lunes, 19 de agosto de 2019

Los ditirambos entre la lechuza y el búho





“Sagrada sea tú luz, ¡Oh Diosa venerable!,
Qué ilumina la fuente de mi sabiduría”
Repetía como una salmodia la vieja lechuza, asida a la rama desde dónde vigila en la noche.
“Sagrado sea el templo, adonde van a escuchar tus sagradas palabras.
¡Oh magnánima Atenea luz de conocimientos!”
-¡Quieres callarte ya, vieja desplumada!
Apostado en las ramas de un tilo cercano, el viejo búho reprehende a la lechuza.
-Qué seamos parientes no significa que debamos tener los mismos gustos y menos las mismas rarezas.
-Salve hermano de la noche, no te tuve en cuenta, pensé que un “mochuelo” impertinente como tú estarías dedicado a cazar, sapos y lagartijas con las  que llenar la tripa.
-Piensas demasiado vieja bruja, y no creas que por ello la Diosa te vaya a enriquecer de sabiduría solo por el hecho de que la estés invocando noche tras noche.
-¡Bah, viejo ignorante! La Diosa Atenea nos alumbró a las lechuzas con poderes que una mirada fija como la tuya no puede ni siquiera imaginar.
Mientras ambas aves rapaces discutían entre ellas algunos animales del bosque se fueron acercando, a todos les sombraban los conocimientos de la lechuza que vivía encaramada a la rama del olmo desde hace muchos años, y desde donde dirige sus plegarias a la Diosa todas las noches con la luna  alumbrando el bosque.
-Es muy sabia la lechuza. Decía un joven zorro a una intranquila ardilla.
-Yo la escucho todas las noches y me asombran sus conocimientos.
El búho al oír esto se molestó pues no entendía que la lechuza pudiera tener una sabiduría más cercana a los Titanes que a un ave de rapiña, esto provocaba irritación y celos en el viejo búho, más pendiente de cazar para subsistir que en loas a los dioses.
-Dime sapiente ave ¿Qué ocurrirá en el futuro, si presumes que lo puedes predecir?
Preguntó el búho con cierta sorna.
-Es muy difícil aventurarse en predecir lo que Atropos nos tiene preparado. Las Moiras hilan e hilan en la rueca de la vida ¿Saben ellas el devenir del mundo? ¡No ellas hacen su trabajo y esperan el designio de los dioses!
-Quieres decirme con esto, qué ni las Moiras saben el futuro.
-Los Dioses no intervienen en el devenir del mundo, dejan que el Leteo siga su curso y en su cauce beban y olviden las diferentes almas que Hipnos ha seducido. Ellos también serán olvidados y su recuerdo quedará solo en viejos libros y derruidos templos que con el transcurrir del tiempo quedarán hechos arena.
-Entonces….¿De qué te sirve implorar a tú Diosa?¿ Son tus cantos necesarios para aplacar la tristeza de saber que van a desaparecer?
-Mientras haya una brizna de verdor sobre el desierto, este tendrá vida. Solo muere aquello que ya está muerto al nacer. Los Dioses se retiraran, quizás con la intención de retornar en su día o más que posible no vuelvan nunca más, al menos de la forma que los conocemos ahora.
-Eris, la Diosa de la discordia lleva Eras, tratando de incordiar el mundo de los Dioses. ¿Crees tú, vieja lechuza, que ella intervendrá en esto?
-¡No, que va! Por encima de los Dioses, más allá del Olimpo, escondido en un pequeño grano de energía está el gran Corrector, del tiempo y de la vida, ni los Dioses escapan a su poder, Él dispondrá cuando y como han de ocurrir los acontecimientos.
-¿Y los hombres, cuál papel representan en esta tragedia?
-Mi viejo búho, los hombres solo son el instrumento destructor, ellos son hijos de Nix, como nosotros, aunque la diferencia, no solo es el plumaje sino su carencia de escrúpulos. Tú y yo acechamos insectos y pequeños roedores para subsistir, es la cadena de la vida, otras aves también pueden acabar con nosotros como la pérfida serpiente, que quieta en su cubil espera el momento adecuado para conseguir sus presas.
-¿Y qué te dice Atenea?
Pregunta el búho de una forma sarcástica.
-Escucha búho lo que el gran Homero cantó a la Diosa:

"Empiezo el cantar de Palas Atenea, la diosa gloriosa de ojos brillantes, inventiva inflexible de corazón, virgen pura, salvadora de ciudades, valiente, Tritogenia. De su augusta cabeza el Sabio Zeus la dio a luz vestida de armas bélicas de oro relampagueante, y el temor se apoderó de todos los dioses al verla. Pero Atenea saltó rápidamente de la cabeza inmortal y se puso delante de Zeus que lleva la égida, agitando una lanza afilada….”

-Ella es la deidad más importante del Olimpo y a su soberana sabiduría yo rindo pleitesía.
-¡Vieja alcahueta! Tus palabras son eso, solo palabras. Ni los Dioses te escuchan y permíteme decirte que yo dudo mucho de su existencia, aunque les rinda homenaje el ciego Homero o el divino Platón. La muerte es consecuencia de la vida, es su hermana gemela, cumple el cometido que le han asignado, la primera te atrae a la luz como el alba y la otra te lleva a la oscuridad de la noche eterna, no hay nada de sabiduría en esto, solo en caso de que los dioses fueran los creadores de la vida, una falta de bondad.
-Dices esto por ignorancia, viejo gruñón, tú plumaje amarillea como tú mirada, tienes marcado en tu cara la proximidad del fin y por esto caes en la fatalidad. Por ello permíteme que te cante esta canción:
¡Oh Divina Atenea, Diosa de la Sabiduria y de la Justicia!
Fuiste retada por el mismo Ares, al cual venciste
Mantuviste tu virginidad para honra de tú gloria
Llevaste la égida con la que tú pecho cubriste
Hefesto abrió con su hacha la cabeza de Zeus
Para que tu esplendor y belleza de ella saliste
Y el mundo quedo maravillado de tú belleza.
-Dicen vieja lechuza, que Hefesto la intentó violar, ¿Es cierto?
-Sí, pero evitó que este la penetrara, cayendo el semen al suelo de dónde nació el pequeño Erictonio, pero no trates de desviar la conversación.
Mientras las dos aves discuten en sus respectivas ramas, la vieja serpiente Mehen cansada de tanta diatriba y esperando engullir algo antes del alba se acerca sigilosamente hacía la rama dónde conversa la lechuza.
-Oh Dioses, presiento que mi hora ha llegado, la misma serpiente que protegió a Asclepios acabará con mi vida, mi ciclo está cerrado.
No asistiré al ocaso de los Dioses, mi vida terminará y nadie jamás cantará a la Diosa desde las entrañas de este oscuro bosque.
Filoxides de Ursalia

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