02 / 07 / 2019.
Cuando uno llega a cierta edad le llegan
ciertos achaques y le desaparecen otros ¿O quizás no? Si, posiblemente en esto
esté errado, no desaparecen sino que tapan los más recientes a los anteriores.
Hoy estoy de buen humor, me ha llamado por
teléfono uno de mis mejores amigos y esto siempre se agradece. Siempre he
considerado a Manuel Valero como un hijo al que se le reconoce de mayor, ya
hecho pero del que descubres bastantes cromosomas afines.
Creo que uno de los serios problemas de los
sabios de la Antigüedad fue el desconocimiento de la amistad, vivían demasiado
encerrados en sí mismos y esto les condicionaba.
Sócrates vivía encerrado en un cuerpo feo, es
más pienso que era consciente de esa fealdad por eso despreciaba la vida, lo
mismo le ocurre a muchos de los petulantes de ahora han de esconderse en el
gimnasio para tapar su otra fealdad, la del alma.
La maldad del raquítico, puede ser la
explicación a todo esto ¿O no? En mi ingenuidad creo que algo de cierto es, la
fealdad ha ido unida a la maldad, aunque algunos piensen que la estupidez vaya
cubierta de hermosura, pero yo me refiero a otra fealdad, que aunque se
exteriorice físicamente va unida a un rechazo por lo estéticamente normal, sin
embargo los valores hoy en día se han transmutado hasta límites increíbles.
Hablar de aristocracia del alma en un mundo
enfermo suena extraño, quizás haya perdido el juicio hace años, o mucho mejor
no lo haya tenido nunca, pero me asquea todo lo que la sociedad actual llama
“progreso”, puede que esto sea un defecto mío ante mi poca habilidad con los
medios tecnológicos, cosa que a los griegos les tenía sin cuidado y de ahí mi
“conservadurismo”.
Hoy declararse amoral provoca confusión, pues
la sociedad se ha vuelto tan hipócrita que para justificar sus propios pecados
ha cubierto estos de moralina, o sea la Iglesia del Renacimiento pero sin
Médicis o Sforzas, tampoco con la
aportación de los Borgias. Me arrepiento nada más escribirlo de comparar a los
dos grandes mecenas con los llamados prohombres actuales.
Castigar la herejía fue una constante de la
Iglesia desde su nacimiento a Constantino le vino bien para su Imperio, lo des
helenizó, la chusma ocupo el Ágora expulsando a unos viejos decrépitos que
seguían las enseñanzas de Platón, otro decadente.
Tengo suerte de haberme librado de aquellos
“moralistas” aunque visto lo actual llego a pensar que los actuales son peores,
solo que el partido político ha sustituido a la Iglesia de entonces y la
Iglesia ha vuelto a sus orígenes es decir al mercado, dónde se venden dádivas y
se reclaman diezmos, la Iglesia levítica.
Los hiperbóreos se salvaron de esto en un
principio, al menos eso afirmaba Nietszche pero terminaron cayendo en la
tentación y posiblemente hoy la Iglesia protestante sea más radical que la
romana y no menos corrupta.
Los raquíticos siempre han tenido su lugar en
la Historia, detrás de cada fotografía o retrato de un gran hombre siempre
aparece medio escondida la deforme figura del raquítico, el sofista actual, el
charlatán moralizado, el deforme que según Píndaro parlotea en vez de enseñar
¡Pero es tan cansado enseñar!
Probablemente hayamos eliminado el mundo
verdadero por un mundo aparente ¿O al revés? ¿ O puede que ya no quede ni el aparente? Es
una cuestión de conciencia.
03 / 07 / 2019.
En estas fechas es difícil conciliar el sueño
y no por una cuestión de conciencia, aunque también pudiera ser, sino
sencillamente por el calor. Me opongo firmemente a que me instalen aire
acondicionado en casa, sobre todo en nuestro dormitorio. El motivo es más bien
sencillo, hemos de acostumbrarnos a lo natural tanto si es frío o calor, nada
de aparatos diabólicos o símbolos supersticiosos.
Creo que la debilidad de nuestros cuerpos va
unido a un exceso de comodidad, todo lo que se inventa para distribuir entre la
sociedad consiste en arruinar en ella todo aquello que le hizo sobrevivir a
glaciaciones, sequias, inundaciones y demás bendiciones de la Naturaleza, esta
mientras pudo seleccionaba a sus criaturas, las dividía entre las que tenían
derecho a la vida y las que por su debilidad eran exterminadas.
Mala época para escribir esto cuando el ideal
humano ha llegado a su máximo apogeo. Ya no hace falta la semilla cristiana,
budista o qué se yo. La fuerza ha sido vencida por la razón o más bien el
hombre ha sido vencido por el mismo hombre hasta el punto que ni él mismo se
reconoce. Lo dionisiaco ha superado a lo apolíneo, la cruz ha vencido a la
espada.
Los médicos han contribuido mucho a esto, la
medicina se ha volcado en mantener vivos a los enfermos descuidando o más bien
ignorando a los sanos. Puede que en un futuro no muy lejano se declare una
guerra entre estos dos contendientes, por un lado el sano y por el otro el
enfermizo con su tropa de tarados, tullidos y raquíticos en vanguardia.
La ciudad, pues no creo que el concepto de
Estado dure muchos años, se hará inhabitable, se ahogará en su propia bilis y
una cohorte de amanerados propondrá la eliminación de los sanos, de los fuertes
y de los hábiles, conscientes de que el progreso tecnológico viene de dios y él
“proveerá”.
Esto no es nuevo, todo tiene un proceso
vital, la decadencia no nació hace diez o cien siglos, el hombre nació para
morir, luego no era una obra prefecta, ni imagen y semejanza a nadie nada más
que a otro de su especie, por lo tanto su destino estaba marcado por muchos
“accidentes” biológicos que hicieran transmutarse y diferenciarse de otros
mamíferos.
Todos luchan contra Occidente ¡Occidente es
el culpable de nuestros males! Grita una turba de desheredados señalando al
culpable de sus males, del saqueo de sus minas, de la explotación de sus
riquezas, de la expoliación de sus bosques. ¡Muerte a Occidente! Abandonan el
arado, la yunta, el tractor, las semillas que Occidente les ha proporcionado y
marchan a invadir Occidente.
Sin Occidente o mejor dicho sin la
Civilización Occidental no hubiera habido progreso, superaron a la vieja
cultura china adaptándola a un mundo luciferino. Platón sobre Confucio. ¡Hay
estuvo el error, el principio moralizante, la esencia de la decadencia.
Mientras el hombre de acción iba unido al científico en la consecución de los
mismos objetivos se paso de la barbarie
al modernismo pero la semilla de la enfermedad ya estaba incubada en el hombre
apolíneo y con ello su declive y su destrucción.
Leer puede resultar enfermizo, máxime si se
lee con avidez de aprender, de aumentar conocimientos, hasta puede dañar
nuestras conciencias y acabar con nuestra sabiduría.
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