He de reconocer que los acontecimientos me superan, nunca pude llegar
a pensar que el cretinismo podría llegar a imponerse sobre el sentido común de
una manera tan sencilla.
Pero esto es así y a uno solo le cabe observarlo desde el escepticismo
y el rechazo.
Nunca en los casi setenta años que voy a cumplir me pude imaginar que
tantos pudieran caer en la trampa de tan pocos; esto ha ocurrido siempre me
podéis decir y no os lo voy a negar pero nunca tan abiertamente.
Hoy se escucha hasta la saciedad el sustantivo igualdad, igualdad ante
la Ley, igualdad ante esto o lo otro. Desde la Revolución Francesa no se ha
repetido esta palabra tantas veces y con tan poco sentido.
Si uno es capaz de quitarse el arnés de lo obligatoriamente correcto y
se atreviera sin cortapisa alguna, moral o religiosa y menos aún “modernista”,
podía fijarse en aquellos ejemplos que nos da la Naturaleza, por ejemplo una
camada, al poco de nacer vemos como los cachorrillos van demostrando
características diferentes, los cría la misma madre con las mismas ubres pero
ellos son distintos y según crecen lo son aún más.
Hoy se pretende la igualdad no como un derecho pues ese derecho lo
pervertimos cuando privamos a otros de entrar en el club de los iguales a causa
de sus ideas, o sea somos iguales solo con los nuestros.
¿Y de los derechos, qué? También aquí todos tenemos los mismos
derechos, es decir la igualdad va unida a los derechos que estas personas
(curioso que “personas” sea femenino y nadie haya protestado por ello) reclaman
paridad en todos los órdenes, es decir rechazar de antemano la valía y la
excelencia pues es imposible pensar que al igualar se supera el valor de lo
conseguido, la nota media lógicamente baja.
Pero esto da igual a los nuevos gurús que han tomado las riendas de la
carreta, reescribamos la historia si es necesario, o pongamos un punto y aparte
desde una fecha determinada ¿Cuál? Desde que estos irrumpieron en la sociedad.
Desde repartir lo que no tienen, hasta desdecirse sin recato alguno.
Los nuevos gurús de la igualdad trastocan todo, lo confunden y hasta crean un
lenguaje nuevo, se escudan en las nuevas tecnologías para permitir que un lenguaje ramplón y soez mediante una gramática alterada inunde de
soflamas incendiarias estos medios.
Lo curioso es que los mismos que piden la castración de un violador,
se agiten ante la “represión” policial y la intervención de los jueces en
algunos casos o secunden a los que no han respetado la vida de sus oponentes
políticos. O aquellos que agitan la causa del progresismo obligando a que
empresas y autoridades den trabajo a disminuidos físicos o mentales, cosa muy
digna por cierto, defiendan la “libertad” de poder cortar la vida de un nonato.
Bajo la tan manida frase de “soy la dueña de mi cuerpo” se creen en el
“derecho” de cortar los derechos del que no ha pedido venir a este mundo. Esta
es una de las muchas contradicciones que entretienen a los gili-igualitarios.
Veremos más alteraciones de la verdad pues es cierto que al igual que
se asciende por la escalera de la ciencia y la tecnología, nos despeñamos por
la cuesta de la estupidez y el cretinismo y aunque pretendamos desde nuestra
atalaya diferenciar lo uno de lo otro, la oleada de la mediocridad y el
borreguísmo nos pasará por encima.
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