miércoles, 3 de julio de 2019

Extractos del diario de un pesimista


02 / 07 / 2019.

Cuando uno llega a cierta edad le llegan ciertos achaques y le desaparecen otros ¿O quizás no? Si, posiblemente en esto esté errado, no desaparecen sino que tapan los más recientes a los anteriores.

Hoy estoy de buen humor, me ha llamado por teléfono uno de mis mejores amigos y esto siempre se agradece. Siempre he considerado a Manuel Valero como un hijo al que se le reconoce de mayor, ya hecho pero del que descubres bastantes cromosomas afines.

Creo que uno de los serios problemas de los sabios de la Antigüedad fue el desconocimiento de la amistad, vivían demasiado encerrados en sí mismos y esto les condicionaba.

Sócrates vivía encerrado en un cuerpo feo, es más pienso que era consciente de esa fealdad por eso despreciaba la vida, lo mismo le ocurre a muchos de los petulantes de ahora han de esconderse en el gimnasio para tapar su otra fealdad, la del alma.

La maldad del raquítico, puede ser la explicación a todo esto ¿O no? En mi ingenuidad creo que algo de cierto es, la fealdad ha ido unida a la maldad, aunque algunos piensen que la estupidez vaya cubierta de hermosura, pero yo me refiero a otra fealdad, que aunque se exteriorice físicamente va unida a un rechazo por lo estéticamente normal, sin embargo los valores hoy en día se han transmutado hasta límites increíbles.

Hablar de aristocracia del alma en un mundo enfermo suena extraño, quizás haya perdido el juicio hace años, o mucho mejor no lo haya tenido nunca, pero me asquea todo lo que la sociedad actual llama “progreso”, puede que esto sea un defecto mío ante mi poca habilidad con los medios tecnológicos, cosa que a los griegos les tenía sin cuidado y de ahí mi “conservadurismo”.

Hoy declararse amoral provoca confusión, pues la sociedad se ha vuelto tan hipócrita que para justificar sus propios pecados ha cubierto estos de moralina, o sea la Iglesia del Renacimiento pero sin Médicis o Sforzas,  tampoco con la aportación de los Borgias. Me arrepiento nada más escribirlo de comparar a los dos grandes mecenas con los llamados prohombres actuales.

Castigar la herejía fue una constante de la Iglesia desde su nacimiento a Constantino le vino bien para su Imperio, lo des helenizó, la chusma ocupo el Ágora expulsando a unos viejos decrépitos que seguían las enseñanzas de Platón, otro decadente.

Tengo suerte de haberme librado de aquellos “moralistas” aunque visto lo actual llego a pensar que los actuales son peores, solo que el partido político ha sustituido a la Iglesia de entonces y la Iglesia ha vuelto a sus orígenes es decir al mercado, dónde se venden dádivas y se reclaman diezmos, la Iglesia levítica.

Los hiperbóreos se salvaron de esto en un principio, al menos eso afirmaba Nietszche pero terminaron cayendo en la tentación y posiblemente hoy la Iglesia protestante sea más radical que la romana y no menos corrupta.

Los raquíticos siempre han tenido su lugar en la Historia, detrás de cada fotografía o retrato de un gran hombre siempre aparece medio escondida la deforme figura del raquítico, el sofista actual, el charlatán moralizado, el deforme que según Píndaro parlotea en vez de enseñar ¡Pero es tan cansado enseñar!

Probablemente hayamos eliminado el mundo verdadero por un mundo aparente ¿O al revés?  ¿ O puede que ya no quede ni el aparente? Es una cuestión de conciencia.


03 / 07 / 2019.

En estas fechas es difícil conciliar el sueño y no por una cuestión de conciencia, aunque también pudiera ser, sino sencillamente por el calor. Me opongo firmemente a que me instalen aire acondicionado en casa, sobre todo en nuestro dormitorio. El motivo es más bien sencillo, hemos de acostumbrarnos a lo natural tanto si es frío o calor, nada de aparatos diabólicos o símbolos supersticiosos.

Creo que la debilidad de nuestros cuerpos va unido a un exceso de comodidad, todo lo que se inventa para distribuir entre la sociedad consiste en arruinar en ella todo aquello que le hizo sobrevivir a glaciaciones, sequias, inundaciones y demás bendiciones de la Naturaleza, esta mientras pudo seleccionaba a sus criaturas, las dividía entre las que tenían derecho a la vida y las que por su debilidad eran exterminadas.

Mala época para escribir esto cuando el ideal humano ha llegado a su máximo apogeo. Ya no hace falta la semilla cristiana, budista o qué se yo. La fuerza ha sido vencida por la razón o más bien el hombre ha sido vencido por el mismo hombre hasta el punto que ni él mismo se reconoce. Lo dionisiaco ha superado a lo apolíneo, la cruz ha vencido a la espada.

Los médicos han contribuido mucho a esto, la medicina se ha volcado en mantener vivos a los enfermos descuidando o más bien ignorando a los sanos. Puede que en un futuro no muy lejano se declare una guerra entre estos dos contendientes, por un lado el sano y por el otro el enfermizo con su tropa de tarados, tullidos y raquíticos en vanguardia.

La ciudad, pues no creo que el concepto de Estado dure muchos años, se hará inhabitable, se ahogará en su propia bilis y una cohorte de amanerados propondrá la eliminación de los sanos, de los fuertes y de los hábiles, conscientes de que el progreso tecnológico viene de dios y él “proveerá”.

Esto no es nuevo, todo tiene un proceso vital, la decadencia no nació hace diez o cien siglos, el hombre nació para morir, luego no era una obra prefecta, ni imagen y semejanza a nadie nada más que a otro de su especie, por lo tanto su destino estaba marcado por muchos “accidentes” biológicos que hicieran transmutarse y diferenciarse de otros mamíferos.

Todos luchan contra Occidente ¡Occidente es el culpable de nuestros males! Grita una turba de desheredados señalando al culpable de sus males, del saqueo de sus minas, de la explotación de sus riquezas, de la expoliación de sus bosques. ¡Muerte a Occidente! Abandonan el arado, la yunta, el tractor, las semillas que Occidente les ha proporcionado y marchan a invadir Occidente.

Sin Occidente o mejor dicho sin la Civilización Occidental no hubiera habido progreso, superaron a la vieja cultura china adaptándola a un mundo luciferino. Platón sobre Confucio. ¡Hay estuvo el error, el principio moralizante, la esencia de la decadencia. Mientras el hombre de acción iba unido al científico en la consecución de los mismos objetivos se  paso de la barbarie al modernismo pero la semilla de la enfermedad ya estaba incubada en el hombre apolíneo y con ello su declive y su destrucción.

Leer puede resultar enfermizo, máxime si se lee con avidez de aprender, de aumentar conocimientos, hasta puede dañar nuestras conciencias y acabar con nuestra sabiduría.

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