viernes, 15 de marzo de 2019

LAS ELECCIONES SE ACERCAN.



Ahora próximos a una nuevas elecciones conviene que reflexionemos un poco. Lo suficiente como para equivocarnos lo menos posible (acertar es tarea imposible) a la hora de tomar la decisión de elegir entre unos candidatos u otros.
Dicen los políticos que el pueblo es maduro para elegir con responsabilidad y conocimiento ¿Lo creen de verdad? Yo pienso que no, si fuera así solo necesitarían exponer sus propuestas en una gacetilla o en otro medio y dejar que el día de las votaciones llegara.
Ahora bien. ¿A qué viene taladrar el cerebro humano con infinidad de horas de propaganda, mítines, debates, apariciones televisivas y manifestaciones? ¿Es que no confían en el pueblo, al que dicen ser el garante de la democracia, y se le debe “inducir” por la vía correcta?
Acaso este mismo pueblo al que se le pide el voto no es el mismo al que una vez conseguido el éxito en las urnas se le deja a un lado a la hora de pactar, negociar y hasta rendirse a las exigencias de otros solamente para gobernar.
No fue el Gobierno del Terror en la Revolución Francesa el  que como paladín del pueblo guillotinó a todo aquél al que no comulgaba con sus ideales de igualdad y fraternidad, lo de libertad nunca estuvo en su hoja de ruta.
Hoy día el nivel de honestidad de nuestros políticos no está muy claro, siendo bastante magnánimo con ellos, más bien podríamos decir que es una virtud que ha desaparecido entre los de su clase. A falta de esta virtud es preciso detectar en ellos alguna otra que supla de una manera similar a ella. ¿Cuál, honradez? Los hechos actuales no demuestran que esta sea la norma general.
Entonces uno se pregunta ¿Qué valores o virtudes debe uno tener en cuenta a la hora de votar? Los más ingenuos, los que enarbolan el estandarte de la progresía afirman que se debe votar aquél que nos promete derechos y libertades a bajo coste. Los otros los menos liberticidas se adhieren a los que garantizan seguridad y orden.
Ni los unos ni los otros (hunos y hotros en palabras de Unamuno) serán capaces de cumplir sus propuestas, la Historia así no nos lo demuestra.
El Gobierno del Terror pretendió repartir las riquezas de los nobles entre el pueblo ¿Lo hizo? ¡No! Pero se llevó por delante a una clase entera de ciudadanos para dar el poder a una emergente y envidiosa clase social ¡el burgués!.
Uno se pregunta cuantas revoluciones en nombre del pueblo ha habido pero sin el pueblo, cuantas dictaduras se han implantado con el fin de acabar con una monarquía o con otro tipo de gobierno absolutista y se han convertido en el peor de los opresores.
La mayoría de los partidos políticos defienden postulados que muchas veces repudian solo por el hecho de satisfacer la “demanda” es decir a aquellos movimientos “espontáneos” que surgen de vez en cuando para desestabilizar a la Nación sin más objetivo que el de llenar las calles de utópicas pretensiones o de ideas extravagantes.
Del Mayo del 69, de aquel movimiento que se justificaba en un principio como el redentor de los pueblos oprimidos por la guerra, léase Vietnam, se le acabó la gasolina ante las guerras o revoluciones de los otros, es decir de los que habían financiado a los instigadores de la revolución.
Pero no hemos de irnos más allá de nuestras fronteras. ETA definió su lucha armada como un acto de repulsa y liberación contra un dictador que oprimía al pueblo vasco, el dictador murió y ETA siguió matando.
¿Qué fines espurios buscan los “libertadores”? ¿Y cuáles son en el fondo los intereses de los actuales partidos?
Podemos a la izquierda y Ciudadanos a la derecha pretendían abrir las ventanas de la política para que entrara aire fresco, renovador, limpio, un aire de renovación al estilo de los regeneracionistas de principios del XX, pero sin la infundía de un Sagasta o un Silvela o el tufillo masónico de Lerroux. Ambos partidos personificados por sus presidentes no han dado la talla, uno se ha perdido entre la demagogia, las divisiones internas y sus múltiples contradicciones. El otro representa, al menos hasta ahora, la imagen del que pacta con quien sea con tal de obtener ciertas cuotas de poder.
Después tenemos a los dos clásicos de nuestra democracia, socialistas y conservadores (aunque ellos no lo quieran), hasta ahora se han ido alternando en el poder al igual que en su día liberales y conservadores (Sagasta y Cánovas) pero con los peligros de siempre: el inmovilismo de la derecha y el destructivismo de la izquierda.
La cuestión estriba en la valoración de sus dirigentes. Tanto unos como otros carecen de liderazgo, al menos a mí me lo parece y creo que no estoy muy desacertado cuando se escucha voces de personas ajenas al devenir político pero que por su enjundia y saber saben de qué hablan.
Pero no solo está el mal aquí ¡No! ¿Quién rellena las listas electorales? ¿Dónde se manifiesta el valor o el saber de esas personas? ¿Por qué debe mandar la paridad sobre la excelencia? Esto último define a las claras la manipulación de la democracia. Nadie está en contra de que aquellas mujeres que destaquen en la faceta política estén representadas en tal o cual porcentaje sino que lo estén por su valía y no por cuota.
Por ello vemos en el hemiciclo un nivel intelectual tan bajo, tanto que a veces resulta más bien un corral de verbenas que el epicentro de la vida política nacional.
Esto es el resultante de que al intentar contentar a tantos se olviden casi todos de la esencia por la que se postulan a dirigir el país. Olvidan cosas tan simples como familia, seguridad, obligaciones y otras igual de importantes y que forman un cúmulo de valores que estos “dirigentes” consideran trasnochados.
De ahí el nacimiento de movimientos considerados retrogrados o ultra conservadores, no hay que ser un experto analista para ver el resultante de la inacción u olvido de lo elemental de los partidos clásicos lo que ha propiciado la aparición primero de movimientos populistas, feministas, gays, etc. Siempre bajo la protección de la izquierda más radical lo cual siempre lleva a reacción contraria y mientras en los foros internacionales se hacían eco de que era España el único país de Europa dónde el virus del extremismo de derechas estaba aniquilado, surge de la noche a la mañana un banderín de enganche para todos aquellos hastiados de una corrupción a todos los niveles de la política y de los políticos.
¿Adónde, nos llevará esto? Es difícil pronosticar lo que puede suceder en los próximos años pero la inmigración incontrolada, los excesos en la ayuda a estos a costa de los recortes de la Sanidad Pública, la adaptación de las escuelas a las costumbres de los extranjeros, el aumento de impuestos para sostener todo este aparato, la radicalización de las autonomías, el excesivo gasto público, la falta de empleo y de oportunidades y una larga lista de necesidades que se ven recortadas ante la falta de acción de nuestros políticos de uno u otro lado puede que fuerce al ciudadano a dar un giro inesperado que sorprenda a analíticos y expertos sociólogos.
Filoxides el Crítico.

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