En uno de mis viajes por trabajo me ocurrió un hecho que me marcaría
a mí y al resto de mi familia para siempre.
Fue durante una noche a principios de Junio durante el año dos mil
seis en la ciudad de Úbeda en la provincia de Jaén, había estado trabajando
toda la semana por la región en compañía de un colega. Durante el día comíamos
allá por dónde teníamos clientes que visitar pero al llegar la noche un par de
cervezas y cada uno por su lado, él a su casa y yo al Hotel.
Ese jueves había sido un día muy caluroso, salí del Hotel sobre las ocho
y media de la mañana, me di una vuelta por los alrededores hasta que llegó
Loren a recogerme; de Úbeda a Jaén dónde trabajamos por la mañana, comimos a
las afueras y por la tarde estuvimos en Linares; el verano se había echado
encima y el calor se hacía bastante insoportable al mediodía, la tarde mejoró
bastante y a las nueve de la noche regresamos a Úbeda, nos despedimos en la
puerta del Hotel, subí a dejar el maletín, ducharme y llamar por teléfono a
casa, sobre las nueve y media en mangas de camisa pues el calor aunque más suave
seguía firme e invitaba a ello, salí a cenar en una terraza justo enfrente del
Hotel.
Mientras cenaba unos chiquillos recogieron algo del suelo, no le
preste mucha atención hasta que uno de ellos se acercó y me enseño lo que
habían cogido. Era un polluelo de no sé qué ave, debió caerse de algún árbol y
no tenía plumas para volar ni fuerzas para cobijarse en algún sitio, el crio me
dijo que no podía quedárselo y que los demás tampoco, así que me vi cenando con
un invitado imprevisto al cual no sabía que darle, le puse agua en un plato
pero no bebía, el pico al acariciarle era una ternillita blanda, muy frágil así
que desistí. Terminé de cenar pague la cuenta y cogí al polluelo, en el jardín
del interior del hotel pensé que estaría mejor y que probablemente sus
parientes le recogerían como algunas veces había visto en documentales de
televisión.
A la mañana siguiente desayuné y con la maleta baje al coche, era
viernes y trabajaríamos en Andújar y Bailen, después de comer yo en mi coche
regresaba para Madrid mientras Loren terminaba unos asuntos pendientes y volvía
a su casa. Mire en el sitio dónde la
noche anterior había dejado al polluelo y mi sorpresa fue que seguía allí, en el
mismo sitio dónde le dejé. Pedí una caja en recepción y metí al polluelo, los
dos nos metimos en el coche a esperar al compañero.
En todos los clientes dónde estuvimos trabajando pregunté qué tipo de
pájaro era aquél suponiendo que al ser gente de campo o al menos más
relacionada con él me podrían indicar que hacer pues temía que el animalito se
pudiera morir de hambre o de sed, el calor se iba adueñando del día y yo no me
atrevía ni a poner el aire acondicionado del coche por temor a que se me
muriera mi pequeño compañero.
Al mediodía en un restaurante a las afueras de Bailén una señora,
cocinera del local, me dijo que probablemente se muriera pues solo la madre le
podría dar de comer y que creía que podía ser un cuervo o algo similar.
Viendo que todos eran igual de ignorantes que yo, no me lo pensé y
tiré para Madrid con él, le puse en el suelo del coche para que no le diera el
aire o le molestara el sol y con un recipiente pequeñito de agua y una migas de
pan al lado, así hasta mi casa de Madrid.
El recibimiento fue apoteósico, mi hijo le bautizo con el nombre de
Tobi y mi mujer salió corriendo a la pajarería más cercana para ver cómo le podíamos
alimentar, nos recomendaron que le llevásemos al día siguiente y así hicimos,
le desparasitaron y nos dijeron que era un polluelo de vencejo y que solo
podría volar si le soltábamos al aire cuando estuvieran las alas hechas pues
aún eran solo unos pequeños brotes como si de cáñamos se tratara.
La paciencia de Ana con Tobi fue enorme, le daba agua con una jeringuilla
y le preparaba trocitos de carne cruda y huevo cocido, le hacía una pasta y le
abría el piquito con sumo cuidado para que este fuera comiendo poco a poco. Le
preparo una cajita con plumas sobre los trozos de una antigua chaqueta de piel
que rompió para ello y poco a poco Tobi se fue haciendo un precioso pájaro. Yo
seguí con mi trabajo pero cada viernes al volver a casa veía como Tobi iba
cambiando en todos los aspectos, le iba saliendo un plumaje grisáceo y blanco,
pero lo que más me impresionaba eran sus ojos, aquel animal hablaba por sus
ojos, unos enormes ojos negros que nos tenían prendados a los tres.
El veterinario nos advirtió de que Tobi tendría que echar a volar un
día de estos y que nosotros deberíamos ayudarle, así mi hijo le soltaba sobre
la cama para ver si ya estaba apto para el vuelo, día tras día Tobi se mantenía
un poco más en el aire pero caía sobre la cama a los pocos segundos.
Durante tres meses tuvimos a Tobi en casa, cuidándole, dándole de comer
aquello que el veterinario nos indicaba, mi hijo le traía gusanos y larvas, mi
mujer seguía al pie de la letra los consejos del veterinario le seguía dando de
beber con una jeringuilla hasta que Tobi comenzó a beber por su cuenta.
Por fin Tobi se mantuvo en el aire, mi hijo le tuvo por casa volando
posándose en las lámparas y yendo sobre los armarios, cada día un poco
más, él le impulsaba y Tobi cada vez
volaba con mayor seguridad.
Llego la hora, Tobi estaba apto para volar, para volver con los suyos,
para abandonar nuestra casa, el animalito nos lo pedía con esos ojos negros
intensos, tenía que irse ya estaba listo, así que una mañana cogimos a Tobi y
nos fuimos al puerto de Cotos en Navacerrada, el animal temblaba de la emoción,
sabía que aquel era su día, lo presentía y nosotros llenos de tristeza sabíamos
que Tobi debía irse, volver con los suyos, volar por los cielos, cazar él solo,
vivir su vida. Mi hijo cogió a Tobi le beso en esa cabecita e impulsándole hacía
arriba le soltó. Fue sorprendente, Tobi volaba, volaba con una majestuosidad
propia de cualquier gran ave, le vimos alejarse hacia el Norte, con seguridad
hacía la libertad, con sus parientes.
Y nosotros nos quedamos destrozados, sabíamos que habíamos hecho lo
correcto, que era nuestro deber dejar a Tobi emprender su camino pero….. de
vuelta a casa nadie hablo, no podíamos hacerlo.
Suerte Tobi
Filoxides
de Ursalia
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