jueves, 13 de abril de 2017

Areté, la virtud perdida



Si por esas veleidades de la imaginación pudiéramos intercalar cosas, hechos y personajes de  otro tiempo  con las actuales, probablemente habría muchas similitudes, no tanto en las cosas pues estas han variado mucho en su forma y utilidad, pero si en cuanto a hechos y personas.

Hoy podríamos comparar a ciertos personajes históricos con los actuales solo cambiándoles vestimenta y modos, algunos encajarían sin ninguna reticencia aunque  a decir verdad solo serían casos aislados.

¿Quién no soñaría con la aparición de un Pericles con toda la grandeza que en su época creó, o más recientemente en el tiempo a Lorenzo de Médici? Y probablemente encontraríamos semejanzas en nuestros días.

Pero si llevamos estas intrusiones imaginativas al mudo del pensamiento del cual su hijastra la política adquiere conocimientos, estas elucubraciones se empobrecen y no por que no haya habido en la antigüedad todo tipo de “ejemplares” como para poder encontrar su sosias en estos días sino que al igual que diría Nietzsche ¡¡Malhaya, esto decae, la humanidad se aleja de su verdadero sentido en el mundo!!. Hoy esta valoración esa multiplicada al máximo.

El empobrecimiento no es solo una cuestión de voluntades físicas, al contrario, la decadencia está avalada por esa pérdida de búsqueda de la virtud, al contrario que los cínicos de la Arcadia, hoy nuestros políticos no hayan en el “Areté” ningún interés, más bien les molesta que la búsqueda de las tres virtudes que el ciudadano se aplicaba para serlo tengan hoy en día valor ninguno.

La “Sofrosine (moderación e equilibrio) Se ha sustituido por el insulto, la provocación, la maledicencia y la injuria. Al político actual le importa poco el cómo sino el para qué y no le importa mentir, sobornar, ofender con tal de llevar a cabo sus propósitos.

La “Andreía” (Valentía) No está bien vista, como dije anteriormente el insulto al amparo de la masa de prosélitos o del escaño con el aplauso de estos, esconde a un potencial y malvado cobarde, dónde esta virtud no es siquiera conocida como para interpretarla de alguna manera.

La última, “Dicaiosine” (La Justicia) Como consecuencia de las anteriores, es imposible que se aplique la justicia cuando los valores o mejor dicho los impulsos que mueven al sujeto político se basan en la maldad.

Podría poner nombres y apellidos de muchos personajes que hoy recorren foros, senados y ágoras, reptando cual serpientes en plena incubación, estos hombrecillos adquieren cierto poder por su falta de principios (Areté), mientras la excelencia política aforada en unos pocos, cada vez menos es considerada como simple reflejo del pasado.

Para finalizar, considero oportuno una simple reflexión. ¿Hay hoy en día algún gran político en el globo terráqueo? Pensemos con calma, esto nos podría llevar horas, días si acaso y hasta cierta añoranza por aquello de qué: Lo pasado fue mejor.
Filoxides el Crítico

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