¿Quién anda ahí? La noche ha caído sobre el pueblo, el invierno es largo y
sus noches también, las gentes duermen. ¿Quién anda ahí? En la lejanía un perro
ladra y las sombras de los perezosos gatos agitan el oscuro escenario. Nadie
contesta
¿Quién anda ahí, muéstrate? El silencio se hace más denso, solo lo altera
el chillido agudo de la rata atrapada. El resto duerme. ¿Quién podría alterar
el sueño de los agotados habitantes? ¿Acaso un ladrón? ¿Un depravado asesino? ¿Un vigilante?
Se vuelve a escuchar un susurro ¿Quién anda ahí?. La luna apenas se muestra
entre las apretadas nubes, a lo lejos,
en las afueras del pueblo una luz tenue
y lejana centellea a lo lejos ¿Serán conspiradores? ¿Asesinos? El mal arrecia
en las noches tortuosas del invierno.
El mal no duerme no se puede permitir esa licencia ¿Acaso duerme el avaro?
No puede debe estar pendiente de sus bienes y riquezas.¿ Duerme el criminal?
¡No, no puede! tiene que estar maquinando su fechoría.¿ Duerme el enamorado o
la enamorada? Tampoco, su pasión se desata en la noche y amaina recién
amanecido el día, ¿Duerme el buen padre que está pendiente de la salud de su
prole?, ¿Duerme el abuelo desdentado temiendo no despertar jamás?. ¿Duerme la
vieja beata temiendo no ver a Dios nunca?
Entonces.... ¿Quién duerme en la larga y fría noche de invierno?
¡¡El Diablo!!, ese granuja duerme a pierna suelta, no rinde cuentas a
nadie, el mal convive en él y el bien no le molesta, es feliz, sabe tanto sobre
el mundo que la felicidad le embarga.
Sabe del dolor del enfermo y no lo evita, de las ansias del facineroso y le
deja hacer, de la perversión de los monjes, de la lujuria del clero, de la
ruindad de los poderosos y los pecados de sus mujeres y eso le tranquiliza al
máximo
¿Quién puede perturbar esa felicidad? ¿Y quién alterará su plácido sueño?
He ahí el silencio, nadie osa molestar al viejo Lucifer, Él mantiene con vida
el pueblo, el temor a su magnífica figura llena capillas, sacristías y
tabernas, las alcahuetas le imploran en escondido aquelarre, su ignorancia las
engaña, confundirían a Dios y al Demonio sin darse cuenta. El desaprensivo le
ignora aunque en su interior le tiene un temor mortal. Los creyentes clavan
crucifijos en sus puertas por encima de la aldaba para protegerse de Él como si
esto pudiera impedir que su escurridiza silueta no entrase por dónde pluguiera.
Y los orates le evocan, faltos de fe y de creencias.
¿Quién anda ahí? Y las primeras luces van apareciendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario