viernes, 4 de mayo de 2018

Abelio y el dolmen (3)


-¿Qué ha ocurrido, le ha pasado algo grave a Alberto?

-¿Este quién es?

Le pregunta a Abelio mientras me dirige una mirada de desprecio. Acabo de conocerle y este tipo ya me cae mal, me resulta un pedante altanero y mal educado.

-Es un amigo que está aquí de visita.

¿Ha estado esta mañana contigo?

-Claro, por supuesto, hemos estado en el dolmen de Soto. ¿Por qué?

-Nada, se viene también con nosotros, vamos al maldito dolmen.

Salimos de la biblioteca, hace un calor terrible, se nota que se aproxima una tormenta pero a pesar de ello la gente del vecindario se para curiosa a ver qué es lo que está pasando.

Los dos números de la Guardia civil nos invitan a que subamos a un jeep mientras el odioso Antonio se monta en un coche gris dónde un chofer le estaba aguardando. Salimos camino del dolmen nuevamente.

Al llegar a la finca hay otros dos agentes más acompañando a Ángel, este parece todavía más delgado que esta mañana. Entramos todos en el dolmen, atravesamos la estrecha entrada, seguimos el tenebroso pasillo y llegamos hasta la cámara, el miedo de la visita anterior me había impedido fijarme en aquella enorme cámara de más de tres metros, una luz roja acompaña a otras más que varias personas enfundadas en unos trajes blancos se encuentran en la sala.

-¿Qué ha pasado aquí? Grita Abelio sin quitar la vista de una camilla que soporta una persona tapada excepto los pies por una sábana también blanca.

-Es Alberto, al parecer se ha suicidado o eso parece…..por ahora.

Mientras dice esto Antonio se queda fijamente mirando a Abelio y después a mí.

-¿Usted le conocía?

-No, llegue ayer a Trigueros y solo sé que era profesor y amigo de Abelio.

-Ah….ya, bien veremos que dice el forense.

Entretanto Abelio habla con el médico forense y con un sargento de la Benemérita que está al mando de la investigación.
………………………………………………
Tuve que quedarme en Trigueros dos semanas mientras concluían las investigaciones por parte de la policía judicial y de la Guardia Civil. Tanto Abelio como yo tuvimos que declarar en el Juzgado de Huelva varias veces al igual que en la Comandancia de la Guardia Civil. Al parecer el teléfono de Alberto tenía varias llamadas sin contestar, las que hizo Abelio y esto era lo único que nos relacionaba con el caso.

Cuando las pesquisas acabaron supimos que el tal Antonio era un Funcionario del Gobierno, por lo visto andaban detrás de una organización de ladrones de antigüedades que operaban por toda Andalucía Occidental y el tal Alberto estaba involucrado en la desaparición de ciertas piezas, objetos catalogados de suma importancia por su antigüedad y por su valor en sí pues muchos de ellos eran trabajos en oro y que habían ido desapareciendo poco a poco de los inventarios del Museo Arqueólogico y que Alberto con otros dos compinches, traficantes de todo lo que pudieran sacar dinero.

Al parecer Alberto quería involucrar en cierto modo a Abelio pues esperaba que este dada su autoridad en la materia negara o rebajara el valor de ciertas joyas paleolíticas que Alberto había desviado hacía su poder y que paralelamente había enviado a  Abelio mediante una agencia de transporte, que había sido requisada por la policía antes de que llegara a su destino por ello mantenían una cierta vigilancia a la casa de Abelio hasta comprobar que este no tenía nada que ver con el asunto. Rodeado por todos lados Alberto llegó a Trigueros a primera hora de la mañana se dirigió a la casa de Abelio pero no le encontró, nos habíamos marchado al dolmen, la marcha precipitada del dolmen a causa de mi ataque de pánico hizo que Alberto llegase minutos más tarde y después se suicido.

¿O le obligó a terminar su vida de un tiro el poder que irradia el dolmen?

Le hice esta misma pregunta a Abelio y me contestó enigmáticamente:

-De eso hablaremos en el próximo viaje, ahora descansa un poco y regresa a Madrid por la mañana.

Filoxides de Ursalia

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