Y uno se pregunta
¿A qué socialismo invoca Sánchez? Esto es cómo llegar a acertar las conjuras de
aquellos gurús orientales cuando evocaban a una entidad superior para que se
les apareciera en momentos de aflicción. Sánchez es un ser policrómico, no tiene
líneas de continuidad sino un cabalístico enredo de ideas, conceptos y
confusiones.
¿En qué carta del
Tarot colocaríamos a Sánchez? Por su ambigüedades es difícil concretar a este
personaje en una de las 78 cartas de esta baraja, arcano mayor o arcano menor,
solo un experto en interpretar este arte adivinatorio sabría dar con la carta
justa que refleje al individuo en su faceta real.
Sánchez deambula
entre la realidad (la suya) el conocimiento (escaso) y la ambigüedad (toda)
nadie ni los más allegados entienden lo que el Jefe pretende. Puede que esta
apariencia o matiz haya sido su aval para llegar al puesto que ocupa. Será
difícil en el futuro evaluar en su justa medida al personaje pues en esto se va
convirtiendo, un personaje entre la pseudo-ficción y el encantamiento,
probablemente él piense en que es un gran estadista, puede al valorar todo lo
que le rodea, pero no lo es y en el fondo de su orgulloso corazón lo sabe,
quizás el único sitio donde la vanidad, y el engreimiento no se hayan instalado
aún.
Su manera de
llegar a liderar el partido fue compleja, un enredo para todos los que pudiesen
asistir al episodio sin orejeras, Sánchez no es un líder, él lo pretende, actúa
como si lo fuera pero no lo es, ha quedado retratado en muchas ocasiones cuando
ha pretendido estar a la altura del Rey, su Rey, pero no vale, se le nota su
incomodidad, su mediocre educación, su falta de estilo y eso que goza de buena
presencia pero se ve solo fachada, vacio, inconsistente, volátil, podría ser
cualquier cosa menos presidente de una Nación importante.
En una Europa de
mediocres podría destacar, dejar vislumbrar ese estilo del que alardea, pero no
puede, se le nota incómodo, hasta algunas veces violento, él es fuerte entre
los suyos, al fin y al cabo él los ha colocado en sus cargos y estos le deben
obediencia además del natural agradecimiento, pero esperemos a que el barco
comience a hacer aguas para asistir a la desbandada de ratas por cubierta.
Sánchez es un
mentiroso patológico, necesita el reconocimiento rápido, al momento, se adapta
a las circunstancias si estas le reportan un beneficio inmediato, no le importa
el posterior efecto de sus mentiras, cree que estas se olvidan o lo que es peor
es él quien las olvida, no le importa atacar desde la oposición de una manera
vehemente y luego ese impulso, esa viveza irreflexiva la reprende cuando va en
su contra desde el poder.
Creo que a Sánchez
le hubiera gustado ser un Nasser o un Mussolini, poder soltar sus diatribas dialécticas
en un grandioso foro, ante miles de entusiastas seguidores, eso sería alcanzar
la gloria para este Dictador en ciernes, Sánchez se admira a si mismo y esto
más tarde o más pronto será su hecatombe, el “sanchismo” no dejará fruto
alguno, será un interregno en la historia política de España.
Filoxides el Crítico


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