sábado, 11 de enero de 2020

La deriva de la sociedad.



Todos desearíamos vivir en un mundo perfecto o al menos lo más cercano a ello, las personas normales de aspiraciones legítimas busca esto para ellos y sobre todo para los suyos, creemos que nuestra obligación es dejar para los que vienen detrás un mundo mejor, más justo, culto y civilizado, todos sin excepción pensamos que los barbarismos en cualquiera de sus formas deben ser radicalizados pero por medio de la educación.

¿Es esto posible? Pienso que no y a la vista se detectan las razones. Como por arte de magia aparecen en nuestro horizonte nuevos gurús, Mesías que vienen a cambiarlo todo. Tanto lo bueno como lo que no lo es ¿Y por qué razón? Esta es la pregunta a la vez más sencilla de contestar aunque se esconda entre subterfugios dialecticos o retóricos. El mundo guarda un orden mecánico solo alterado por la interacción del hombre, el sol sale como hace cientos de millones de años cada mañana, alumbra campos y ciudades, da calor y germina las cosechas, así una y otra vez, a esto le llamamos orden natural e igualmente influye en la vida animal, vegetal  y mineral, es el orden cósmico, los animales procrean en un orden similar y necesario para que la especie continué existiendo, el exceso de crías es eliminado por otros animales superiores o mejor dotados para la caza y estos por otros todavía más aptos, es la rueda del equilibrio, nada ni nadie lo debería alterar y así fue hasta que las riendas del control las toma el hombre.

Al principio la moderación y la necesidad marcaban la conducta de este para con los de otras especies, se mataba para comer y vestir, todo el animal sacrificado era útil para las necesidades de aquellas épocas. Así fue durante miles de años hasta que según avanzaba lo que vanidosamente hemos llamado civilización cambio el panorama al cambiar las necesidades. Ahora el hombre no sacrifica animal alguno por necesidad, exceptuando para comer y hay cada vez más concienciados de que esta práctica debe ser abolida, ya no necesita su piel ni sus huesos para vestirse o armarse, nadie busca corazones, hígados o entraña alguna para sacrificios a dioses o demonios, el hombre se ha civilizado. ¿Es esto cierto? Creo que no, solo que ha cambiado el orden natural de las cosas por su propia visión del mundo, chocando en la contradicción anteponiendo sus egoísmos y vanidades al bien común.

Este año que se fue dejando una larga hilera de despropósitos lo hizo recordando a Pio Baroja, pero la parte útil para sus propósitos, es decir la insidia yo me agarro al Baroja que decía: “Esta última época ha demostrado lo que muchos hemos creído: qué el parlamentarismo no es fecundo. No hay manera de hace algo eficaz con discursos,  con mítines, manifestaciones y griterías. Es imposible. El parlamentarismo es una hoguera que lo consume todo”.

¿Qué relación tiene estas palabras a lo expuesto anteriormente? Es fácil explicarlo. El orden natural, cuasi divino se mantenía imperturbable entre hombres de leyes, de armas y religión. Dios por encima de todos y con ello su orden natural de las cosas, digamos que se relacionó a Dios con el Sol, constante, cálido, perenne y dador de vida, nadie ponía en tela de juicio su importancia sagrada, ninguna religión vista desde el punto que fuera ponía en tela de juicio esta armonía sagrada con la que se había llegado al pensamiento griego y el derecho romano dentro de nuestro mundo occidental, el oriental marchaba por caminos paralelos pero con cierta sintonía.

¿Quién rompe con esta Tradición Primordial? ¡El liberalismo  y con él sus derivados socialismo, marxismo, pacifismo y una larga lista de ismos! Ahora se pone en duda todo, desde la existencia de Dios hasta la necesidad de reproducirse, todo es relativo y de esa relatividad vienen los desastres que están conmoviendo al mundo en estos últimos siglos.

Deriva si…pero hacía dónde. Un puñado de nuevos de arribistas, profetas de la muerte se han coaligado desde distintos grupos de pensamiento para destruir el orden natural de las cosas. Leyes como la del aborto lo atestigua, la hipocresía, ignorancia o mala fe, sin entrar en otras aseveraciones, demuestran la maldad de estas gentes. Por un lado España se vacía, para ello se abre la mano a la inmigración y por el otro se da la posibilidad a las niñas a que aborten cuando les venga en gana. ¿Es esto razonable? ¿Nos hemos vuelto locos? Los que hemos recorrido ya lo nuestro y vemos el final del camino cercano nunca llegamos a pensar que veríamos esta salvajada. ¡Niñas decidiendo sobre la vida y la muerte cual Erinias vengativas, Furias vengadoras sobre la  débil carne del neonato! ¿Y esto porqué, en función de qué? ¿Qué valor tiene el padre y la madre sobre este acto, cual es su papel, el de simples cómplices?

Este que va a ser un año de homenajes a Pérez Galdós convendría recordar aquello de: “Rebaños parlamentarios” gente sin preparación que se han adueñado de los poderes del Estado para inducir, provocar y ordenar cualquier tropelía. <El odio la venganza, se alimentan de la degradación de los valores tradicionales, la envidia se nutre de la posibilidad de alcanzar lo inalcanzable, le acompaña la envidia y la calumnia>Todo esto da paso a la infinidad de casos de nepotismo y cleptocracia que se muestran constantemente entre nuestros dirigentes.

La pérdida de valores indiscutibles en su conjunto, no puestos en duda por su trascendencia han sido violentados, una horda de fanáticos ha destruido lo que parecían leyes inmutables, solares, respetadas desde tiempos inmemoriales, han derribado estatuas , sacrificado carneros en aras de un nuevo orden: el de la auto-destrucción.
Filoxides de Ursalia

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