¡Los milagros no existen! Solo existe el esfuerzo, el trabajo, el
sacrificio………. ¿Y para qué? Quizás para
conseguir algún premio por ello o simplemente para satisfacción personal.
Buscamos el reconocimiento ajeno tanto como la mosca la miel ¿Qué sería de
nuestra vanidad sin el eco del aplauso todavía en nuestros oídos? Nos
encantaría que anunciara nuestra presencia un heraldo al ritmo de las
trompetas. Es así nuestra satisfacción personal, orgullosa, celosa de sí misma,
pretendiendo siempre agradar y estar un paso por encima de las expectativas. La
vanidad no está reñida con el amor, la primera es femenina por lo tanto
necesita del amor para completarse, aunque sea el simple amor propio.
Fiamos todo a la suerte, aunque esta nos haya sido esquiva durante toda
nuestra vida, puede que esto le produzca cierto morbo al jugador, al sabio
pereza y al iluso obsesión. ¿Qué mayor tentación que apostar y hacerlo fuerte?
El jugador ha de tener agallas, siempre como el equilibrista atento para no
caer, guardar el equilibrio entre lo apostado y lo perdido, sobrado de valor y
suerte ¿O llamémosla inspiración?
Los sacerdotes deberían ser grandes jugadores, si son capaces de
acertar con las almas deberían tentar a la suerte, los rusos lo hacen, estos no
temen perder, es propio de su raza son siglos expuestos a la adversidad que
cualquier atisbo de cambio es, para ellos, motivo de alegría. Y….¿No es la
suerte motivo de alegría?. El español al contrario no es buen jugador, no sabe
afrontar cuando la suerte se termina, él continua en el juego hasta que termina
desplumado. Ese ejemplo de constancia lo debería aplicar en otros asuntos.
El español es una contradicción, llora cuando está alegre y simula felicidad
riendo cuando las penas le afligen, con esto piensa engañar a Melpómene,
disimulando la tragedia de su vida ¿No es feliz el español? ¡No, no lo es! Sin
darse cuenta o más bien queriéndolo olvidar, siente que ha perdido su sitio en
la historia y eso le acompleja, le perturba y le hace un infeliz, entonces
lucha contra lo más cercano, los suyos, lo hace como venganza o más bien como
auto-destrucción, siente que perdió el tren de la historia, aunque no sabe
cuándo ni cómo.
Yo he conocido a pobres que tenían mucho que dar y a ricos secos de
corazón y de generosidad, puede que esto se deba a que no pueden dar otra cosa
que dinero y esto a cualquier persona honrada le ofende bastante. El pobre da
aquello que puede dar, se hurga los bolsillos para ello, estos no son profundos
luego encuentra pronto lo que desea. Me temo que el bolsillo del rico es
insondable, cuesta un mundo encontrar algo o quizás este vacío como su corazón.
Cada noche escucho un sonido nuevo, es lo aprovechable que tiene el insomnio,
te da tiempo a escuchar, el oído está fino, el rocío de la noche debe limpiar
el tímpano. Ahora mientras escribo esto escucho el triste maullar de un gato,
intento descifrarlo, pretendo usurpar el puesto a Francisco de Asís y poderme
comunicar con estos pequeños felinos y si fuera posible con todas las criaturas
de la tierra, todas me inspiran confianza y despiertan en mí un deseo de Amor,
mientras esto ocurre procuro evitar al hombre.
Hay que tener una vista muy aguda para ver como se mueven las montañas
o puede que muchos años para notar algún cambio, pero todo cambia, todo está en
continuo movimiento, los ríos cambian su cauce, los océanos vienen y van cambiando
la fisonomía de las costas, los animales se transforman, nueva especies
sustituyen a otras más viejas, la erosión cambia desiertos y praderas, bosques
y selvas. También el hombre actual será sustituido como lo fue el primero.
¿Será un cambio cualitativo?
Filoxides
de Ursalia
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