jueves, 3 de mayo de 2018

Abelio y el dolmen


Todos los años cuando llega la primavera le hago una visita a mi buen amigo Abelio, antes aprovechaba un largo puente, pero ahora ya jubilado suelo estar más días en su casa.

El viaje es largo y me estoy planteando el irme en autocar pues el viaje en mi furgoneta ya se me hace interminable aunque en esta época el año viajar es un placer pero los achaques van pasando factura y muchas horas conduciendo se me hacen interminables y agotadoras.

Abelio vive a las afueras de Trigueros un bello y tranquilo pueblo cercano a la capital, Huelva, reside allí desde que con un grupo arqueológico visito el Dolmen de Soto y se quedo prendado por su belleza. Durante más de veinticinco años estuvo recopilando información sobre los dólmenes y menhires de la región y realizó un soberano estudio sobre estos y su influencia cultural y religiosa en todo el Occidente español.

Ahora vive retirado en una sencilla casita a las afueras del pueblo desde dónde se divisa el rio Odiel, Abelio siempre me ha dicho que el nombre del rio está relacionado con Odin y con la runa odal, de hecho en la puerta de su casa esta runa está grabada en la parte posterior de la  entrada.

El abuelo y el padre de Abelio fueron tejedores y el conoce a la perfección la profesión, de hecho hasta hace poco el mismo tejía en su vieja máquina de madera bufandas y jerséis para su uso personal. Marchó a estudiar a Alemania pues aquí la Arqueología no es muy reconocida y bastante costosa, además Abelio tiene ascendencia alemana por parte de madre, una encantadora señora que nos dejo hace ya algunos años de nombre Belisa Ketzer.

Llegó sobre las diez de la noche, le había llamado desde Zafra dónde había parado a comer algo, calculé mal pues el tráfico era intenso en estas fechas y me retrasé bastante. Abelio me esperaba sentado en un pequeño jardín a la puerta de su casa, nos saludamos efusivamente, sabía que Abelio me apreciaba mucho desde hacía años y yo le correspondía de igual forma.

Pasamos a la casa, esta era muy sencilla, el  salón daba directamente a la puerta de la calle con dos ventanales enrejados, las cosas no son como antes, me dijo Abelio, ahora te roban a cualquier hora; a un lado la puerta de la cocina, muy espaciosa con una mesa dónde podían comer seis personas holgadamente. Los dos dormitorios y el aseo con una enorme bañera estaban en la planta de arriba y detrás de la casa un patio con un pozo en una esquina, una mesa de madera con dos bancos a los lados y un viejo olivo al otro lado.

Hablamos durante horas, de mis nietos, de la vida, en fin, una charla de viejos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo.

-¿Y ahora a que te dedicas, Abelio?

-De vez en cuando visito los dólmenes de la región con un grupo de colegas, les sirvo de guía y cicerone, pero más espaciadamente cada año que pasa.

-¿Has hecho algún descubrimiento nuevo desde mi última visita?

-No! Los dueños de las fincas dónde se hayan estas reliquias del pasado saben explotarlas muy bien y luego están las autoridades locales, a las que nunca les preocupó este montón de piedras pero que a raíz de salir mi estudio sobre ellos y su influencia sobre la cultura prehistórica de la región han visto la forma de sacar dinero.

-Mañana si tienes ganas no podíamos acercar al dolmen del Soto…te parece bien??

-Bueno, pero ahora el misterio ha desaparecido, se ha convertido en un punto turístico sin más.

-Es lo que ocurre con tanto progreso, las cosas cambian y no para bien en muchos casos.

-Ahora está muy protegido, eso es verdad, pero ha perdido el encanto de lo incomprensible y misterioso, pensar que aquellos “ignorantes” pudieran acometer tamañas obras con una orientación perfecta, es totalmente imposible a los ojos del hombre actual.

Cenamos tranquilamente en el patio, la temperatura en estas fechas es muy agradable aunque según cae la noche el frescor y la humedad del río hacen que el ambiente se enfríe o dé esa sensación de frio. Tomamos un café ya en el interior de la casa y Abelio me confesó.

-Estos últimos meses he tenido la sensación de que me vigilan, no lo puedo demostrar pero siento que me observan continuamente.

-¿Has ido a la policía?

-¡ Crees que le harían caso a un pobre viejo solitario!  Aunque me encuentro muy bien en el pueblo y ya son muchos años los que llevo viviendo aquí, sigo sintiéndome forastero. Alguien me apodó Abelio el de las piedras y así me conocen en el pueblo. No creo que la policía hiciera caso a un vejete excéntrico que se pasa horas mirando piedras o escarbando en el río… no, no creo que les interese. 

-Pero…….

-Olvídalo y cambiemos de tema, creo que no te debía haber contado esto.

Abelio se puso serio, malhumorado, como si de pronto algo le hubiera venido a la mente y le contrariase. 

-Bien, mañana iremos al domen, iremos fuera de horas de visita, el guarda es amigo mío desde hace muchos años y nos dejará pasar sin ningún problema. Ahora durmamos un buen rato.
Subimos al piso superior y cada uno se dirigió a su habitación, nos despedimos con las consabidas buenas noches y a dormir.
……………………………………………

-¡¡Arriba perezoso!! Me grita Abelio mientras corre las cortinas y abre la ventana que yo había cerrado la noche anterior.

-Es hora de desayunar, te espero abajo.

Me duché tranquilamente, sin quitarle la vista a la enorme bañera que ocupaba medio aseo, al poco bajé a la cocina. Abelio estaba sacando el café y unos picatostes al patio, le ayude con el aceite y el tomate y salimos juntos. Serían las ocho de la mañana el sol entraba directamente por la puerta del patio, aquello siempre me causaba una grata impresión. Abelio se dio cuenta y se adelanto.

-Sabes que estuve dando vueltas por el pueblo hasta que encontré esta casa, está orientada al este, entra el sol justo por el centro de la puerta del patio en el solsticio de primavera, es mi dolmen particular. Cuando se oculta el sol, este señala justo la puerta de entrada, así es mi vida, soy un menhir, algo achacoso pero rocoso.

Reímos durante un rato y nos pusimos a devorar el desayuno. 

-Te voy a contar un pequeño secreto, anoche estuve a punto de decírtelo pero me despisté con mis manías persecutorias.

-Dime.
El tono de Abelio había cambiado, ahora era más solemne, como si lo que me iba a contar fuera de una importancia suma.

-Creo que esta casa está construida sobre un cementerio prehistórico. Hace unos meses tuve que llamar a unos fontaneros pues del pozo se filtraba agua a la casa, estuvieron removiendo aquí y allí, metiendo unas tuberías en fin arrasando mi pobre jardín, pero mientras descansaban a la hora del almuerzo descubrí algunas conchas, colmillos de jabalí probablemente y una punta de lanza además de una especie de cuerno o hasta de un mamífero bóvido. Llame a la la oficina de mi amigo Alberto, él trabaja en la Universidad de Cádiz y le puse al corriente de mi hallazgo, me dijo que fotografiara todo y que se lo enviase por correo certificado, que me contestaría en breve.

-Lo hizo??

- Si, a los cuatro días, me llamó por teléfono y me preguntó si me podía acercar a su despacho, así lo hice y me llevé una enorme sorpresa. Allí estaba esperándome con varias personas, una de ellas era un funcionario de la Junta de Andalucía, las otras dos eran profesores de Historia y Paleontología y un extraño individuo que se presentó como Antonio, simplemente Antonio pero que al parecer tenía cierto poder sobre los otros.

-Qué raro.

-Si, y pronto me di cuenta de mi error, no debía haber llamado a Alberto ni confiarle mi hallazgo, sabía por experiencia que mi casa en cierto modo estaba en peligro, no era la primera vez que se habían expropiado casas o fincas por hallazgos similares.

Abelio prosiguió:
-El tal Antonio se persono con dos ayudantes al día siguiente en mi casa, ahora los equipos son muy sofisticados a los que empleábamos cuando yo trabajaba en las excavaciones, se pusieron a medir el patio y tomar anotaciones en un ordenador, fotografías de aquí y de allá, recogieron las piezas que habían sacado los fontaneros y otras que había hallado yo, las clasificaron, las colocaron en unas bolsitas de plástico y me dieron un papel firmado por un juez que no podía hace ninguna reforma en la casa ni tocar el pavimento o me desahuciaban. Desde entonces es cuando creo que estoy siendo observado día y noche.

-¿Y qué vas a hacer?

-De momento nos vamos a visitar el dolmen luego ya te contaré.

Y nos fuimos.

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