martes, 26 de mayo de 2020

La futilidad de los viejos.




No sé si a lo largo de la Historia ha habido necesidad de viejos, claro está que la corta vida de nuestros antepasados hace difícil tener contestación a esta pregunta. Ahora es cuando más se alarga la vida y por ende hay más viejos, a pesar de las enfermedades, necesidades o tristeza el viejo aguanta quizás porque solo aspira a alargar el presente y recordar el pasado, mientras el futuro le es indiferente.

Me cuesta creer que haya habido un tiempo dónde la figura del anciano haya sido peor vista que ahora, en esta época hedonista más dada a la autosatisfacción personal que al valor de la experiencia lo viejo está sobrando, tanto lo físico, en este caso el anciano como en lo material, el consumismo devora todas las coas de un día a otro.

Dijo alguien que las personas mayores suelen parecer invisibles para el mundo actual y me refiero a ese mundo de “intrépida juventud, dispuesta a todo”, puede que sea cierto el hecho de haber perdido protagonismo en la vida económica arrastre también a lo cultural a al pensamiento, el joven ha perdido el interés por lo pasado, piensa con total arrogancia que su tiempo es el único, el mejor, el que ha conformado un mundo diferente y prometedor.

No me cabe duda que cada tiempo es distinto al anterior aunque no tengo nada claro si esto es bueno o no, hay referencias en la Historia como para poner en duda un desarrollo constante de la humanidad sin ningún retroceso que altere esta afirmación. Por ello me causa estupor esta generación supremacista que se reafirma en sus convicciones aunque estas no tengan ningún valor más que la notoriedad.
A veces pienso que estamos en un momento dónde la estupidez se ha enseñoreado de nuestra juventud poco a poco, de una manera progresiva, como si heredara los malos hábitos de la anterior generación y pensase haber alcanzado el fin perseguido, la total necedad.

No debemos olvidar qué: “lo que somos se lo debemos a los que fueron” para lo bueno y para lo malo, es por ello que resulta muy difícil entender esta sobrevaloración de lo actual, es decir de lo joven, sobre lo de ayer, la experiencia antiguamente era un valor añadido en la vida humana, no se especulaba con esto, se admitía sin más pues el recorrido vivido por cualquiera probablemente tenía más episodios apasionantes que la insulsa vida actual y  si no  veamos cuales son los problemas actuales, problemas que causan movimientos sociales, intervenciones públicas, adhesiones de celebridades y todo tipo de boatos y festivales, ante las necesidades de generaciones anteriores, guerras, hambrunas, escasez, penurias, pobreza. Claro que esto sigue ocurriendo en muchas partes del mundo actualmente pero eso no les importa a nuestros jóvenes, ellos siguen en un mundo paralelo, enfrascados en sus asuntos “sociales” en sus “mitos” y en sus “intereses”

Todos hemos sido jóvenes y todos llegamos a viejos, entender esto es fundamental para valorar lo bueno y lo malo de los diferentes momentos físicos, la alegría, la esperanza, el vigor y la intrepidez de los primeros años dan paso a las canas y con ellas la experiencia, la calma y el sosiego. Entre hilar ambos momentos es lo que nos hace sabios, dividir o excluir una generación de otra por el mero hecho de hacerse mayor es la mayor estupidez habida.

En los actuales momentos dónde las distintas crisis provocadas por situaciones financieras o económicas extrañas al común de los mortales pero que incide directamente sobre su vida, su salud y su trabajo se ha necesitado de la economía de los viejos para compensar la falta de ingresos de esa “juventud díscola”, ha sido el viejo el que con su pensión y  sus ahorros ha solventado el problema en muchos casos, algunos dramáticos. Ha sido el pobre anciano el que se ha tenido que recortar ese capricho merecido para poder ayudar a hijos y nietos y ha sido ese “parasito social” el que ha contribuido a sostener el consumo interior del país.

Ahora una nueva “horda juvenil” escéptica a todo esto, entusiasta con su poder, envanecida por su “status” y convencida de su superioridad “moral” pretende aniquilar de una manera metafórica (de momento) a esa senectud “subidiada” improductiva e innecesaria.
¿Viejos contra jóvenes? No, no es cuestión de enfrentamiento alguno pues físicamente es imposible y también por una ley física implacable, el tiempo. Este hará justicia envejeciendo a los actualmente jóvenes que también serán empujados por otros jóvenes y así el final de los tiempos.
Filoxides el Crítico

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