lunes, 18 de febrero de 2019

Diatribas del Diablo



¿Quién anda ahí? La noche ha caído sobre el pueblo, el invierno es largo y sus noches también, las gentes duermen. ¿Quién anda ahí? En la lejanía un perro ladra y las sombras de los perezosos gatos agitan el oscuro escenario. Nadie contesta

¿Quién anda ahí, muéstrate? El silencio se hace más denso, solo lo altera el chillido agudo de la rata atrapada. El resto duerme. ¿Quién podría alterar el sueño de los agotados habitantes? ¿Acaso un ladrón?  ¿Un depravado asesino? ¿Un vigilante?

Se vuelve a escuchar un susurro ¿Quién anda ahí?. La luna apenas se muestra  entre las apretadas nubes, a lo lejos, en las afueras del pueblo una  luz tenue y lejana centellea a lo lejos ¿Serán conspiradores? ¿Asesinos? El mal arrecia en las noches tortuosas del invierno.

El mal no duerme no se puede permitir esa licencia ¿Acaso duerme el avaro? No puede debe estar pendiente de sus bienes y riquezas.¿ Duerme el criminal? ¡No, no puede! tiene que estar maquinando su fechoría.¿ Duerme el enamorado o la enamorada? Tampoco, su pasión se desata en la noche y amaina recién amanecido el día, ¿Duerme el buen padre que está pendiente de la salud de su prole?, ¿Duerme el abuelo desdentado temiendo no despertar jamás?. ¿Duerme la vieja beata temiendo no ver a Dios nunca?

Entonces.... ¿Quién duerme en la larga y fría noche de invierno?

¡¡El Diablo!!, ese granuja duerme a pierna suelta, no rinde cuentas a nadie, el mal convive en él y el bien no le molesta, es feliz, sabe tanto sobre el mundo que la felicidad le embarga.

Sabe del dolor del enfermo y no lo evita, de las ansias del facineroso y le deja hacer, de la perversión de los monjes, de la lujuria del clero, de la ruindad de los poderosos y los pecados de sus mujeres y eso le tranquiliza al máximo

¿Quién puede perturbar esa felicidad? ¿Y quién alterará su plácido sueño? He ahí el silencio, nadie osa molestar al viejo Lucifer, Él mantiene con vida el pueblo, el temor a su magnífica figura llena capillas, sacristías y tabernas, las alcahuetas le imploran en escondido aquelarre, su ignorancia las engaña, confundirían a Dios y al Demonio sin darse cuenta. El desaprensivo le ignora aunque en su interior le tiene un temor mortal. Los creyentes clavan crucifijos en sus puertas por encima de la aldaba para protegerse de Él como si esto pudiera impedir que su escurridiza silueta no entrase por dónde pluguiera. Y los orates le evocan, faltos de fe y de creencias.

¿Quién anda ahí? Y las primeras luces van apareciendo.


Filoxides de Ursalia

No hay comentarios:

Publicar un comentario