Todos desearíamos vivir en un mundo perfecto o al menos lo más cercano
a ello, las personas normales de aspiraciones legítimas busca esto para ellos y
sobre todo para los suyos, creemos que nuestra obligación es dejar para los que
vienen detrás un mundo mejor, más justo, culto y civilizado, todos sin
excepción pensamos que los barbarismos en cualquiera de sus formas deben ser
radicalizados pero por medio de la educación.
¿Es esto posible? Pienso que no y a la vista se detectan las razones. Como
por arte de magia aparecen en nuestro horizonte nuevos gurús, Mesías que vienen
a cambiarlo todo. Tanto lo bueno como lo que no lo es ¿Y por qué razón? Esta es
la pregunta a la vez más sencilla de contestar aunque se esconda entre
subterfugios dialecticos o retóricos. El mundo guarda un orden mecánico solo
alterado por la interacción del hombre, el sol sale como hace cientos de
millones de años cada mañana, alumbra campos y ciudades, da calor y germina las
cosechas, así una y otra vez, a esto le llamamos orden natural e igualmente
influye en la vida animal, vegetal y
mineral, es el orden cósmico, los animales procrean en un orden similar y
necesario para que la especie continué existiendo, el exceso de crías es
eliminado por otros animales superiores o mejor dotados para la caza y estos
por otros todavía más aptos, es la rueda del equilibrio, nada ni nadie lo
debería alterar y así fue hasta que las riendas del control las toma el hombre.
Al principio la moderación y la necesidad marcaban la conducta de este
para con los de otras especies, se mataba para comer y vestir, todo el animal
sacrificado era útil para las necesidades de aquellas épocas. Así fue durante
miles de años hasta que según avanzaba lo que vanidosamente hemos llamado
civilización cambio el panorama al cambiar las necesidades. Ahora el hombre no
sacrifica animal alguno por necesidad, exceptuando para comer y hay cada vez más
concienciados de que esta práctica debe ser abolida, ya no necesita su piel ni
sus huesos para vestirse o armarse, nadie busca corazones, hígados o entraña
alguna para sacrificios a dioses o demonios, el hombre se ha civilizado. ¿Es
esto cierto? Creo que no, solo que ha cambiado el orden natural de las cosas
por su propia visión del mundo, chocando en la contradicción anteponiendo sus egoísmos
y vanidades al bien común.
Este año que se fue dejando una larga hilera de despropósitos lo hizo
recordando a Pio Baroja, pero la parte útil para sus propósitos, es decir la
insidia yo me agarro al Baroja que decía: “Esta última época ha demostrado lo
que muchos hemos creído: qué el parlamentarismo no es fecundo. No hay manera de
hace algo eficaz con discursos, con
mítines, manifestaciones y griterías. Es imposible. El parlamentarismo es una
hoguera que lo consume todo”.
¿Qué relación tiene estas palabras a lo expuesto anteriormente? Es
fácil explicarlo. El orden natural, cuasi divino se mantenía imperturbable
entre hombres de leyes, de armas y religión. Dios por encima de todos y con
ello su orden natural de las cosas, digamos que se relacionó a Dios con el Sol,
constante, cálido, perenne y dador de vida, nadie ponía en tela de juicio su
importancia sagrada, ninguna religión vista desde el punto que fuera ponía en
tela de juicio esta armonía sagrada con la que se había llegado al pensamiento
griego y el derecho romano dentro de nuestro mundo occidental, el oriental
marchaba por caminos paralelos pero con cierta sintonía.
¿Quién rompe con esta Tradición Primordial? ¡El liberalismo y con él sus derivados socialismo, marxismo,
pacifismo y una larga lista de ismos! Ahora se pone en duda todo, desde la
existencia de Dios hasta la necesidad de reproducirse, todo es relativo y de
esa relatividad vienen los desastres que están conmoviendo al mundo en estos
últimos siglos.
Deriva si…pero hacía dónde. Un puñado de nuevos de arribistas,
profetas de la muerte se han coaligado desde distintos grupos de pensamiento
para destruir el orden natural de las cosas. Leyes como la del aborto lo atestigua,
la hipocresía, ignorancia o mala fe, sin entrar en otras aseveraciones,
demuestran la maldad de estas gentes. Por un lado España se vacía, para ello se
abre la mano a la inmigración y por el otro se da la posibilidad a las niñas a
que aborten cuando les venga en gana. ¿Es esto razonable? ¿Nos hemos vuelto
locos? Los que hemos recorrido ya lo nuestro y vemos el final del camino
cercano nunca llegamos a pensar que veríamos esta salvajada. ¡Niñas decidiendo
sobre la vida y la muerte cual Erinias vengativas, Furias vengadoras sobre
la débil carne del neonato! ¿Y esto
porqué, en función de qué? ¿Qué valor tiene el padre y la madre sobre este
acto, cual es su papel, el de simples cómplices?
Este que va a ser un año de homenajes a Pérez Galdós convendría
recordar aquello de: “Rebaños parlamentarios” gente sin preparación que se han
adueñado de los poderes del Estado para inducir, provocar y ordenar cualquier tropelía.
<El odio la venganza, se alimentan de la degradación de los valores
tradicionales, la envidia se nutre de la posibilidad de alcanzar lo
inalcanzable, le acompaña la envidia y la calumnia>Todo esto da paso a la
infinidad de casos de nepotismo y cleptocracia que se muestran constantemente
entre nuestros dirigentes.
La pérdida de valores indiscutibles en su conjunto, no puestos en duda
por su trascendencia han sido violentados, una horda de fanáticos ha destruido
lo que parecían leyes inmutables, solares, respetadas desde tiempos
inmemoriales, han derribado estatuas , sacrificado carneros en aras de un nuevo
orden: el de la auto-destrucción.
Filoxides
de Ursalia
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