sábado, 15 de junio de 2019

De las viejas montañas


Puede que aún queden parajes en el mundo dónde la vida se haya detenido,  yo de imaginarme uno de estos lugares lo situaría en la Cordillera del Pamir, allí entre las más alta montañas de la Tierra la vida se habría detenido o ralentizado su evolución durante muchos siglos, casi un siglo de comunismo no pudieron o supieron cambiar las viejas costumbres y las ancestrales tradiciones de los lugareños. Es como si la evolución tardase en pasar por entre los valles que llevan hasta el Indo o hasta su hermana mayor el Himalaya.

Marinetti afirmaba que la máquina de vapor, el cañón de 155mm y el automóvil era la cúspide de la evolución, su programa político basado en el futurismo, murió ahogado por la misma evolución de la que él pretendía ser su sacerdote mayor. Hoy probablemente sería tildado de loco  hasta por sus correligionarios, la sociedad cambia tecnológicamente a un ritmo desenfrenado arrastrando con ella al hombre medio que es incapaz de amoldarse a estos cambios por lo que su incertidumbre se ha acrecentado vertiginosamente, la felicidad del pastor del valle de Ferganá sentado a la sombra de un enorme abeto acariciando a su perro mientras mastica una rama de cardo divisando a los lejos la cima del Ismail Samani puede resultar engañosa para el hombre occidental, él sueña cuándo viaja en poder hacer lo mismo que este pastor pero no puede, ha olvidado lo que es la tranquilidad interior, el desapego por lo material y la vuelta al  pristino comienzo de la eras, el pastor del Pamir como el comerciante alfarero de las bajas tierras de Murghab o el pescador del lago Karakul proveyéndose del sustento necesario en sus heladas aguas viven así.

Quién les iba a decir a aquellos iluminados de finales del siglo diecinueve que al flamante buque de vapor le sustituiría en menos de un siglo el submarino nuclear, al obús  el misil intercontinental, que pasaríamos de la guerra del opio a los cárteres de la droga, de la tranquilidad del terruño a la inseguridad ciudadana. El mundo gira vertiginosamente arrastrando culturas y costumbres, historias y tradiciones, otros demonios nos han invadido llenándonos de inquietud, la deuda pública, el coste de la vida, el final de los combustibles fósiles, la contaminación de mares, la polución de campos y ciudades, las nuevas (viejas) enfermedades. El temor a perder el trabajo, la casa el modo de vivir la estabilidad familiar, el acoso de la inmigración convertida en una invasión en toda regla, el terrorismo, la falta de empleo, la escasez, las guerras religiosas, los nacionalismos rancios , todo ello se ha vuelto cotidiano, se ha enquistado en nuestras vidas haciendo que lo anormal se haya convertido en natural a base de sufrirlo.
                                                                                                                                   Filoxides el Crítico

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