Todos los años cuando llega la primavera le hago una visita a mi buen
amigo Abelio, antes aprovechaba un largo puente, pero ahora ya jubilado suelo
estar más días en su casa.
El viaje es largo y me estoy planteando el irme en autocar pues el
viaje en mi furgoneta ya se me hace interminable aunque en esta época el año
viajar es un placer pero los achaques van pasando factura y muchas horas
conduciendo se me hacen interminables y agotadoras.
Abelio vive a las afueras de Trigueros un bello y tranquilo pueblo
cercano a la capital, Huelva, reside allí desde que con un grupo arqueológico
visito el Dolmen de Soto y se quedo prendado por su belleza. Durante más de
veinticinco años estuvo recopilando información sobre los dólmenes y menhires
de la región y realizó un soberano estudio sobre estos y su influencia cultural
y religiosa en todo el Occidente español.
Ahora vive retirado en una sencilla casita a las afueras del pueblo
desde dónde se divisa el rio Odiel, Abelio siempre me ha dicho que el nombre
del rio está relacionado con Odin y con la runa odal, de hecho en la puerta de
su casa esta runa está grabada en la parte posterior de la entrada.
El abuelo y el padre de Abelio fueron tejedores y el conoce a la
perfección la profesión, de hecho hasta hace poco el mismo tejía en su vieja
máquina de madera bufandas y jerséis para su uso personal. Marchó a estudiar a
Alemania pues aquí la Arqueología no es muy reconocida y bastante costosa,
además Abelio tiene ascendencia alemana por parte de madre, una encantadora señora
que nos dejo hace ya algunos años de nombre Belisa Ketzer.
Llegó sobre las diez de la noche, le había llamado desde Zafra dónde
había parado a comer algo, calculé mal pues el tráfico era intenso en estas
fechas y me retrasé bastante. Abelio me esperaba sentado en un pequeño jardín a
la puerta de su casa, nos saludamos efusivamente, sabía que Abelio me apreciaba
mucho desde hacía años y yo le correspondía de igual forma.
Pasamos a la casa, esta era muy sencilla, el salón daba directamente a la puerta de la
calle con dos ventanales enrejados, las cosas no son como antes, me dijo
Abelio, ahora te roban a cualquier hora; a un lado la puerta de la cocina, muy
espaciosa con una mesa dónde podían comer seis personas holgadamente. Los dos
dormitorios y el aseo con una enorme bañera estaban en la planta de arriba y
detrás de la casa un patio con un pozo en una esquina, una mesa de madera con
dos bancos a los lados y un viejo olivo al otro lado.
Hablamos durante horas, de mis nietos, de la vida, en fin, una charla de
viejos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo.
-¿Y ahora a que te dedicas, Abelio?
-De vez en cuando visito los dólmenes de la región con un grupo de
colegas, les sirvo de guía y cicerone, pero más espaciadamente cada año que
pasa.
-¿Has hecho algún descubrimiento nuevo desde mi última visita?
-No! Los dueños de las fincas dónde se hayan estas reliquias del
pasado saben explotarlas muy bien y luego están las autoridades locales, a las
que nunca les preocupó este montón de piedras pero que a raíz de salir mi
estudio sobre ellos y su influencia sobre la cultura prehistórica de la región
han visto la forma de sacar dinero.
-Mañana si tienes ganas no podíamos acercar al dolmen del Soto…te
parece bien??
-Bueno, pero ahora el misterio ha desaparecido, se ha convertido en un
punto turístico sin más.
-Es lo que ocurre con tanto progreso, las cosas cambian y no para bien
en muchos casos.
-Ahora está muy protegido, eso es verdad, pero ha perdido el encanto
de lo incomprensible y misterioso, pensar que aquellos “ignorantes” pudieran
acometer tamañas obras con una orientación perfecta, es totalmente imposible a
los ojos del hombre actual.
Cenamos tranquilamente en el patio, la temperatura en estas fechas es
muy agradable aunque según cae la noche el frescor y la humedad del río hacen
que el ambiente se enfríe o dé esa sensación de frio. Tomamos un café ya en el
interior de la casa y Abelio me confesó.
-Estos últimos meses he tenido la sensación de que me vigilan, no lo
puedo demostrar pero siento que me observan continuamente.
-¿Has ido a la policía?
-¡ Crees que le harían caso a un pobre viejo solitario! Aunque me encuentro muy bien en el pueblo y
ya son muchos años los que llevo viviendo aquí, sigo sintiéndome forastero.
Alguien me apodó Abelio el de las piedras y así me conocen en el pueblo. No
creo que la policía hiciera caso a un vejete excéntrico que se pasa horas
mirando piedras o escarbando en el río… no, no creo que les interese.
-Pero…….
-Olvídalo y cambiemos de tema, creo que no te debía haber contado esto.
Abelio se puso serio, malhumorado, como si de pronto algo le hubiera
venido a la mente y le contrariase.
-Bien, mañana iremos al domen, iremos fuera de horas de visita, el
guarda es amigo mío desde hace muchos años y nos dejará pasar sin ningún problema.
Ahora durmamos un buen rato.
Subimos al piso superior y cada uno se dirigió a su habitación, nos
despedimos con las consabidas buenas noches y a dormir.
……………………………………………
-¡¡Arriba perezoso!! Me grita Abelio mientras corre las cortinas y
abre la ventana que yo había cerrado la noche anterior.
-Es hora de desayunar, te espero abajo.
Me duché tranquilamente, sin quitarle la vista a la enorme bañera que
ocupaba medio aseo, al poco bajé a la cocina. Abelio estaba sacando el café y
unos picatostes al patio, le ayude con el aceite y el tomate y salimos juntos.
Serían las ocho de la mañana el sol entraba directamente por la puerta del
patio, aquello siempre me causaba una grata impresión. Abelio se dio cuenta y
se adelanto.
-Sabes que estuve dando vueltas por el pueblo hasta que encontré esta
casa, está orientada al este, entra el sol justo por el centro de la puerta del
patio en el solsticio de primavera, es mi dolmen particular. Cuando se oculta
el sol, este señala justo la puerta de entrada, así es mi vida, soy un menhir,
algo achacoso pero rocoso.
Reímos durante un rato y nos pusimos a devorar el desayuno.
-Te voy a contar un pequeño secreto, anoche estuve a punto de
decírtelo pero me despisté con mis manías persecutorias.
-Dime.
El tono de Abelio había cambiado, ahora era más solemne, como si lo
que me iba a contar fuera de una importancia suma.
-Creo que esta casa está construida sobre un cementerio prehistórico.
Hace unos meses tuve que llamar a unos fontaneros pues del pozo se filtraba
agua a la casa, estuvieron removiendo aquí y allí, metiendo unas tuberías en
fin arrasando mi pobre jardín, pero mientras descansaban a la hora del almuerzo
descubrí algunas conchas, colmillos de jabalí probablemente y una punta de
lanza además de una especie de cuerno o hasta de un mamífero bóvido. Llame a la
la oficina de mi amigo Alberto, él trabaja en la Universidad de Cádiz y le puse
al corriente de mi hallazgo, me dijo que fotografiara todo y que se lo enviase
por correo certificado, que me contestaría en breve.
-Lo hizo??
- Si, a los cuatro días, me llamó por teléfono y me preguntó si me
podía acercar a su despacho, así lo hice y me llevé una enorme sorpresa. Allí
estaba esperándome con varias personas, una de ellas era un funcionario de la
Junta de Andalucía, las otras dos eran profesores de Historia y Paleontología y
un extraño individuo que se presentó como Antonio, simplemente Antonio pero que
al parecer tenía cierto poder sobre los otros.
-Qué raro.
-Si, y pronto me di cuenta de mi error, no debía haber llamado a
Alberto ni confiarle mi hallazgo, sabía por experiencia que mi casa en cierto
modo estaba en peligro, no era la primera vez que se habían expropiado casas o
fincas por hallazgos similares.
Abelio prosiguió:
-El tal Antonio se persono con dos ayudantes al día siguiente en mi
casa, ahora los equipos son muy sofisticados a los que empleábamos cuando yo
trabajaba en las excavaciones, se pusieron a medir el patio y tomar anotaciones
en un ordenador, fotografías de aquí y de allá, recogieron las piezas que
habían sacado los fontaneros y otras que había hallado yo, las clasificaron,
las colocaron en unas bolsitas de plástico y me dieron un papel firmado por un
juez que no podía hace ninguna reforma en la casa ni tocar el pavimento o me
desahuciaban. Desde entonces es cuando creo que estoy siendo observado día y
noche.
-¿Y qué vas a hacer?
-De momento nos vamos a visitar el dolmen luego ya te contaré.
Y nos fuimos.
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