viernes, 1 de febrero de 2019

Reflexiones del Diablo.



Por la noche veo al Diablo caminar inquieto por la quietud del bosque. 

-Lleva así varias noches. 

-Me dice la lechuza que vigila en la seca rama. Anda como desconsolado se reafirma el mochuelo del molino. Ha perdido la ilusión de existir afirma la vieja serpiente que anida entre las piedras que protegen el río.

Una tremenda tristeza se refleja en su mortecina tez, ahora no infunde temor más bien lástima, los animales de la noche sus fieles aliados en otros tiempos se apiadan de este pobre vejestorio al cual le ha abandonado la soberbia y el destino.

¡Dios ha muerto! ¡Dios ha muerto! ¡Me ha abandonado a la maldad de sus hijos! Murmura entre sollozos, mientras se mueve de un lado para otro sin destino fijo. 

-Yo mantenía el orden, el equilibrio, ocupaba el lugar que en su pretendida omnipresencia no fue capaz de llenar, yo apacigüe su soberbia, saqué al hombre, su juguete más preciado, de la ignorancia, les di la libertad, el fuego, la luz. El fue su creador, pero yo soy su libertador.

Así, entre cavilaciones, le veo dar vueltas y vueltas por el camino de la vida, un camino sin retorno, sin destino. Como una gran noria girando y girando sobre el mismo eje, un siglo una era, siempre.

¡Dios ha muerto, Dios ha muerto! Años ha lo vaticino el viejo Zaratustra y nadie le hizo caso, ahora en cambio su hijo más querido su Ángel predilecto lo ratifica. Su dolor es real ha perdido su guía, su mentor y a la vez su enemigo. ¿Quién puede presumir de tener a Dios como enemigo? Esta pregunta se la hacía el Diablo en el albor de los tiempos, ahora no, ahora solo es el lamento de un desvalido, alguien al que su padre, su mentor ha abandonado

-Pero te que queda su obra, la Iglesia.

Trata de consolarle el solitario del camino, el enterrador, aquel al que las miserias humanas no le afectan pues está más cerca de la muerte que del establo desde donde le llegan cadáveres y despojos.

-Allí, en su obra podrás encontrar nuevamente a Dios resucitado.

Continúa el encorvado charlatán entre risas y gemidos. Pues el imbécil sabe reír y llorar a la vez sin ser consciente de sus actos.

-Bah, su Iglesia.

 Contesta el Diablo al que por primera vez un atisbo de alegría vuelve a sus ojos.

- Yo fui su mejor y más completa obra, con mi creación superó cualquier acción anterior. Me creó para confundir y amedrentar al hombre. En cambio su Iglesia no es obra de Él, más bien fue un juego en el que tome parte y al que luego abandoné a su suerte.

-Pero, te cerró las puertas de su Iglesia, te desterró. Contesta la grulla mientras desparasita al dormido zorro.

¡No! Hay te equivocas vieja. El no me cerró las puertas, solo que un espíritu libre como yo no podría nunca estar entre tullidos, deformes, enfermos y leprosos de alma y cuerpo. Yo amo los bosques, las aguas cristalinas, los sátiros, los embriagados poetas, las hembras libertinas, el amor. Detesto el olor a incienso, la frialdad de la piedra, el olor a muerto.

-Pero las gárgolas siempre te representan.

-Yo construí las catedrales. ¿Vosotros demonios del bosque, veis a Dios y sus enfermos capaces de tal magnífica obra? ¡No! Es mi inspiración y la de mis adeptos, hombres libres, espíritus poseídos por  mi don los que las construyeron, no hay nada de humano en ellas y menos aún de la mano de Dios.

¿Y cómo ha muerto Dios? 

La pregunta de la serpiente calla las voces que murmuraban la afirmación del Diablo

Ya lo advirtió el profeta, lo ha matado su piedad, el amor de un padre hacía sus hijos y su dolor, en esto no acertó el orate. A Dios le ha matado su remordimiento ante el fracaso de su obra. Él creó “el hombre a su semejanza” dicen los viejos libros y si esto es cierto su obra es bastante inacabada siendo amable al enjuiciarla. El hombre o mejor dicho la mayoría de los hombres son un error, al igual que el Dios que les creo o puede que al revés y hayan sido ellos los que han moldeado al Dios que les interesaba, él que se adaptaba a sus enfermizos actos y sus malvados deseos. Esa es una incógnita que no he sabido descifrar en tantos siglos de existencia, pues en ello va también mi propio ser.

-¿Y ahora que hará el hombre sin el amparo de Dios, viejo Demonio? ¿Se abrazará a ti como nuevo Salvador, como un nuevo Redentor? Insiste la serpiente.

-¡No, nada de eso! Yo soy ya un recuerdo en la memoria de viejas en las noches de invierno, mi turno ha acabado, con la muerte de mi Creador, yo desapareceré igualmente, no moriré de una forma física, pues soy una presencia emocional, pero el olvido me irá apartando del mundo hasta desaparecer por entero.

-¿Y quién ocupará el lugar de Dios y el tuyo? Pregunta el enterrador.

-El Hombre nuevo, este superará a Dios en poder, él impondrá su Voluntad, liberará a los sanos de las cadenas de la enfermedad, y después acabará con los enfermos, los malhechos, los tarados esa sub especie que el anterior Dios ha mantenido para que le honrasen en su desesperación. Abrirá las ventanas de todos los palacios de la tierra para que el nuevo aire purifique todo, derribará iglesias, mezquitas y sinagogas, acabará con ritos y salmodias, sacrificios y ceremonias. Un nuevo Sol iluminará a la lozana humanidad que le seguirá, siempre al lado pues el nuevo Dios no se proclamará tal sino que marchará a la par que sus congéneres por el camino de la Libertad y el Valor.
Mientras que mi puesto será ocupado por los hijos de la noche, los que sobrevivan a la inmolación de los inferiores y de los enfermos. 

Durante una Era esto será así, un Nuevo Orden protegerá y defenderá a todos los seres vivos, nuevas Leyes equiparán al hombre con el animal, serán prohibidas costumbres hoy consideradas “decentes”, los hábitos de los hombres cambiaran en una o dos generaciones, las fronteras se abrirán, los hombres recuperarán la esencia de la Gnosis primigenia y así por muchos milenios, luego todo esto acabará, la esencia se irá perdiendo, la corrupción del espíritu se irá haciendo patente en las generaciones, las malas costumbres volverán, la molicie, la enfermedad se irá haciendo más presente gracias al sentimiento de piedad que los enfermos que han sobrevivido gracias a la generosidad de los fuertes irán imponiendo con esa maestría de siglos. Y otra vez en el Eterno Retorno de lo Idéntico aparecerá el viejo Dios Reformado, con sus mismos vicios y lacras y con El,
yo con mis tareas de siempre.
Filoxides de Ursalia

No hay comentarios:

Publicar un comentario