viernes, 24 de febrero de 2017

La carta de Lendon



Me dirijo a la Clínica Psiquiátrica del Doctor  López-Fhis situada a las afueras de una bella ciudad al noroeste de España. El camino ha sido largo por las inclemencias del tiempo, el aire sacudía el pequeño coche que había alquilado para la ocasión, según me acercaba a las inmediaciones de la ciudad el paisaje se tornaba rosáceo gracias a la floración de los innumerables almendros que rodean esta. Un pequeño cartel a unos dos kilómetros de la ciudad me indica la desviación hacía la clínica, el camino bien asfaltado me lleva hacia el este, el sol me ciega y tengo que aminorar la velocidad hasta llegar a una puerta enrejada que impide la entrada al recinto.

Llamó mediante el claxon y la puerta se abre hacía un lateral permitiendo la entrada del vehículo, según voy entrando en un extraño jardín de plantas bastante raras para estas latitudes, en el centro un enorme plátano de sombra  se erige majestuoso cubriendo a la vista el oscuro edificio de ladrillo y piedra gris que cobija la clínica.

Nadie sale a recibirme así que aparco el coche en una zona habilitada para ello, dónde hay otros dos coches aparcado y una ambulancia, recojo mi portafolio dónde llevo los extraños apuntes que el amigo de Lendon me dejo y me dirijo hacia la puerta.

La recepción es algo siniestra, una lámpara sobre un mostrador expande una tenue luz suficiente para alumbrar este pero dejando en penumbra el resto de la sala. Allí un viejete con enormes gafas y un ridículo bigotito gris ordena unas carpetas en un enorme archivador situado en la pared detrás del mostrador, me mira con ojos de disgusto y sin muchas prisas termina de colocar las carpetas y se vuelve hacía mi.

-El Sr Filoxides supongo, me dice sin mucho interés.

-Efectivamente. Le contesto con la misma frialdad que la suya.

-Espere un momento allí sentado (me señala un sillón de cuero) mientras aviso al Doctor.

El antipático abuelo desaparece detrás de una puerta y yo me quedo sentado en el incómodo sillón que junto a otro similar componen junto a una mesita el único mobiliario de la sala.

-El doctor le atenderá en unos minutos. Me suelta el abuelo sin mirarme siquiera.

Mientras me entretengo ojeando unas revistas que hay sobre la mesita, la mayoría son sobre cuestiones médicas, tratamientos, productos farmacéuticos, etc.

A los diez interminables minutos aparece el Doctor López-Fhis, es un hombre de mediana edad, bastante alto muy delgado de un color cetrino que me extiende una larga y nervuda mano que estrecho con cierta repugnancia, su mano está fría, muy fría como si hubiera estado tocando hielo o algo similar pero muy secas.

-Bien, estimado Señor. Usted me dirá el porqué de su visita, me suelta con una cínica sonrisa que más bien es una mueca, su boca es pequeña con unos labios muy finos y unos dientes no muy blancos.

Como le comenté por teléfono hace años recibí una carta de un tal Lendon, solo Lendon que permanecía internado en una prisión de Arizona, cuyo último interno salió de allí en el año 1909 pero la carta tiene el sello de la prisión de 1999 y como Usted puede ver viene firmada por el director de la Prisión.

Le enseño el documento al Doctor que lo lee con cierta indiferencia para comentar después.
-Es extraño, lo reconozco…¿pero qué tiene esto que ver conmigo?

-El personaje que me entrego esta carta más estos apuntes que traigo conmigo estuvo años bajo tratamiento de Usted y creo que también estuvo ingresado en esta clínica durante varios años.
-Es probable pero comprenderá que por aquí pasan muchos pacientes al cabo del año con todo tipo de esquizofrenias y yo no me puedo acordar de ellos, Usted no se puede imaginar la cantidad de historias que escucho y los problemas que debo intentar solucionar, tendría que revisar mis archivos que como puede Usted ver no están informatizados. (Me señala el enorme fichero)

-Creo que el personaje en cuestión estuvo aquí ingresado en el año 2000 permaneciendo ocho meses y tres días, según consta en una factura que me llegó junto a los papeles que le he enseñado además incluye un parte médico y el alta correspondiente, en el parte se define la enfermedad como esquizofrenia paranoica con grado de violencia máximo por lo que se precisa internamiento en centro especializado.

-Pero en cambio Doctor, Usted le dio el alta y este hombre apareció ahorcado en un hostal de carretera a las pocas semanas. La policía encontró un par de cartas en su bolsillo una dirigida a Usted y la otra dirigida a Lendon, esta más bien es una nota dónde le agradece su amistad durante tantos años y le dice que siga trabajando en lo que más le gusta y eso es lo preocupante, la misiva dice textualmente:

“Busque Usted mi querido Lendon la felicidad de la gente liberándola de sus múltiples miserias y vicios, siga con su ejemplar tarea de acabar con ellos sin sentir ningún placer solo por la necesidad moral de darle un sentido a sus vidas”

-¿No cree Doctor que este sujeto, no debía andar suelto por ahí?

¡¡Ah, ya lo recuerdo!!. Si la policía estuvo por aquí pero sus pesquisas demostraron que ese pobre hombre solo era un desequilibrado sin más y desgraciadamente cómo él hay muchos pateando las calles a todas horas.

-Podría Doctor mirar en sus archivos el expediente de este enfermo?

-Mi ayudante lo hará, ahora discúlpeme tengo pacientes que me necesitan.

El Doctor se da media vuelta sin despedirse y desaparece por la misma puerta que llegó, el viejete de la recepción me pide el número de teléfono y me indica que en cuanto pueda me llamará.

Al salir me fijo en una pintada que debe llevar allí mucho tiempo, está escrita al lado del muro que separa el jardín del exterior, la pintada muy bien escrita con una caligrafía perfecta dice así:
“Que alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado…” J.D.

Sin mucho entusiasmo me pongo en marcha de vuelta a mi pueblo, pensé equivocadamente que me sería de gran ayuda la visita a la clínica pero ni el doctor aquel estaba por la cooperación ni aquel desvencijado archivo me daría las pistas que estaba buscando para desentrañar el enigma que me inquietaba desde que recibí los papeles.  

He estado bastantes meses sin pensar en el tema. Llamé varias veces a la Clínica sin respuesta alguna, o bien estaban ocupados o el teléfono permanecía comunicando durante horas, nadie me devolvió la llamada ni supe nada del Doctor. Cansado de esperar me puse en contacto con el Ayuntamiento de la ciudad y la contestación me dejó de piedra. ¡¡Allí no había existido nunca una clínica mental en  ese lugar y el citado Doctor no aparecía en ningún listín telefónico, ni estaba acogido a ningún colegio o sindicato, como último intento llamé a la telefónica y me dijeron que ese abonado no existía, cuando le dije que había estado hablando con ellos varias veces en los últimos meses me contestaron que en el control de llamadas con el cual se hacen después los cobros esas llamadas no aparecen.

He tratado de olvidar el asunto, pues a buen recaudo los papeles que ese infeliz me dio y pasar de ello.

Sr. Filoxides tiene usted una carta certificada me dice la señorita cartero cuando entraba en el portal de casa.

¿Una carta certificad, que raro? Desde que me jubilé no recibo carta alguna exceptuando del banco, publicidad o de la Seguridad Social pero certificada ninguna.

Firmo y me subo a casa con ella, abro la puerta y me dirijo a la terraza, cuando hace buen tiempo paso prácticamente todo el día en ella, me siento y abro la carta.

“Mi querido amigo, siento con gran pesar que Usted me ha olvidado, llegué a pensar que podría ser una de la pocas personas que me comprendería y por ello le envié a mi hermano Albert con ciertos papeles para que Usted indagara, ahora veo con cierto fastidio que me equivoqué, Usted no es la persona indicada para comprender lo que el Superior Conocimiento da a personas como yo. Quise erróneamente qué Usted se ocupase de mi caso, llevo encerrado aquí en la Prisión de Yuma desde 1888  he visto salir a muchos compañeros, la mayoría en cajas de madera de pino y algunos pocos excarcelados, la mayoría eran unos indeseables, asesinos del tres al cuarto, traficantes, estafadores, violadores, unos imbéciles que se movían por simple instinto, por el placer de matar, violar o saquear. Yo no soy de esos y por ello llevo aquí tantos años, ahora estoy solo hace unos meses se llevaron al último, era un gordo patán que había degollado a su suegra o al menos de eso fantasmeaba, se los han ido llevando a una cárcel nueva creo. Yo sigo aquí solo como siempre he estado, perfeccionando mi arte, enseñando a los pocos elegidos que merecían el que yo les ilustrara sobre la “Salubridad Social” es como yo llamo el ir limpiando esta de individuos nocivos, mequetrefes sin espíritu alguno, muertos en vida por la desidia, la pereza o la monotonía, yo limpio la sociedad de estos pobres hombres que no tienen nada que aportar, solo respiran y molestan con su simple presencia a personas como yo, he librado a la sociedad de más de cien idiotas, la mayoría por el sistema que más me gusta , el estrangulamiento, les miro a los ojos, ojos sin vida, sin alma de pequeños hombrecillos que van a trabajar todos los días comen y defecan, hablan poco con sus mujeres y menos con sus hijos, les libro a estos de la agonía de tener que soportar a padres así. A otros les corto la garganta, es algo más cruel o efectista pero el sentir cómo se ahogan con su propia sangre me ayuda a entender que estoy haciendo el bien y por último utilizo el puñal o el cuchillo, es menos directo, la distancia no me aporta la satisfacción de sentir entre mis manos el calor de la sangre o de las venas mientras se colapsan. ¡ Si amigo yo soy un gran exterminador de una plaga que inunda la tierra, el <hombrecillo>!.

PD. Ahora he de buscar alguien que continué mi labor, alguien con el suficiente amor por la humanidad para que sea capaz de limpiarla como yo lo he ido haciendo durante años.
Si todavía tiene Usted interés en mi caso deje una luz encendida durante la noche para que yo pueda verla. 
  A.S. Lendon  Prisión Territorial de Yuma, Tercera Galeria, interno 00001 (Arizona)

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