sábado, 18 de enero de 2020

Sobre la estulticia


Hace tiempo escribí sobre la estulticia, lo hice sin llegar a comprender el alcance  de mi premonición. Cierto es que ni en mis días más pesimistas podría llegar a pensar que se instalaría entre nosotros sin ánimo de marcharse.

Era muy común desde hace tiempo arremeter contra todo o contra algunos, guiados simplemente por cierto sectarismo, este va investido de una intelectualidad progresista, decían y dicen que se hacen eco del sentimiento de la “ciudadanía”, de esa empatía popular que se han arrogado y que les hace sentirse heraldos de la modernidad.

Hoy día esta falsa concepción de la modernidad está llegando a grados de paroxismo, me apena decir y  me preocupa lo que con frecuencia vemos y presenciamos como falsa normalidad, los ataques dirigidos contra todo aquello que difiere de los cánones que ese grupo de nuevos eruditos pretende imponer a toda costa.

Al parecer las costumbres o las tradiciones más arraigadas, desde las simples asociaciones de tal o cual carácter hasta las ideas más enraizadas en el subconsciente, son atacadas por el mero hecho de no estar de acuerdo con el “grado de progreso” que los nuevos intelectuales pretenden imponer.

Nunca hasta ahora ha hecho falta estar recordando constantemente la palabra libertad y lo curioso es que los que más se aferran a ella son aquellos que más la restringen.

Cierto es que la Libertad en su grado sumo es un derecho pero no todos los hombres tienen la capacidad de poder vivir esa libertad, es por ello que estos eruditos de “los nuevos valores” ponen a esta como el objetivo a alcanzar aunque el camino y los medio para llegar a ello sean irreales.

“El asalto a la Razón de los nuevos inquisidores” este puede ser un buen título para un descarnado planteamiento de esos nuevos dominicos que pretenden sojuzgar mentes y cuerpos.

Utilizando un lenguaje falaz hacen del embuste y la mentira su nueva ética, aquí parafraseando a Nietzsche “es la destrucción de los más profundos valores, aquellos que parecían incuestionables” es por ello que una verborrea sin sentido pero fácil de digerir por estómagos agradecidos consiga mediante su oscurantista mensaje ir imponiendo su doctrina.

¿Qué tren de nuevo estos ortodoxos iluminados? ¡Nada, absolutamente nada! Ni el más crédulo de los humanos puede creer conscientemente lo que dicen, probablemente ni ellos mismos lo creen pues carecen de formación académica y lo que es peor aún de vergüenza para reconocerlo.

Pero aquí gusta el político lenguaraz, vivo, inconsistente. Este que lanza constantemente artificios lumínicos con los que cegar la Razón, utilizando fenómenos pirotécnicos con los que acallar voces y luces verdaderas.

¿Y qué mayor rédito que imponer lo imposible?


Si uno se para a pensar las espurias ideas que socavan el entendimiento y la Razón llega a la conclusión que han sido pensadas por un necio, o una conjura de estúpidos. Es por ello que la concha que protege al molusco se cierre ante el voraz apetito de estos “caníbales de la Razón”. Uno mientras espera el devenir de los acontecimientos más inmediatos considerándome un heresiarca ante tanta “ortodoxia bizantina” 
                                                                                                                    Filoxides de Ursalia

No hay comentarios:

Publicar un comentario