martes, 14 de mayo de 2019

Sobre Infiernos y Dioses



El mundo gira de una manera vertiginosa, en los últimos tiempos el acontecer de hechos de todo tipo han cambiado el paisaje que nos habíamos formado en nuestra sencilla existencia. Uno se para a pensar no más allá de la edad cristiana, al fin y al cabo un rato de vida del planeta para detectar esto que digo. El mundo cambia o evoluciona según el prisma con el que se mire y detrás de mis lentes de miope veo un mundo distorsionado, repleto de imágenes unas veces patéticas y otras, las más, de una decadencia total. 

Es igual el avance tecnológico que tengamos, la cercanía de esa ciencia al consumo humano, este no progresa como lo hizo en siglos anteriores, es difícil explicar las causas de este debilitamiento humano y tampoco es mi intención razonarlo, hombres de ciencia, psicólogos, antropólogos, religiosos y un largo etcétera de estudiosos han escrito mucho sobre esto.

Mi temor es que el pesimismo ha invadido a los más doctos, escorados hasta el punto de hundirse, procuran refugiarse en sus cátedras con la pretensión de permanecer ajenos a la visión dogmatica que pretende sintetizar el todo en uno, aunque este uno sea erróneo.

Desde la perspectiva de los acantilados de mármol Jünger profetizó el obscurecer de las civilizaciones, se adelanto a los acontecimientos no como espectador sino como actor secundario, aún en este caso se refugió en la estética como vacuna ante los horrores de la guerra.

¿Pero y después? Jünger se emboscó, como tantos exiliados estigmatizados por los acontecimientos habidos y desde ese su infierno nos hizo ver el nuestro. Primero desde la perspectiva del soldado, luego del trabajador, más tarde del emboscado y por último del anarca.

“En el transcurso de cuatro años el fuego fue fundiendo una estirpe de guerreros cada vez más pura, cada vez más intrépida. (…) Aquello era distinto de lo que hasta aquel momento había vivido; era una iniciación, una iniciación que no sólo abría las ardientes cámaras del Horror, sino que también conducía a través de ellas (…). ¿Acaso no somos una generación plutónica que, cerrada a todos los goces del ser, trabaja en una subterránea fragua del futuro? Eso que nosotros creamos, y eso para lo que nosotros mismos hemos sido creados, sin duda se revelará mucho más tarde de lo que ahora podemos sospechar. Y tal vez seamos nosotros mismos los que más asombrados nos quedemos cuando lo veamos”. (Tempestades de acero)

Ahora no quedan anarcas, han sido absorbidos o mutilados por una sociedad suicida más cercana a la autodestrucción que a la elevación espiritual.

Ya no se teme al infierno, lo hemos tenido presente a lo largo de estos siglos como para habernos acostumbrado a su terror, ya nada atemoriza al ser humano y por ello tiende a huir (supuestamente) hacia adelante, sabe que su suerte está echada y que solo depende de un cambio de estrategias globales para que su destino cambie de inmediato. Nada hacía presagiar a los alegres viandantes de Bagdad o a los que tranquilamente tomaban el té en alguna terraza la hecatombe que vendría después, lo mismo paso en Trípoli, Alepo y tantas otras ciudades, durante años se convirtieron en infiernos para sus habitantes, como anteriormente lo fueron Dresde, Berlín, Stalingradoy muchas más.

Y mientras esa humanidad procura sobrevivir adormecida entre analgésicos, psiquiatras y consumismo, otra gran parte se mueve en la desesperación y el desencanto. El Trabajador ha sido engañado, ha perdido su importancia en el mundo actual su fuerza ha sido suplantada por la maquina y su futuro se debate entre la miseria y el desenfreno, ahora no tiene protagonismo alguno, este fue absorbido por los sindicatos y estos a su vez por los partidos políticos, entonces comprende que su camino se estrecha, su cosmovisión se debilita hasta ser un simple espejismo y nace le Emboscado, este se refugia en sí mismo, no espera nada del mundo pero se sienta a contemplar desde su emboscadura los acontecimientos, así va puliendo su espíritu, siente que aún conserva su libertad, atrozmente dañada por el sistema y renace, vuelve desde las filas del nihilismo hasta convertirse en el Anarca.

Son muchos los dioses que este mundo ha tenido, estos fueron superados por los titanes, hombres de acero suplantaron a estos y se llamaron Soldado y Trabajador, estos eran los nuevos Olímpicos, traerían el orden y con ello la paz del Cesar, desprecian todo nihilismo burgués, saben de su fuerza y es por ello por lo que son abatidos sin piedad:

“Se ha llegado a una concepción nueva del poder, se ha llegado a unas concentraciones de poder inmediatas, vigorosas. Para poder plantarles cara se necesita una concepción nueva de la libertad, una concepción que no puede tener nada que ver con los desvaídos conceptos que hoy van asociados a esa palabra. Esto presupone, para empezar, que uno no quiera simplemente que no lo esquilen, sino que esté dispuesto a que lo despellejen. (…) La tiranía sólo puede ser posible en aquellos sitios donde la libertad se ha domesticado y diluido en un huero concepto de sí misma”. (La Emboscadura)

Soñar con la libertad no es una utopía más, es el más hondo valor que el ser humano debe atesorar, ha de luchar por ella pues la esencia de su existencia está unida a esta, sin ella se es un pelele en manos de profetas sin escrúpulos, de demagogos farisaicos y de seres con los peores instintos posibles.
Filoxides el Crítico

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