El viejo profesor Jean Cou, discípulo de Sartre del que se separó ideológicamente
dijo: “Cuando ya no existen verdaderos maestros toda la sociedad es de
esclavos, pero de unos esclavos tristes y vacios” (Les écuries de L`Occident).
Este aforismo era el preferido de mi amigo Timbaud, antiguo profesor
de Ética de la Universidad de Paris VII Denis Diderot y al que conocí en un
Simposium sobre Escritores de la Ilustración Francesa en la Universidad de
Santiago. Timbaud es y será uno de los más claros conocedores de la obra de Cau
desde su paso como secretario de Sartre hasta sus días como periodista de Le
Figaró, L`Express y Paris Macht, admirador y traductor de La Misericordia de
Dios por la que Cau recibió el Premio Goncourt a diversos idiomas.
Gilbert Timbaud se me presentó de una manera jovial pero a la vez
extraña para los tiempos que corren (2002) es más diría que peligrosa: “Qué tal
joven soy Timbaud el último fascista francés” Reconozco que me dejó de piedra,
nunca en mis cincuenta años había escuchado una auto presentación semejante.
Viendo mi sorpresa rápido y en un castellano más que aceptable me aclaró:
-En Francia y más concretamente en Paris proclamarte fascista es una
forma de camuflaje, nadie piensa que es cierto pues lo creen imposible, el
fascismo es para el francés en general y para el parisino en particular una –Mode
désaffectée- nadie la da importancia ni los comunistas de Marie-George Buffet
que bastante tiene con su –reve môrt- y enterrado.
Luego como buen profesor me bombardeo con datos, anécdotas, historias
no solamente sobre Jean Cau sino de Haup, Mahieu, Raspail y otros escritores
que fundaron la revista “Decouvertes”.
.Sabes en que estoy metido en estos últimos tiempos mi querido Filoxo,
quiero legalizar la figura del delator, hacerla oficial, extraerla de la
esencia policial comunista y darle el puesto que le corresponde: L´Indicateur.
La idea me la dio un viejo Stasi residente en Paris y que vive de contar
chismes a la Gendarmería por un puñado de euros. Así veremos la cara del
chivato en los medios de comunicación sin que tenga que esconder su identidad ante
un ataque físico.
Me sorprendió aquella declaración de intenciones de una persona a la
que acababa de conocer y de la que no sabía apenas nada, solo su conocimiento
de la obra de Jean Cau.
-Creo que Henry Coston supera a Cau en su visión real del mundo, lo
dejo escrito en el Retorno de las doscientas familias o la Europa de los
banqueros y otras obras suyas sobre las cuales discutí con él, era un “Il était
un dangereux antisioniste”. Sin ocultarse para nada y eso es muy peligroso hoy
en día en Francia.
Después hablamos sobre Alain de Benoist su creación del “GRECE” y su magna obra “ Vue de droite” (Visión
correcta), me sorprendió su conocimiento sobre los colaboradores de aquel
proyecto, hablaba sin descanso de Pier Gripari, Jean Raspail, Lucien Rebatet,
Paul Serant, Jean Benoist-Mechin y otros tantos de los que conocía obras y
escritos, no solo de “Nouvelle Ecole” sino de otras revistas y editoriales
(Copernic)
Me impresiono aquel hombre espigado, canoso y con cierta miopía que
corregía con unas gafas de cristal redondo al estilo de Brasillach. Cenamos con
otros asistentes al Simposium y después nos apartamos un poco con unos amigos
españoles y dos franceses que acompañaban a Timbaud y que pertenecían al “Groupement
National” antiguo Frente Nacional del viejo Le Pen, uno que respondía al nombre
de Mirotta había sido un viejo héroe de la guerra de Argelia después miembro de
la OAS, un verdadero “Rambo”.
Conversamos hasta el amanecer, cayeron una cuantas botellas de
champagne y vino de Oporto, creo que para mí y mi compañeros españoles fue una
reunión que no olvidaríamos nunca y que al pasar los años iríamos viendo que
las conjeturas de Coston, Benoist y otros muchos franceses estaban en lo cierto
y lo paradójico era que siendo nosotros un país dónde habíamos vencido al
comunismo en una guerra civil, estábamos más cerca de este que unos
simpatizantes franceses que habían pasado por cárceles, censuras y
prohibiciones de todo tipo, y recordé la figura y las palabras de Timbaud cuando
regresaba desde el aeropuerto de Santiago hacia Madrid: “Dejémosles sin armas,
legalicemos al delator, este mantiene el estado opresor gracias al miedo, la
injuria y la envidia, saquémosles a la luz que veamos sus caras, sepamos sus
nombres así entenderemos sus motivos y sus miserias.
(Homenaje a un hombre delatado Robert Brasillach) Filoxides de Ursalia

JEAN CAU
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