Hace tiempo
escribí sobre la estulticia, lo hice sin llegar a comprender el alcance de mi premonición. Cierto es que ni en mis
días más pesimistas podría llegar a pensar que se instalaría entre nosotros sin
ánimo de marcharse.
Era muy común
desde hace tiempo arremeter contra todo o contra algunos, guiados simplemente
por cierto sectarismo, este va investido de una intelectualidad progresista,
decían y dicen que se hacen eco del sentimiento de la “ciudadanía”, de esa
empatía popular que se han arrogado y que les hace sentirse heraldos de la
modernidad.
Hoy día esta falsa
concepción de la modernidad está llegando a grados de paroxismo, me apena decir
y me preocupa lo que con frecuencia
vemos y presenciamos como falsa normalidad, los ataques dirigidos contra todo aquello
que difiere de los cánones que ese grupo de nuevos eruditos pretende imponer a
toda costa.
Al parecer las
costumbres o las tradiciones más arraigadas, desde las simples asociaciones de
tal o cual carácter hasta las ideas más enraizadas en el subconsciente, son
atacadas por el mero hecho de no estar de acuerdo con el “grado de progreso”
que los nuevos intelectuales pretenden imponer.
Nunca hasta ahora
ha hecho falta estar recordando constantemente la palabra libertad y lo curioso
es que los que más se aferran a ella son aquellos que más la restringen.
Cierto es que la
Libertad en su grado sumo es un derecho pero no todos los hombres tienen la
capacidad de poder vivir esa libertad, es por ello que estos eruditos de “los
nuevos valores” ponen a esta como el objetivo a alcanzar aunque el camino y los
medio para llegar a ello sean irreales.
“El asalto a la
Razón de los nuevos inquisidores” este puede ser un buen título para un
descarnado planteamiento de esos nuevos dominicos que pretenden sojuzgar mentes
y cuerpos.
Utilizando un
lenguaje falaz hacen del embuste y la mentira su nueva ética, aquí
parafraseando a Nietzsche “es la destrucción de los más profundos valores,
aquellos que parecían incuestionables” es por ello que una verborrea sin
sentido pero fácil de digerir por estómagos agradecidos consiga mediante su
oscurantista mensaje ir imponiendo su doctrina.
¿Qué tren de nuevo
estos ortodoxos iluminados? ¡Nada, absolutamente nada! Ni el más crédulo de los
humanos puede creer conscientemente lo que dicen, probablemente ni ellos mismos
lo creen pues carecen de formación académica y lo que es peor aún de vergüenza
para reconocerlo.
Pero aquí gusta el
político lenguaraz, vivo, inconsistente. Este que lanza constantemente
artificios lumínicos con los que cegar la Razón, utilizando fenómenos
pirotécnicos con los que acallar voces y luces verdaderas.
¿Y qué mayor
rédito que imponer lo imposible?
Si uno se para a
pensar las espurias ideas que socavan el entendimiento y la Razón llega a la
conclusión que han sido pensadas por un necio, o una conjura de estúpidos. Es
por ello que la concha que protege al molusco se cierre ante el voraz apetito
de estos “caníbales de la Razón”. Uno mientras espera el devenir de los
acontecimientos más inmediatos considerándome un heresiarca ante tanta “ortodoxia
bizantina”
Filoxides de Ursalia



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