jueves, 20 de abril de 2017

Hamlet en España



“Hay algo podrido en el Estado de Dinamarca”
Esta frase de Marcelo a Hamlet, se podría aplicar sin ninguna falta de actualidad a la situación política española de hoy día. “Algo huele a podrido en España”, digo esto con tristeza y pesar pues España me duele como le duele a un hijo los errores de sus padres.

Nos desayunamos diariamente con un nuevo caso de corrupción, ayer y antes de ayer y probablemente hoy y mañana, día tras día leemos, escuchamos o vemos en imágenes de televisión como la guardia civil a instancias de una juez interviene en un despacho, oficina o domicilio de uno de nuestros políticos, hay cientos de encausados por fraude, cohecho, falsedad de documentación mercantil, prevaricación, etc. No se libra nadie, políticos, jueces, empresarios, todos los estamentos del Estado y de la sociedad están impregnados de faltas y delitos de distinta consideración, nadie se libra o al menos esa es la sensación que dejan ante la mal llamada opinión pública que asiste al lamentable esperpento con cierta resignación pues es imposible actuar ya que el lodo de la corrupción nos alcanza a todos.

“Sabemos lo que somos pero no lo que podemos llegar a ser”.

 Me agarro nuevamente a una frase de Hamlet para intentar encontrar una explicación ante tanto desmán. La sociedad está podrida en su esencia lamentablemente, el desapego hacía las instituciones, la falta de ética en nuestro quehacer diario, esa picaresca maliciosa que se represento en nuestra literatura en la edad de oro sigue aún vigente, el español prefiere el antihéroe al personaje ejemplarizador, la travesura a la seriedad, el desorden al respeto del orden. 

En todos y cada uno de nosotros hay más de Sancho que de Alonso de Quijano y solo esperamos nuestro turno, si llega en la vida, para hacer aquello que ahora denostamos o que criticamos a otros. Hemos recibido una educación dónde el rezo y la oración estaban por encima de otros valores como solidaridad o convivencia, los que somos viejos sabemos de esto, pero desde hace años esa educación no ha mejorado, la religión es optativa en la escuela pero esta asignatura no ha sido seriamente mejorada por otras que elevasen los valores éticos por encima de esta.

El Estado en su estructura es sólido a pesar de todo y de todos; asaltado continuamente por una manada de personajes de diferente etiquetaje político en constante lucha no por mejorar la vida del resto de los ciudadanos sino por mejorar la suya y la de sus allegados, este se mantiene (el Estado) inmóvil en sus estructura esperando que un nuevo proyecto sustituya al anterior, así hasta que esa solidez no aguante más y termine por resquebrajarse definitivamente.

Entonces ya no habrá “salvapatrias” ni se necesitaran, la anarquía, el caos sustituirán al malogrado Estado y la ley de la selva se apoderara de la sociedad que ante el grito de “Sálvese el que pueda” terminaran de liquidar lo que quede de Estado.

¿Qué acontecerá después? ¿Una Dictadura? ¿Y de qué índole?

No nos engañemos, la historia está repleta de acontecimientos similares, las dictaduras no solucionan el problema, puede que hasta lo agraven aún más pues la semilla del mal está dentro del alma colectiva del pueblo. Han sido muchos siglos de atraso ante lo que la ética que se implantaba en Europa y por ende en el mundo civilizado tomaba un camino muy distinto al nuestro. La corrupción no es un caso de ahora, no es nuevo en la sociedad española, anida en ella desde hace siglos y puede que desde siempre, es parte de nuestra idiosincrasia, lleva unida a nuestra forma de ver la vida y de concebir la propiedad muchos siglos. Del hurto, al robo y de este al crimen son pasos muy cortos, no hemos adecuado nuestra justicia al devenir de los tiempos, aquí se devolvía por impago una letra de cambio y no pasaba nada, el pagador daba un talón sin fondos y lo mismo, el fraude fiscal es constante en pequeños intercambios comerciales y los distintos gobiernos lo saben y lo mantienen pues mucho del éxito económico se apoya en esto.

Los políticos no quieren la independencia del poder judicial y este tampoco quiere ser independiente pues en la mayoría de los casos se debe a una concepción política concreta, es la pescadilla que se muerde la cola. Aunque algunos jueces honestos arruinen sus carreras defendiendo su integridad, actuando sin más sentido que el de imponer justicia sea quien sea el implicado, los resortes del poder consiguen mediante triquiñuelas legales que este juez o jueza sean apartados, revocados o simplemente desplazados a otros cargos para que no entorpezcan la marcha de la “justicia”.

Esta situación desgraciadamente está siendo aprovechada por gente sin escrúpulos, iguales o peores que los que ostentan o ocuparon el poder años atrás y que con una demagogia a veces insultante para la razón humana prometen solucionar el problema, cuando sin tener que indagar mucho vienen ya de antemano con las manos sucias por el mismo mal que pretenden erradicar.
Filoxides el Crítico




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