jueves, 24 de mayo de 2018

El regreso de Anselmo


Recibir la visita de un viejo amigo siempre es agradable y más si hace casi una decena de años que no nos veíamos.

Anselmo, así es como se llama mi amigo, Anselmo sin más. Dice el muy bribón que los apellidos se le han ido olvidando con el paso de los años y solo hace uso de ellos si se ve en la obligación de enseñar el carnet de identidad o el pasaporte por alguna necesidad.

Nos conocimos hace más de cuarenta años, casi una vida y por circunstancias de esta nos hemos separado muchas veces por diferentes razones, la principal el trabajo y después la familia ya que yo llevo casado muchos años y Anselmo todavía hace gala de una bien llevada soltería.

Viejo soñador, pretendía cambiar el mundo él solo, probablemente en aquellos años yo también lo pensaba y muchos jóvenes como nosotros, luego la vida te va marcando senderos muy diferentes de los que pensabas ollar por aquellos años.

Viajero infatigable, ha recorrido una buena parte del mundo que yo sepa, antaño en una vieja furgoneta que abandono en Karachi allá por los años noventa, luego en tren su gran aliado, de él suele decir que es una casa rodante llena de vecinos.

De siempre ha tenido una facilidad enorme para defenderse en cualquier idioma, y hacerse entender, con una memoria portentosa guarda en su cabeza registros de viajes, pensiones, personas conocidas y hasta infinidad de anécdotas, unas simpáticas y agradables otras no tanto.
Ahora superados los setenta años de edad regresa buscando dónde ir dejando el vagón en vía muerta. Le gusta Guadalajara por su soledad y abandono, casi despoblada esta bellísima provincia es una desconocida para muchos y Anselmo la encuentra ideal para parar de una vez de tan frenético ajetreo.

Mientras tomamos unas cervezas me cuenta la necesidad de descansar de tanto viaje  por ello ha pensado en mí y mi retiro desde Madrid a Talamanca, él prefiere algo más tranquilo y se ha hecho con un folleto de pueblos perdidos por la sierra norte de Guadalajara que le parecen idóneos para la vida que le gusta llevar.

La vida de Anselmo es sorprendentemente interesante, echar una ojeada a su pasaporte es perderse en una jungla de sellos y siglas de todos los colores e idiomas. Algunos tan sorprendentes que me cuesta creer que haya estado por allí en ciertos momentos, cuando se lo comento se echa a reír.

Repasamos el folleto y se queda encantado con los pueblos de arquitectura negra dice que le recuerda a los pueblos indostánicos cercanos al Nepal, así que quedamos en ir de excursión los próximos días.
………………………..

Seguir una ruta marcada en el GPS le sorprende, a veces parece un niño grande que hubiera salido de casa por primera vez y todo le sorprendiera, me cuesta imaginarle por esos pueblos del Asia Central dónde ha pasado más de media vida sin más orientación que la de su olfato de viajero infatigable.

Paramos a comer en Robleluengo después de visitar Campillejo, El Espinar Roblelacasa, Almiruete y las aleas de La Vereda Matallana,  curiosamente nos encontramos en esta última con un viajero de porte anglosajón con las mismas intenciones que Anselmo, enseguida entablamos conversación con él y nos recomienda la Huerce aunque el prefiere otro tipo de pueblos, con más riqueza arquitectónica y nos cuenta que ha alquilado una casa en Atienza y nos suelta una diatriba sobre el  arte románico de la zona.

Anselmo le escucha con atención pero con cierta indiferencia, son personas muy diferentes aunque parezcan llevar trayectorias paralelas, Anselmo siempre ha querido rodearse de naturaleza, de paisajes distintos poco frecuentados por europeos y menos ingleses aunque la huella de estos esté presente en muchos de los países que ha visitado.

Después de despedirnos del inglés seguimos la ruta pero ya en dirección contraria, una suculenta cena nos espera en casa y mi mujer no perdona el retraso. Más de la mitad del camino permanecemos en silencio, Anselmo ha ido apuntando casas, números de teléfonos y señas que nos han ido dando en los pueblos visitados. Ya a pocos kilómetros de casa me dice:
He visto más pobreza y abandono que en muchos de los pueblos del Norte de la India, me entristece que se esté despoblando Castilla de una forma tan deplorable, su enorme peso en la Historia le está pasando factura, lo mismo me ocurrió al llegar a Grecia allá por los años setenta aquello me pareció un enorme cementerio de piedras blanqueadas por el sol.

Asiento con un gesto y no volvemos a hablar hasta llegar a casa.

Después de cenar y beber unas botellas de vino nos sentamos en la terraza, en casa nadie fuma y Anselmo lleva pegado a su pipa desde que tuvo uso de razón como el siempre dice. Saco una botella de coñac que reservo para las grandes ocasiones, dos copas calientes y brindamos por la vida. Ana esta un rato con nosotros pero con la excusa de recoger los platos nos deja solos.

-Bueno Anselmo cuéntame como te ha ido estos últimos años, desde que falleció tu madre y viniste al entierro no te hemos vuelto a ver y de esto han pasado casi diez años.

-Al morir mi madre se rompió el único hilo que me unía a esta tierra, si es verdad que dejaba amigos como vosotros pero era diferente, tú y Ana teníais un hijo, y vuestro perro, tú te movías por toda España por trabajo y el resto de los amigos les ocurría lo mismo. Para mí era más fácil encontrar apego en Delhi, Agra, Jaipur o cualquier otra ciudad de las que he visitado por el Norte de India o Nepal, allí llegue por primera vez en los años ochenta, era muy diferente a como es actualmente pero conserva algo de aquellos tiempos que me atrae, algo extraño que te cautiva, sus templos, su pobreza y sus contradicciones, pero para una persona algo extravagante como yo es el lugar ideal, luego con la apertura política he visitado China, Camboya o Vietnam, he visto las secuelas que la guerra ha dejado y no solo la guerra sino la estupidez humana, he estado en el Japón otro país lleno de contradicciones pero exultante en cuanto a bellos paisajes, sorprendentes palacios, agua por doquier pero no soportaba al japonés, digamos que es una mezcla entre taoísmo y Mac Donalds, su excitación me apabullaba, son hormigas laboriosas y algo excéntricas, me prometí no volver, así que regresé a la Región del Uttar Pradehs a una aldeíta llamada Jaypar pegada a la frontera con Nepal, allí tenía algo especial, no lo puedo explicar pero me parecía el paraíso, los viejos me hablaban de aventureros europeos que habían pasado por allí, de invasiones mogolas, hasta un viejo chaman dice haber conocido a  un descendiente de Alejandro Magno. Ellos no tienen constancia de las fechas y solo existe el pasado de forma única, lo actual o el quehacer diario y la posibilidad de volver a ver el sol el próximo día, pero sin alarmarse si algo de esto se pueda truncar.

- ¿Y…como cambiar esas tierras por estas?

-Ya nada es igual allí, y te voy a decir un secreto La India ha ido resistiendo la amenaza de la globalización al menos en el Norte, Nueva Delhi es una ciudad burocrática y funcionarial pero el resto del Norte vive alejado de la industria, del desarrollo comercial y del interés de las multinacionales pero sobre todo de la mayor amenaza que llega arrasando costumbres, modos de vida y convivencia: las oneges.

-Esto me desconcierta.

-Si mi querido amigo son peores que los misioneros, pretenden cambiar la vida de millones de personas y acomodarlas a un tipo de existencia que ellos no quieren pero que al final sucumben a esto. Por ponerte un simple ejemplo en mi aldea y las cuatro o cinco que conforman la comarca el cultivo de algodón, maíz, arroz y mijo no faltaba y se  comida, la gente vivía felíz ,el gobierno había facilitado grano y semillas el hambre había desaparecido de estas tierras, curiosamente el control de la natalidad se había adaptado a las necesidades de sus habitantes, no te das cuenta lo que la madre naturaleza hace cuando no interviene la mano del hombre. No he visto un caso de cáncer, la visión de los ancianos es sorprendente, su dentadura se mantiene blanca y firme casi hasta la muerte, todo allí es algo distinto, pero poco a poco de una manera sibilina nos vamos introduciendo en sus costumbres modificándolas, alterándolas, cuando llegué allí  las mujeres utilizaban tanto los sarís, los peikot y salwars en colores vivos con el tilak pintado en la frente según su condición y la mayoría de los hombres vestían el kurta, ahora cuando deje la región las camisetas fabricadas en Calcuta o en la China con el escudo de un equipo de futbol con el nombre de una de sus estrellas en la espalda o las gorras de beisbol con grabados de distintas franquicias yankees con dibujos de enormes autos, motocicletas o aviones es lo natural. Comian arroz y bebían leche de cabra, ahora les vacunan, les inoculan enfermedades que nunca han tenido y que no tendrían si no las hubiéramos llevado nosotros, les regalan ropa occidental y zapatos que les destrozan los pies.

- Es el progreso, querido amigo.

-¡No, que va! Es el aborregamiento en el que se ha unificado la humanidad entera, he visto poblados al sur del Niger dónde no tienen agua corriente pero llevan equipaciones de equipos europeos. Esta pobre gente era feliz antes de que la televisión les alcanzara, ahora solo piensan en llegar a Europa para poder tener una cocina inmensa, un coche enorme, una casa con jardín de las que salen en la tele y luego se encuentran con el paro, la miseria, el gueto, la droga y mucha misería, más de la que tenían en su poblado. No hay una sola fábrica de armas en el África negra pero cualquier mojigato lleva colgado del hombro un kalasnikov o una Uzi. Con ello consiguen comida amenazando a los pobres labriegos o a sus propios padres. La India es diferente por ahora pero esta invasión va ocurriendo poco a poco.

-Y…. ¿Por qué Guadalajara?

-No lo se…. Pero creo que su soledad me hará bien en estos momentos. Es hora de echar raíces y mejor mi tierra que al otro lado del globo.

Nos tomamos la última copa y vamos a dormir. Anselmo es un hombre distinto a los que he conocido hasta ahora, vive el mundo como un espectador, ha recorrido mucho para tener una opinión real no sesgada por intereses u opiniones, él ha visto la vida dónde nace y dónde la muerte es simplemente un paso más, ahora dormiremos un poco y mañana seguiremos buscando un lugar en Guadalajara dónde pueda hacer balance de sus existencia.
Filoxides el Crítico

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