Por la
noche veo al Diablo caminar inquieto por la quietud del bosque.
-Lleva así varias noches.
-Me dice la lechuza que vigila en la seca rama. Anda como desconsolado
se reafirma el mochuelo del molino. Ha perdido la ilusión de existir afirma la
vieja serpiente que anida entre las piedras que protegen el río.
Una tremenda tristeza se refleja en su mortecina tez, ahora no infunde
temor más bien lástima, los animales de la noche sus fieles aliados en otros
tiempos se apiadan de este pobre vejestorio al cual le ha abandonado la
soberbia y el destino.
¡Dios ha muerto! ¡Dios ha muerto! ¡Me ha abandonado a la maldad de sus
hijos! Murmura entre sollozos, mientras se mueve de un lado para otro sin
destino fijo.
-Yo mantenía el orden, el equilibrio, ocupaba el lugar que en su
pretendida omnipresencia no fue capaz de llenar, yo apacigüe su soberbia, saqué
al hombre, su juguete más preciado, de la ignorancia, les di la libertad, el
fuego, la luz. El fue su creador, pero yo soy su libertador.
Así, entre cavilaciones, le veo dar vueltas y vueltas por el camino de
la vida, un camino sin retorno, sin destino. Como una gran noria girando y
girando sobre el mismo eje, un siglo una era, siempre.
¡Dios ha muerto, Dios ha muerto! Años ha lo vaticino el viejo
Zaratustra y nadie le hizo caso, ahora en cambio su hijo más querido su Ángel
predilecto lo ratifica. Su dolor es real ha perdido su guía, su mentor y a la
vez su enemigo. ¿Quién puede presumir de tener a Dios como enemigo? Esta
pregunta se la hacía el Diablo en el albor de los tiempos, ahora no, ahora solo
es el lamento de un desvalido, alguien al que su padre, su mentor ha abandonado
-Pero te que queda su obra, la Iglesia.
Trata de consolarle el solitario del camino, el enterrador, aquel al
que las miserias humanas no le afectan pues está más cerca de la muerte que del
establo desde donde le llegan cadáveres y despojos.
-Allí, en su obra podrás encontrar nuevamente a Dios resucitado.
Continúa el encorvado charlatán entre risas y gemidos. Pues el imbécil
sabe reír y llorar a la vez sin ser consciente de sus actos.
-Bah, su Iglesia.
Contesta el Diablo al que por
primera vez un atisbo de alegría vuelve a sus ojos.
- Yo fui su mejor y más completa obra, con mi creación superó
cualquier acción anterior. Me creó para confundir y amedrentar al hombre. En
cambio su Iglesia no es obra de Él, más bien fue un juego en el que tome parte
y al que luego abandoné a su suerte.
-Pero, te cerró las puertas de su Iglesia, te desterró. Contesta la
grulla mientras desparasita al dormido zorro.
¡No! Hay te equivocas vieja. El no me cerró las puertas, solo que un
espíritu libre como yo no podría nunca estar entre tullidos, deformes, enfermos
y leprosos de alma y cuerpo. Yo amo los bosques, las aguas cristalinas, los
sátiros, los embriagados poetas, las hembras libertinas, el amor. Detesto el
olor a incienso, la frialdad de la piedra, el olor a muerto.
-Pero las gárgolas siempre te representan.
-Yo construí las catedrales. ¿Vosotros demonios del bosque, veis a
Dios y sus enfermos capaces de tal magnífica obra? ¡No! Es mi inspiración y la
de mis adeptos, hombres libres, espíritus poseídos por mi don los que las construyeron, no hay nada
de humano en ellas y menos aún de la mano de Dios.
¿Y cómo ha muerto Dios?
La pregunta de la serpiente calla las voces que murmuraban la
afirmación del Diablo
Ya lo advirtió el profeta, lo ha matado su piedad, el amor de un padre
hacía sus hijos y su dolor, en esto no acertó el orate. A Dios le ha matado su
remordimiento ante el fracaso de su obra. Él creó “el hombre a su semejanza”
dicen los viejos libros y si esto es cierto su obra es bastante inacabada
siendo amable al enjuiciarla. El hombre o mejor dicho la mayoría de los hombres
son un error, al igual que el Dios que les creo o puede que al revés y hayan
sido ellos los que han moldeado al Dios que les interesaba, él que se adaptaba
a sus enfermizos actos y sus malvados deseos. Esa es una incógnita que no he
sabido descifrar en tantos siglos de existencia, pues en ello va también mi
propio ser.
-¿Y ahora que hará el hombre sin el amparo de Dios, viejo Demonio? ¿Se
abrazará a ti como nuevo Salvador, como un nuevo Redentor? Insiste la
serpiente.
-¡No, nada de eso! Yo soy ya un recuerdo en la memoria de viejas en
las noches de invierno, mi turno ha acabado, con la muerte de mi Creador, yo
desapareceré igualmente, no moriré de una forma física, pues soy una presencia
emocional, pero el olvido me irá apartando del mundo hasta desaparecer por
entero.
-¿Y quién ocupará el lugar de Dios y el tuyo? Pregunta el enterrador.
-El Hombre nuevo, este superará a Dios en poder, él impondrá su
Voluntad, liberará a los sanos de las cadenas de la enfermedad, y después
acabará con los enfermos, los malhechos, los tarados esa sub especie que el
anterior Dios ha mantenido para que le honrasen en su desesperación. Abrirá las
ventanas de todos los palacios de la tierra para que el nuevo aire purifique
todo, derribará iglesias, mezquitas y sinagogas, acabará con ritos y salmodias,
sacrificios y ceremonias. Un nuevo Sol iluminará a la lozana humanidad que le
seguirá, siempre al lado pues el nuevo Dios no se proclamará tal sino que
marchará a la par que sus congéneres por el camino de la Libertad y el Valor.
Mientras que mi puesto será ocupado por los hijos de la noche, los que
sobrevivan a la inmolación de los inferiores y de los enfermos.
Durante una Era esto será así, un Nuevo Orden protegerá y defenderá a
todos los seres vivos, nuevas Leyes equiparán al hombre con el animal, serán
prohibidas costumbres hoy consideradas “decentes”, los hábitos de los hombres
cambiaran en una o dos generaciones, las fronteras se abrirán, los hombres
recuperarán la esencia de la Gnosis primigenia y así por muchos milenios, luego
todo esto acabará, la esencia se irá perdiendo, la corrupción del espíritu se
irá haciendo patente en las generaciones, las malas costumbres volverán, la
molicie, la enfermedad se irá haciendo más presente gracias al sentimiento de
piedad que los enfermos que han sobrevivido gracias a la generosidad de los
fuertes irán imponiendo con esa maestría de siglos. Y otra vez en el Eterno Retorno
de lo Idéntico aparecerá el viejo Dios Reformado, con sus mismos vicios y
lacras y con El,
yo con mis tareas de siempre.
Filoxides
de Ursalia

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