viernes, 24 de mayo de 2019

LA CUESTA DE MOYANO Y SUS LIBREROS



Uno de los mayores deleites de mi infancia era el acompañar a mi Padre los domingos de primavera y verano a la cuesta de Moyano,  comprar libros raros era una de sus aficiones, libros que aún conservo aunque los avatares de la vida hayan hecho que su cifra disminuya con el tiempo.

Comer un barquillo en El Retiro o tomar una horchata en cualquiera de sus kioscos cercanos al Estanque era para mí un verdadero placer y el ir de la mano de mi Padre un orgullo.
Muchas sequias han pasado desde entonces, los libros que aún quedan en mi poder han envejecido  y amarilleado, sus páginas antes blancas y tersas hoy aparecen entristecidas por un color sepia y arrugadas por la edad, recuerdan a la piel del hombre curtido y anciano.

De autores hoy en día imposibles de localizar o bien por el olvido de la editoriales o por causas distintas, estas joyas de una literatura excelente en muchos casos, en otros no, pero siempre comprometida son hoy por hoy mi tesoro más preciado.

Hoy que pensamos que Geogle es la Enciclopedia total, busco en ella títulos y autores y no aparecen no existen, he llegado a pensar que son imaginarios por ello tengo que tocarlos, ojearlos y sentir que están aquí conmigo, cercanos y presentes como parte de mi vida, ellos han vivido junto a mí muchos pasajes buenos o no tan buenos, enfermedades, muertes, alegrías, todo lo que una larga vida arrastra consigo.

Leer en francés hoy puede resultar de una pedantería extraña, pero a mí me encantaba y a mí profesor de lengua francesa más, el me proporcionó algunos libros que por una u otra causa ya no están  conmigo, él era un ardiente lector de Victor Hugo, Los Miserables nos lo hacía leer en la clase así cómo fragmentos de Cromwell o Las hojas de otoño, yo me aficioné a escritores más comprometidos como Louis Ferdinand Céline,  Viaje al final de la noche me impresionó en aquella edad, De un Castillo a otro me hizo ver la complejidad de la política en su más cruda esencia y sus perversos entresijos,  luego llegaron otros como Montherlant, Gide,  Cocteau, Claudel….. en aquella época se encontraban con facilidad en las estanterías de los libreros de Moyano.

Creo que la civilización paso de Grecia a Roma y de esta a Francia que junto a España son las naciones que más han enriquecido la literatura universal, sin olvidarle del pesimismo ruso o del pensamiento alemán, no he podido soportar a los ingleses, quizás por influencia familiar aunque reconozco  su importante contribución a las letras.

Pero los libros que más placer me han dado son aquellos que aparecían casi desahuciados, en un montón apiñados con las esquinas retorcidas al haber sido leídos y releídos una y mil veces y abandonados a su suerte en un cajoncillo con un precio único sobre sus tapas, estos eran para mí los incunables de estos tiempos. Los había de todo tipo, novelas de amor, románticas, obras de teatro, poesía, aventuras y un largo índice de estilos literarios.

Volvíamos casi todos los domingos cargados con unos cuantos libros que mí Padre escogía y que iba leyendo en las noches junto a mi madre. 

A veces me pregunto qué habrá sido de aquellos escritores anónimos u otros escondidos en pseudónimos para poder decir por escrito ciertas desavenencias no muy correctas para el mundo literario.

Hoy, con la vista desgastada, cansada y hasta perdida me consuelo releyendo estos viejos compañeros de viaje que un día yo escogí pero ellos me eligieron previamente para compartir una vida cargada de sueños y nostalgias.
Filoxides el Crítico

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