domingo, 10 de marzo de 2019

Los Gili-Igualitaristas



He de reconocer que los acontecimientos me superan, nunca pude llegar a pensar que el cretinismo podría llegar a imponerse sobre el sentido común de una manera tan sencilla.
Pero esto es así y a uno solo le cabe observarlo desde el escepticismo y el rechazo.
Nunca en los casi setenta años que voy a cumplir me pude imaginar que tantos pudieran caer en la trampa de tan pocos; esto ha ocurrido siempre me podéis decir y no os lo voy a negar pero nunca tan abiertamente.
Hoy se escucha hasta la saciedad el sustantivo igualdad, igualdad ante la Ley, igualdad ante esto o lo otro. Desde la Revolución Francesa no se ha repetido esta palabra tantas veces y con tan poco sentido.
Si uno es capaz de quitarse el arnés de lo obligatoriamente correcto y se atreviera sin cortapisa alguna, moral o religiosa y menos aún “modernista”, podía fijarse en aquellos ejemplos que nos da la Naturaleza, por ejemplo una camada, al poco de nacer vemos como los cachorrillos van demostrando características diferentes, los cría la misma madre con las mismas ubres pero ellos son distintos y según crecen lo son aún más.
Hoy se pretende la igualdad no como un derecho pues ese derecho lo pervertimos cuando privamos a otros de entrar en el club de los iguales a causa de sus ideas, o sea somos iguales solo con los nuestros.
¿Y de los derechos, qué? También aquí todos tenemos los mismos derechos, es decir la igualdad va unida a los derechos que estas personas (curioso que “personas” sea femenino y nadie haya protestado por ello) reclaman paridad en todos los órdenes, es decir rechazar de antemano la valía y la excelencia pues es imposible pensar que al igualar se supera el valor de lo conseguido, la nota media lógicamente baja.
Pero esto da igual a los nuevos gurús que han tomado las riendas de la carreta, reescribamos la historia si es necesario, o pongamos un punto y aparte desde una fecha determinada ¿Cuál? Desde que estos irrumpieron en la sociedad.
Desde repartir lo que no tienen, hasta desdecirse sin recato alguno. Los nuevos gurús de la igualdad trastocan todo, lo confunden y hasta crean un lenguaje nuevo, se escudan en las nuevas tecnologías  para permitir que un lenguaje ramplón y  soez mediante una gramática alterada inunde de soflamas incendiarias estos medios.
Lo curioso es que los mismos que piden la castración de un violador, se agiten ante la “represión” policial y la intervención de los jueces en algunos casos o secunden a los que no han respetado la vida de sus oponentes políticos. O aquellos que agitan la causa del progresismo obligando a que empresas y autoridades den trabajo a disminuidos físicos o mentales, cosa muy digna por cierto, defiendan la “libertad” de poder cortar la vida de un nonato.
Bajo la tan manida frase de “soy la dueña de mi cuerpo” se creen en el “derecho” de cortar los derechos del que no ha pedido venir a este mundo. Esta es una de las muchas contradicciones que entretienen a los gili-igualitarios.
Veremos más alteraciones de la verdad pues es cierto que al igual que se asciende por la escalera de la ciencia y la tecnología, nos despeñamos por la cuesta de la estupidez y el cretinismo y aunque pretendamos desde nuestra atalaya diferenciar lo uno de lo otro, la oleada de la mediocridad y el borreguísmo nos pasará por encima.

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