Al parecer el comité de expertos ha dado su
parabién para que podamos salir del confinamiento. Eso sí y como era de esperar
con las debidas precauciones como la utilización de mascarillas en todo momento
en espacios cerrados y cuando las
limitaciones del espacio aconsejen su utilización.
Con estas medidas España se contenta, siempre
hemos sido un pueblo agradecido, con cualquier cosa nos sentimos felices ya sea
las fiestas del pueblo, un partido de solteros contra casados o la boda de
nuestro mejor amigo, todo se olvida, afrentas, disgustos, riñas, nada en cuanto
oímos el cornetín de salida todo se olvida.
Frágil memoria para lo malo siempre que lo
que nos llegue sea algo mejor, sin tener en cuenta si esto es cierto o no, si
lo perdido ya casi olvidado se compensa con lo que se nos ofrece de nuevo.
Todos queremos volver a nuestra vida anterior
aún sabiendo de que va a resultar imposible, nada volverá a ser igual por
diversas circunstancias. Una de ellas es difícil de explicar pues está en el
corazón y es de un sentimentalismo inenarrable, ha sido muy duro
ver los féretros amontonados en las funerarias, solos, como abandonados, esto
te produce una enorme tristeza y la otra viene de esa sensación de vulnerabilidad
que deberíamos tener los humanos no solo en momentos como este sino en todo momento.
Las personas mayores difícilmente olvidaremos
este trágico lance, los más jóvenes seguro que dentro de unos meses todo esto será
una simple anécdota en sus simples vidas, esto puede parecer cruel para
enjuiciar a la juventud y más siendo un segmento muy amplio y no es lo mismo un
crio de dieciocho años que una maduro de cuarenta pero si observamos su modo de
comportarse no varía mucho la actitud de uno y del otro.
¿Pero qué opinan las autoridades sobre esto?
Me temo que poca cosa, después de tantos días de confinamiento y de hacer y deshacer
normativas no creo que sean muy creíbles sus argumentos. En el momento en el
que no encontramos creer en los gobiernos es la mayor ingenuidad del mundo, han
demostrado su incapacidad, su negligencia y me temo que hasta su maldad para
afrontar una situación que debieron prevenir con anterioridad.
Nunca he creído en la bondad de los distintos
gobiernos que hemos sufrido, unos por unas causas o por otras me han ido
defraudando a lo largo de su mandato, no creo en ellos pues no son más personas
como nosotros con los mismos `problemas, manías, inquietudes y egoísmos, si a
esto le añades el fanatismo que algunos practican el coctel resulta destructivo
y solo piensas en tener los suficientes recursos económicos para salir huyendo.
Aquí no somos diferentes a los demás, somos en algunos casos
una mala réplica, especialmente cuando imitamos las ideas de otros y yo me
aferro al dicho de: “Los ideales matan”, especialmente cuando estos se desvirtúan
en función de los intereses de unos pocos y puede resultar desastroso si caemos
en manos del “iluminado líder” entonces no solo peligra nuestra salud mental
sino que seguramente nuestra propia vida. La Historia nos da muchos ejemplos.
Ahora me he visto obligado a salir a la
calle, la verdad que no me apetece, tengo la misma sensación de cuando estaba
en el cuartel, que en cualquier momento un mando, aunque fuera un simple cabo,
te podía amargar el día y no es que me disguste la disciplina al contrario lo que me irrita es el abuso de poder. Es la
sensación que se ha apoderado de mí en estos día de confinamiento obligatorio,
me siento empequeñecido a la vez que utilizado y esta sensación creo que
tardará en borrarse en mi subconsciente o probablemente no se borre nunca, son
mucha las vivencias como para no temer lo que se avecina.
Se me puede acusar de pesimista, agorero o
cualquier otro apelativo similar pero no de ingenuo, son muchas las
coincidencias, los escritos sobre este asunto desde hace varios años que al
igual que el cine vaticinan, preparan o interviene en nuestro subconsciente
para lo que al poco tiempo llega ¿Ingeniería Social? ¿Guerra bacteriológica?
Nunca lo sabremos pero al día siguiente de la alarma por la pandemia ciertas
empresas multinacionales dedicadas a un cierto sector dispararon sus beneficios
a pesar del desabastecimiento del mercado. Eso sí con el beneplácito de estos
gobiernos títere que mandan en más de medio mundo, unos callan, otros echan la
culpa al vecino pero ninguno dice lo que la gente quiere oír: La Verdad, ¿Es
que no la saben o resulta tan grave que no tienen el valor de decirlo al
pueblo?
Claro que siempre saldrá algún “intelectual”
diciendo que el pueblo no está preparado para saber la verdad y probablemente
sea cierto, son tantos años de lavado de cerebro que “el pueblo” no está
capacitado para entender nada más allá de lo que la televisión propone.
Si la memoria es frágil el desconocimiento
peor aún, así que en cuanto nos dejen volver a ver fútbol en televisión,
sentado en el sillón del comedor, con una cerveza y unos “ganchitos” la
normalidad habrá vuelto a nuestras vidas, y seguirá el circo de ensayos,
estudios, experimentos para superar este estado y convertir nuestras vidas en
la de las hormigas.
Filoxides el Crítico
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