martes, 13 de agosto de 2019

Ensoñación


¡Los milagros no existen! Solo existe el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio………. ¿Y para qué?  Quizás para conseguir algún premio por ello o simplemente para satisfacción personal. Buscamos el reconocimiento ajeno tanto como la mosca la miel ¿Qué sería de nuestra vanidad sin el eco del aplauso todavía en nuestros oídos? Nos encantaría que anunciara nuestra presencia un heraldo al ritmo de las trompetas. Es así nuestra satisfacción personal, orgullosa, celosa de sí misma, pretendiendo siempre agradar y estar un paso por encima de las expectativas. La vanidad no está reñida con el amor, la primera es femenina por lo tanto necesita del amor para completarse, aunque sea el simple amor propio.

Fiamos todo a la suerte, aunque esta nos haya sido esquiva durante toda nuestra vida, puede que esto le produzca cierto morbo al jugador, al sabio pereza y al iluso obsesión. ¿Qué mayor tentación que apostar y hacerlo fuerte? El jugador ha de tener agallas, siempre como el equilibrista atento para no caer, guardar el equilibrio entre lo apostado y lo perdido, sobrado de valor y suerte ¿O llamémosla inspiración? 

Los sacerdotes deberían ser grandes jugadores, si son capaces de acertar con las almas deberían tentar a la suerte, los rusos lo hacen, estos no temen perder, es propio de su raza son siglos expuestos a la adversidad que cualquier atisbo de cambio es, para ellos, motivo de alegría. Y….¿No es la suerte motivo de alegría?. El español al contrario no es buen jugador, no sabe afrontar cuando la suerte se termina, él continua en el juego hasta que termina desplumado. Ese ejemplo de constancia lo debería aplicar en otros asuntos.

El español es una contradicción, llora cuando está alegre y simula felicidad riendo cuando las penas le afligen, con esto piensa engañar a Melpómene, disimulando la tragedia de su vida ¿No es feliz el español? ¡No, no lo es! Sin darse cuenta o más bien queriéndolo olvidar, siente que ha perdido su sitio en la historia y eso le acompleja, le perturba y le hace un infeliz, entonces lucha contra lo más cercano, los suyos, lo hace como venganza o más bien como auto-destrucción, siente que perdió el tren de la historia, aunque no sabe cuándo ni cómo.

Yo he conocido a pobres que tenían mucho que dar y a ricos secos de corazón y de generosidad, puede que esto se deba a que no pueden dar otra cosa que dinero y esto a cualquier persona honrada le ofende bastante. El pobre da aquello que puede dar, se hurga los bolsillos para ello, estos no son profundos luego encuentra pronto lo que desea. Me temo que el bolsillo del rico es insondable, cuesta un mundo encontrar algo o quizás este vacío como su corazón.

Cada noche escucho un sonido nuevo, es lo aprovechable que tiene el insomnio, te da tiempo a escuchar, el oído está fino, el rocío de la noche debe limpiar el tímpano. Ahora mientras escribo esto escucho el triste maullar de un gato, intento descifrarlo, pretendo usurpar el puesto a Francisco de Asís y poderme comunicar con estos pequeños felinos y si fuera posible con todas las criaturas de la tierra, todas me inspiran confianza y despiertan en mí un deseo de Amor, mientras esto ocurre procuro evitar al hombre. 

Hay que tener una vista muy aguda para ver como se mueven las montañas o puede que muchos años para notar algún cambio, pero todo cambia, todo está en continuo movimiento, los ríos cambian su cauce, los océanos vienen y van cambiando la fisonomía de las costas, los animales se transforman, nueva especies sustituyen a otras más viejas, la erosión cambia desiertos y praderas, bosques y selvas. También el hombre actual será sustituido como lo fue el primero. ¿Será un cambio cualitativo?
Filoxides de Ursalia

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