Recibir la visita de un viejo amigo siempre es
agradable y más si hace casi una decena de años que no nos veíamos.
Anselmo, así es como se llama mi amigo, Anselmo sin
más. Dice el muy bribón que los apellidos se le han ido olvidando con el paso
de los años y solo hace uso de ellos si se ve en la obligación de enseñar el
carnet de identidad o el pasaporte por alguna necesidad.
Nos conocimos hace más de cuarenta años, casi una
vida y por circunstancias de esta nos hemos separado muchas veces por
diferentes razones, la principal el trabajo y después la familia ya que yo
llevo casado muchos años y Anselmo todavía hace gala de una bien llevada
soltería.
Viejo soñador, pretendía cambiar el mundo él solo,
probablemente en aquellos años yo también lo pensaba y muchos jóvenes como
nosotros, luego la vida te va marcando senderos muy diferentes de los que
pensabas ollar por aquellos años.
Viajero infatigable, ha recorrido una buena parte
del mundo que yo sepa, antaño en una vieja furgoneta que abandono en Karachi
allá por los años noventa, luego en tren su gran aliado, de él suele decir que
es una casa rodante llena de vecinos.
De siempre ha tenido una facilidad enorme para
defenderse en cualquier idioma, y hacerse entender, con una memoria portentosa
guarda en su cabeza registros de viajes, pensiones, personas conocidas y hasta
infinidad de anécdotas, unas simpáticas y agradables otras no tanto.
Ahora superados los setenta años de edad regresa
buscando dónde ir dejando el vagón en vía muerta. Le gusta Guadalajara por su
soledad y abandono, casi despoblada esta bellísima provincia es una desconocida
para muchos y Anselmo la encuentra ideal para parar de una vez de tan frenético
ajetreo.
Mientras tomamos unas cervezas me cuenta la
necesidad de descansar de tanto viaje
por ello ha pensado en mí y mi retiro desde Madrid a Talamanca, él
prefiere algo más tranquilo y se ha hecho con un folleto de pueblos perdidos
por la sierra norte de Guadalajara que le parecen idóneos para la vida que le
gusta llevar.
La vida de Anselmo es sorprendentemente interesante,
echar una ojeada a su pasaporte es perderse en una jungla de sellos y siglas de
todos los colores e idiomas. Algunos tan sorprendentes que me cuesta creer que
haya estado por allí en ciertos momentos, cuando se lo comento se echa a reír.
Repasamos el folleto y se queda encantado con los
pueblos de arquitectura negra dice que le recuerda a los pueblos indostánicos
cercanos al Nepal, así que quedamos en ir de excursión los próximos días.
………………………..
Seguir una ruta marcada en el GPS le sorprende, a
veces parece un niño grande que hubiera salido de casa por primera vez y todo
le sorprendiera, me cuesta imaginarle por esos pueblos del Asia Central dónde
ha pasado más de media vida sin más orientación que la de su olfato de viajero
infatigable.
Paramos a comer en Robleluengo después de visitar
Campillejo, El Espinar Roblelacasa, Almiruete y las aleas de La Vereda
Matallana, curiosamente nos encontramos
en esta última con un viajero de porte anglosajón con las mismas intenciones
que Anselmo, enseguida entablamos conversación con él y nos recomienda la
Huerce aunque el prefiere otro tipo de pueblos, con más riqueza arquitectónica
y nos cuenta que ha alquilado una casa en Atienza y nos suelta una diatriba
sobre el arte románico de la zona.
Anselmo le escucha con atención pero con cierta
indiferencia, son personas muy diferentes aunque parezcan llevar trayectorias
paralelas, Anselmo siempre ha querido rodearse de naturaleza, de paisajes
distintos poco frecuentados por europeos y menos ingleses aunque la huella de
estos esté presente en muchos de los países que ha visitado.
Después de despedirnos del inglés seguimos la ruta
pero ya en dirección contraria, una suculenta cena nos espera en casa y mi
mujer no perdona el retraso. Más de la mitad del camino permanecemos en
silencio, Anselmo ha ido apuntando casas, números de teléfonos y señas que nos
han ido dando en los pueblos visitados. Ya a pocos kilómetros de casa me dice:
He visto más pobreza y abandono que en muchos de los
pueblos del Norte de la India, me entristece que se esté despoblando Castilla
de una forma tan deplorable, su enorme peso en la Historia le está pasando
factura, lo mismo me ocurrió al llegar a Grecia allá por los años setenta
aquello me pareció un enorme cementerio de piedras blanqueadas por el sol.
Asiento con un gesto y no volvemos a hablar hasta
llegar a casa.
Después de cenar y beber unas botellas de vino nos
sentamos en la terraza, en casa nadie fuma y Anselmo lleva pegado a su pipa
desde que tuvo uso de razón como el siempre dice. Saco una botella de coñac que
reservo para las grandes ocasiones, dos copas calientes y brindamos por la
vida. Ana esta un rato con nosotros pero con la excusa de recoger los platos
nos deja solos.
-Bueno Anselmo cuéntame como te ha ido estos últimos
años, desde que falleció tu madre y viniste al entierro no te hemos vuelto a
ver y de esto han pasado casi diez años.
-Al morir mi madre se rompió el único hilo que me
unía a esta tierra, si es verdad que dejaba amigos como vosotros pero era
diferente, tú y Ana teníais un hijo, y vuestro perro, tú te movías por toda
España por trabajo y el resto de los amigos les ocurría lo mismo. Para mí era
más fácil encontrar apego en Delhi, Agra, Jaipur o cualquier otra ciudad de las
que he visitado por el Norte de India o Nepal, allí llegue por primera vez en
los años ochenta, era muy diferente a como es actualmente pero conserva algo de
aquellos tiempos que me atrae, algo extraño que te cautiva, sus templos, su
pobreza y sus contradicciones, pero para una persona algo extravagante como yo
es el lugar ideal, luego con la apertura política he visitado China, Camboya o
Vietnam, he visto las secuelas que la guerra ha dejado y no solo la guerra sino
la estupidez humana, he estado en el Japón otro país lleno de contradicciones
pero exultante en cuanto a bellos paisajes, sorprendentes palacios, agua por
doquier pero no soportaba al japonés, digamos que es una mezcla entre taoísmo y
Mac Donalds, su excitación me apabullaba, son hormigas laboriosas y algo
excéntricas, me prometí no volver, así que regresé a la Región del Uttar
Pradehs a una aldeíta llamada Jaypar pegada a la frontera con Nepal, allí tenía
algo especial, no lo puedo explicar pero me parecía el paraíso, los viejos me
hablaban de aventureros europeos que habían pasado por allí, de invasiones
mogolas, hasta un viejo chaman dice haber conocido a un descendiente de Alejandro Magno. Ellos no
tienen constancia de las fechas y solo existe el pasado de forma única, lo
actual o el quehacer diario y la posibilidad de volver a ver el sol el próximo
día, pero sin alarmarse si algo de esto se pueda truncar.
- ¿Y…como cambiar esas tierras por estas?
-Ya nada es igual allí, y te voy a decir un secreto
La India ha ido resistiendo la amenaza de la globalización al menos en el
Norte, Nueva Delhi es una ciudad burocrática y funcionarial pero el resto del
Norte vive alejado de la industria, del desarrollo comercial y del interés de
las multinacionales pero sobre todo de la mayor amenaza que llega arrasando
costumbres, modos de vida y convivencia: las oneges.
-Esto me desconcierta.
-Si mi querido amigo son peores que los misioneros,
pretenden cambiar la vida de millones de personas y acomodarlas a un tipo de
existencia que ellos no quieren pero que al final sucumben a esto. Por ponerte
un simple ejemplo en mi aldea y las cuatro o cinco que conforman la comarca el
cultivo de algodón, maíz, arroz y mijo no faltaba y se comida, la gente vivía felíz
,el gobierno había facilitado grano y semillas el hambre había desaparecido de
estas tierras, curiosamente el control de la natalidad se había adaptado a las
necesidades de sus habitantes, no te das cuenta lo que la madre naturaleza hace
cuando no interviene la mano del hombre. No he visto un caso de cáncer, la
visión de los ancianos es sorprendente, su dentadura se mantiene blanca y firme
casi hasta la muerte, todo allí es algo distinto, pero poco a poco de una
manera sibilina nos vamos introduciendo en sus costumbres modificándolas,
alterándolas, cuando llegué allí las
mujeres utilizaban tanto los sarís, los peikot y salwars en colores vivos con
el tilak pintado en la frente según su condición y la mayoría de los hombres
vestían el kurta, ahora cuando deje la región las camisetas fabricadas en
Calcuta o en la China con el escudo de un equipo de futbol con el nombre de una
de sus estrellas en la espalda o las gorras de beisbol con grabados de
distintas franquicias yankees con dibujos de enormes autos, motocicletas o
aviones es lo natural. Comian arroz y bebían leche de cabra, ahora les vacunan,
les inoculan enfermedades que nunca han tenido y que no tendrían si no las hubiéramos
llevado nosotros, les regalan ropa occidental y zapatos que les destrozan los
pies.
- Es el progreso, querido amigo.
-¡No, que va! Es el aborregamiento en el que se ha
unificado la humanidad entera, he visto poblados al sur del Niger dónde no
tienen agua corriente pero llevan equipaciones de equipos europeos. Esta pobre
gente era feliz antes de que la televisión les alcanzara, ahora solo piensan en
llegar a Europa para poder tener una cocina inmensa, un coche enorme, una casa
con jardín de las que salen en la tele y luego se encuentran con el paro, la miseria,
el gueto, la droga y mucha misería, más de la que tenían en su poblado. No hay
una sola fábrica de armas en el África negra pero cualquier mojigato lleva
colgado del hombro un kalasnikov o una Uzi. Con ello consiguen comida
amenazando a los pobres labriegos o a sus propios padres. La India es diferente
por ahora pero esta invasión va ocurriendo poco a poco.
-Y…. ¿Por qué Guadalajara?
-No lo se…. Pero creo que su soledad me hará bien en
estos momentos. Es hora de echar raíces y mejor mi tierra que al otro lado del
globo.
Nos tomamos la última copa y vamos a dormir. Anselmo
es un hombre distinto a los que he conocido hasta ahora, vive el mundo como un
espectador, ha recorrido mucho para tener una opinión real no sesgada por
intereses u opiniones, él ha visto la vida dónde nace y dónde la muerte es
simplemente un paso más, ahora dormiremos un poco y mañana seguiremos buscando
un lugar en Guadalajara dónde pueda hacer balance de sus existencia.
Filoxides
el Crítico
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