martes, 14 de julio de 2020

Institucionalizar al delator.




El viejo profesor Jean Cou, discípulo de Sartre del que se separó ideológicamente dijo: “Cuando ya no existen verdaderos maestros toda la sociedad es de esclavos, pero de unos esclavos tristes y vacios” (Les écuries de L`Occident).

Este aforismo era el preferido de mi amigo Timbaud, antiguo profesor de Ética de la Universidad de Paris VII Denis Diderot y al que conocí en un Simposium sobre Escritores de la Ilustración Francesa en la Universidad de Santiago. Timbaud es y será uno de los más claros conocedores de la obra de Cau desde su paso como secretario de Sartre hasta sus días como periodista de Le Figaró, L`Express y Paris Macht, admirador y traductor de La Misericordia de Dios por la que Cau recibió el Premio Goncourt a diversos idiomas.


Gilbert Timbaud se me presentó de una manera jovial pero a la vez extraña para los tiempos que corren (2002) es más diría que peligrosa: “Qué tal joven soy Timbaud el último fascista francés” Reconozco que me dejó de piedra, nunca en mis cincuenta años había escuchado una auto presentación semejante. Viendo mi sorpresa rápido y en un castellano más que aceptable me aclaró:
-En Francia y más concretamente en Paris proclamarte fascista es una forma de camuflaje, nadie piensa que es cierto pues lo creen imposible, el fascismo es para el francés en general y para el parisino en particular una –Mode désaffectée- nadie la da importancia ni los comunistas de Marie-George Buffet que bastante tiene con su –reve môrt- y enterrado.

Luego como buen profesor me bombardeo con datos, anécdotas, historias no solamente sobre Jean Cau sino de Haup, Mahieu, Raspail y otros escritores que fundaron la revista “Decouvertes”.

.Sabes en que estoy metido en estos últimos tiempos mi querido Filoxo, quiero legalizar la figura del delator, hacerla oficial, extraerla de la esencia policial comunista y darle el puesto que le corresponde: L´Indicateur. La idea me la dio un viejo Stasi residente en Paris y que vive de contar chismes a la Gendarmería por un puñado de euros. Así veremos la cara del chivato en los medios de comunicación sin que tenga que esconder su identidad ante un ataque físico.

Me sorprendió aquella declaración de intenciones de una persona a la que acababa de conocer y de la que no sabía apenas nada, solo su conocimiento de la obra de Jean Cau.

-Creo que Henry Coston supera a Cau en su visión real del mundo, lo dejo escrito en el Retorno de las doscientas familias o la Europa de los banqueros y otras obras suyas sobre las cuales discutí con él, era un “Il était un dangereux antisioniste”. Sin ocultarse para nada y eso es muy peligroso hoy en día en Francia.

Después hablamos sobre Alain de Benoist su creación del “GRECE”  y su magna obra “ Vue de droite” (Visión correcta), me sorprendió su conocimiento sobre los colaboradores de aquel proyecto, hablaba sin descanso de Pier Gripari, Jean Raspail, Lucien Rebatet, Paul Serant, Jean Benoist-Mechin y otros tantos de los que conocía obras y escritos, no solo de “Nouvelle Ecole” sino de otras revistas y editoriales (Copernic)

Me impresiono aquel hombre espigado, canoso y con cierta miopía que corregía con unas gafas de cristal redondo al estilo de Brasillach. Cenamos con otros asistentes al Simposium y después nos apartamos un poco con unos amigos españoles y dos franceses que acompañaban a Timbaud y que pertenecían al “Groupement National” antiguo Frente Nacional del viejo Le Pen, uno que respondía al nombre de Mirotta había sido un viejo héroe de la guerra de Argelia después miembro de la OAS, un verdadero “Rambo”.

Conversamos hasta el amanecer, cayeron una cuantas botellas de champagne y vino de Oporto, creo que para mí y mi compañeros españoles fue una reunión que no olvidaríamos nunca y que al pasar los años iríamos viendo que las conjeturas de Coston, Benoist y otros muchos franceses estaban en lo cierto y lo paradójico era que siendo nosotros un país dónde habíamos vencido al comunismo en una guerra civil, estábamos más cerca de este que unos simpatizantes franceses que habían pasado por cárceles, censuras y prohibiciones de todo tipo, y recordé la figura y las palabras de Timbaud cuando regresaba desde el aeropuerto de Santiago hacia Madrid: “Dejémosles sin armas, legalicemos al delator, este mantiene el estado opresor gracias al miedo, la injuria y la envidia, saquémosles a la luz que veamos sus caras, sepamos sus nombres así entenderemos sus motivos y sus miserias.

(Homenaje a un hombre delatado Robert Brasillach)                                   Filoxides de Ursalia

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