Uno de los
mayores deleites de mi infancia era el acompañar a mi Padre los domingos de
primavera y verano a la cuesta de Moyano,
comprar libros raros era una de sus aficiones, libros que aún conservo
aunque los avatares de la vida hayan hecho que su cifra disminuya con el
tiempo.
Comer un
barquillo en El Retiro o tomar una horchata en cualquiera de sus kioscos cercanos
al Estanque era para mí un verdadero placer y el ir de la mano de mi Padre un
orgullo.
Muchas
sequias han pasado desde entonces, los libros que aún quedan en mi poder han
envejecido y amarilleado, sus páginas
antes blancas y tersas hoy aparecen entristecidas por un color sepia y
arrugadas por la edad, recuerdan a la piel del hombre curtido y anciano.
De autores
hoy en día imposibles de localizar o bien por el olvido de la editoriales o por
causas distintas, estas joyas de una literatura excelente en muchos casos, en
otros no, pero siempre comprometida son hoy por hoy mi tesoro más preciado.
Hoy que
pensamos que Geogle es la Enciclopedia total, busco en ella títulos y autores y
no aparecen no existen, he llegado a pensar que son imaginarios por ello tengo
que tocarlos, ojearlos y sentir que están aquí conmigo, cercanos y presentes
como parte de mi vida, ellos han vivido junto a mí muchos pasajes buenos o no
tan buenos, enfermedades, muertes, alegrías, todo lo que una larga vida
arrastra consigo.
Leer en
francés hoy puede resultar de una pedantería extraña, pero a mí me encantaba y
a mí profesor de lengua francesa más, el me proporcionó algunos libros que por
una u otra causa ya no están conmigo, él
era un ardiente lector de Victor Hugo, Los Miserables nos lo hacía leer en la
clase así cómo fragmentos de Cromwell o Las hojas de otoño, yo me aficioné a
escritores más comprometidos como Louis Ferdinand Céline, Viaje al final de la noche me impresionó en
aquella edad, De un Castillo a otro me hizo ver la complejidad de la política
en su más cruda esencia y sus perversos entresijos, luego llegaron otros como Montherlant, Gide, Cocteau, Claudel….. en aquella época se
encontraban con facilidad en las estanterías de los libreros de Moyano.
Creo que la
civilización paso de Grecia a Roma y de esta a Francia que junto a España son
las naciones que más han enriquecido la literatura universal, sin olvidarle del
pesimismo ruso o del pensamiento alemán, no he podido soportar a los ingleses,
quizás por influencia familiar aunque reconozco
su importante contribución a las letras.
Pero los
libros que más placer me han dado son aquellos que aparecían casi desahuciados,
en un montón apiñados con las esquinas retorcidas al haber sido leídos y releídos
una y mil veces y abandonados a su suerte en un cajoncillo con un precio único
sobre sus tapas, estos eran para mí los incunables de estos tiempos. Los había
de todo tipo, novelas de amor, románticas, obras de teatro, poesía, aventuras y
un largo índice de estilos literarios.
Volvíamos
casi todos los domingos cargados con unos cuantos libros que mí Padre escogía y
que iba leyendo en las noches junto a mi madre.
A veces me
pregunto qué habrá sido de aquellos escritores anónimos u otros escondidos en
pseudónimos para poder decir por escrito ciertas desavenencias no muy correctas
para el mundo literario.
Hoy, con la
vista desgastada, cansada y hasta perdida me consuelo releyendo estos viejos
compañeros de viaje que un día yo escogí pero ellos me eligieron previamente para
compartir una vida cargada de sueños y nostalgias.
Filoxides
el Crítico
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