“Sagrada sea tú luz, ¡Oh
Diosa venerable!,
Qué ilumina la fuente de mi
sabiduría”
Repetía como una salmodia la
vieja lechuza, asida a la rama desde dónde vigila en la noche.
“Sagrado sea el templo,
adonde van a escuchar tus sagradas palabras.
¡Oh magnánima Atenea luz de
conocimientos!”
-¡Quieres callarte ya, vieja
desplumada!
Apostado en las ramas de un
tilo cercano, el viejo búho reprehende a la lechuza.
-Qué seamos parientes no
significa que debamos tener los mismos gustos y menos las mismas rarezas.
-Salve hermano de la noche,
no te tuve en cuenta, pensé que un “mochuelo” impertinente como tú estarías
dedicado a cazar, sapos y lagartijas con las que llenar la tripa.
-Piensas demasiado vieja
bruja, y no creas que por ello la Diosa te vaya a enriquecer de sabiduría solo
por el hecho de que la estés invocando noche tras noche.
-¡Bah, viejo ignorante! La
Diosa Atenea nos alumbró a las lechuzas con poderes que una mirada fija como la
tuya no puede ni siquiera imaginar.
Mientras ambas aves rapaces
discutían entre ellas algunos animales del bosque se fueron acercando, a todos
les sombraban los conocimientos de la lechuza que vivía encaramada a la rama
del olmo desde hace muchos años, y desde donde dirige sus plegarias a la Diosa
todas las noches con la luna alumbrando
el bosque.
-Es muy sabia la lechuza.
Decía un joven zorro a una intranquila ardilla.
-Yo la escucho todas las
noches y me asombran sus conocimientos.
El búho al oír esto se
molestó pues no entendía que la lechuza pudiera tener una sabiduría más cercana
a los Titanes que a un ave de rapiña, esto provocaba irritación y celos en el viejo
búho, más pendiente de cazar para subsistir que en loas a los dioses.
-Dime sapiente ave ¿Qué
ocurrirá en el futuro, si presumes que lo puedes predecir?
Preguntó el búho con cierta
sorna.
-Es muy difícil aventurarse
en predecir lo que Atropos nos tiene preparado. Las Moiras hilan e hilan en la
rueca de la vida ¿Saben ellas el devenir del mundo? ¡No ellas hacen su trabajo
y esperan el designio de los dioses!
-Quieres decirme con esto,
qué ni las Moiras saben el futuro.
-Los Dioses no intervienen
en el devenir del mundo, dejan que el Leteo siga su curso y en su cauce beban y
olviden las diferentes almas que Hipnos ha seducido. Ellos también serán
olvidados y su recuerdo quedará solo en viejos libros y derruidos templos que
con el transcurrir del tiempo quedarán hechos arena.
-Entonces….¿De qué te sirve
implorar a tú Diosa?¿ Son tus cantos necesarios para aplacar la tristeza de
saber que van a desaparecer?
-Mientras haya una brizna de
verdor sobre el desierto, este tendrá vida. Solo muere aquello que ya está
muerto al nacer. Los Dioses se retiraran, quizás con la intención de retornar
en su día o más que posible no vuelvan nunca más, al menos de la forma que los
conocemos ahora.
-Eris, la Diosa de la
discordia lleva Eras, tratando de incordiar el mundo de los Dioses. ¿Crees tú,
vieja lechuza, que ella intervendrá en esto?
-¡No, que va! Por encima de los
Dioses, más allá del Olimpo, escondido en un pequeño grano de energía está el
gran Corrector, del tiempo y de la vida, ni los Dioses escapan a su poder, Él
dispondrá cuando y como han de ocurrir los acontecimientos.
-¿Y los hombres, cuál papel
representan en esta tragedia?
-Mi viejo búho, los hombres
solo son el instrumento destructor, ellos son hijos de Nix, como nosotros,
aunque la diferencia, no solo es el plumaje sino su carencia de escrúpulos. Tú
y yo acechamos insectos y pequeños roedores para subsistir, es la cadena de la
vida, otras aves también pueden acabar con nosotros como la pérfida serpiente,
que quieta en su cubil espera el momento adecuado para conseguir sus presas.
Pregunta el búho de una
forma sarcástica.
-Escucha búho lo que el gran
Homero cantó a la Diosa:
"Empiezo el cantar de Palas Atenea, la diosa gloriosa de ojos
brillantes, inventiva inflexible de corazón, virgen pura, salvadora de
ciudades, valiente, Tritogenia. De su augusta cabeza el Sabio Zeus la dio a luz
vestida de armas bélicas de oro relampagueante, y el temor se apoderó de todos
los dioses al verla. Pero Atenea saltó rápidamente de la cabeza inmortal y se
puso delante de Zeus que lleva la égida, agitando una lanza afilada….”
-Ella es la
deidad más importante del Olimpo y a su soberana sabiduría yo rindo pleitesía.
-¡Vieja alcahueta!
Tus palabras son eso, solo palabras. Ni los Dioses te escuchan y permíteme decirte
que yo dudo mucho de su existencia, aunque les rinda homenaje el ciego Homero o
el divino Platón. La muerte es consecuencia de la vida, es su hermana gemela,
cumple el cometido que le han asignado, la primera te atrae a la luz como el
alba y la otra te lleva a la oscuridad de la noche eterna, no hay nada de
sabiduría en esto, solo en caso de que los dioses fueran los creadores de la
vida, una falta de bondad.
-Dices esto por
ignorancia, viejo gruñón, tú plumaje amarillea como tú mirada, tienes marcado
en tu cara la proximidad del fin y por esto caes en la fatalidad. Por ello permíteme
que te cante esta canción:
¡Oh Divina Atenea, Diosa de la Sabiduria y de la Justicia!
Fuiste retada por el mismo Ares, al cual venciste
Mantuviste tu virginidad para honra de tú gloria
Llevaste la égida con la que tú pecho cubriste
Hefesto abrió con su hacha la cabeza de Zeus
Para que tu esplendor y belleza de ella saliste
Y el mundo quedo maravillado de tú belleza.
-Dicen vieja
lechuza, que Hefesto la intentó violar, ¿Es cierto?
-Sí, pero evitó
que este la penetrara, cayendo el semen al suelo de dónde nació el pequeño
Erictonio, pero no trates de desviar la conversación.
Mientras las dos
aves discuten en sus respectivas ramas, la vieja serpiente Mehen cansada de
tanta diatriba y esperando engullir algo antes del alba se acerca sigilosamente
hacía la rama dónde conversa la lechuza.

-Oh Dioses,
presiento que mi hora ha llegado, la misma serpiente que protegió a Asclepios
acabará con mi vida, mi ciclo está cerrado.
No asistiré al
ocaso de los Dioses, mi vida terminará y nadie jamás cantará a la Diosa desde las
entrañas de este oscuro bosque.
Filoxides de Ursalia


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