en orden todo lo
relacionado con mi trabajo y aunque llevase muchos años utilizando el ordenador
seguía usando el papel para toda la documentación, me resultaba más cómodo
utilizar mi agenda con mis apuntes al día y mis archivadores correctamente
colocados.
Con toda la buena intención del mundo he empezado a hacer limpieza de
cajones y armarios; catálogos, tarifas, gráficos, comparativos, todo fuera. Ya
hice una limpieza general en el momento que me jubilé pero aún quedaban
guardadas carpetas que me daban lástima desprenderme, era el trabajo de muchos
años, mi trabajo y de vez en cuando me gustaba repasar datos, porcentajes, etc.
Una vez terminado de clasificar todo lo que en pequeños trozos iba
colocando en una gran bolsa de plástico, continué con revisar otros objetos que
seguían guardados pero olvidados en rincones, metidos en cajitas o sueltos por
los fondos de los cajones. En un cofre de madera me encontré unas estampas y un
pequeño rosario, eran un regalo que mi tía abuela “Angelita” nos hizo a Ana y a
mí cuando fuimos a visitarla al poco de casarnos al convento de las Jerónimas
en Garrovillas provincia de Cáceres,
allí vivía en clausura desde que acabó la guerra civil hasta que murió a
mediados de los ochenta.
La historia de mi tía abuela bien se habría podido llevar al cine, el
argumento a mí al menos me parece muy interesante, siento no haber podido
constatar los hechos con los protagonistas de lo que mi padre y mi abuela, su hermana,
y sus otras dos hermanas más jóvenes y
que la superaron en vida me contaron.
Ingresó en el convento muy joven, casi una niña, al parecer su
vocación era muy grande teniendo en cuenta que el entorno familiar era bastante
liberal en cuanto al aspecto religioso, pero ella debió encontrar la llamada de
Dios dentro de su corazón y más para convertirse en monja de clausura en unos
tiempos difíciles, buena estudiante, dotada especialmente para los idiomas y la
música, había cursado estudios de secretariado y piano, hablaba varios idiomas
especialmente el alemán, muy difícil para un español más acostumbrado a
aprender francés y por supuesto latín.
Años convulsos dónde la familia se rompió a causa de la guerra civil.
Un hermano, Siro Lafuente, en aquellos momentos teniente de la Guardia Civil
destinado en Ronda (Málaga) se sumó a los sublevados mientras sus tres hermanas
y sus padres se quedaban en Madrid, una en el convento, la otra viuda muy joven
con dos hijos a cuestas y la tercera casada con un guardia de asalto que no
sobrevivió a la guerra.
María Ángeles Lafuente se quedó en la calle al cerrar los conventos
por orden gubernamental, no se amedrento por ello, era inteligente, la más
lista de la familia y tenía que ayudar al resto de alguna manera y bien que lo
hizo, un día a finales del año 36 se presento en las oficinas que Dolores
Ibarruri (La Pasionaria) tenía muy cerca de dónde vivían sus padres en pleno
centro de Madrid, para ella fue muy fácil conseguir un puesto en la secretaría
como traductora y mecanógrafa, no había muchas mujeres en la España de aquellos tiempos con esas
habilidades. Asistió a reuniones como traductora que miembros del partido
comunista austriaco o alemán hacían en la sede del partido, tradujo documentos,
corrigió discursos, etc.
Cuando el gobierno republicano se marchaba a Valencia, Dolores
Ibarruri que sabía la filiación religiosa de Ángeles, que esta había guardado
en secreto, le permitió quedarse en Madrid. Nada más acabar la guerra, Sor
Ángeles de la Cruz ingresa en el convento de las Jerónimas en la ciudad de
Garrovillas dónde vivió cuidando un enorme jardín pues asumió el cargo de
jardinera y tocando el piano detrás de una rejilla en la capilla que el
convento tenía para los feligreses.
En mi casa no hay ningún crucifijo, ahora me fijo que no hay ningún
signo religioso exceptuando una figura de Buda y algunas pequeñas estatuillas
de dioses védicos, pero las estampitas y el rosario de mi tía abuela ocupan un
lugar especial en mi corazón.
Filoxides
de Ursalia
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