Si por esas veleidades de la imaginación pudiéramos intercalar cosas,
hechos y personajes de otro tiempo con las actuales, probablemente habría muchas
similitudes, no tanto en las cosas pues estas han variado mucho en su forma y
utilidad, pero si en cuanto a hechos y personas.
Hoy podríamos comparar a ciertos personajes históricos con los
actuales solo cambiándoles vestimenta y modos, algunos encajarían sin ninguna
reticencia aunque a decir verdad solo
serían casos aislados.
¿Quién no soñaría con la aparición de un Pericles con toda la grandeza
que en su época creó, o más recientemente en el tiempo a Lorenzo de Médici? Y
probablemente encontraríamos semejanzas en nuestros días.
Pero si llevamos estas intrusiones imaginativas al mudo del
pensamiento del cual su hijastra la política adquiere conocimientos, estas
elucubraciones se empobrecen y no por que no haya habido en la antigüedad todo
tipo de “ejemplares” como para poder encontrar su sosias en estos días sino que
al igual que diría Nietzsche ¡¡Malhaya, esto decae, la humanidad se aleja de su
verdadero sentido en el mundo!!. Hoy esta valoración esa multiplicada al
máximo.
El empobrecimiento no es solo una cuestión de voluntades físicas, al
contrario, la decadencia está avalada por esa pérdida de búsqueda de la virtud,
al contrario que los cínicos de la Arcadia, hoy nuestros políticos no hayan en
el “Areté” ningún interés, más bien les molesta que la búsqueda de las tres
virtudes que el ciudadano se aplicaba para serlo tengan hoy en día valor
ninguno.
La “Sofrosine (moderación e equilibrio) Se ha sustituido por el
insulto, la provocación, la maledicencia y la injuria. Al político actual le
importa poco el cómo sino el para qué y no le importa mentir, sobornar, ofender
con tal de llevar a cabo sus propósitos.
La “Andreía” (Valentía) No está bien vista, como dije anteriormente el
insulto al amparo de la masa de prosélitos o del escaño con el aplauso de
estos, esconde a un potencial y malvado cobarde, dónde esta virtud no es
siquiera conocida como para interpretarla de alguna manera.
La última, “Dicaiosine” (La Justicia) Como consecuencia de las
anteriores, es imposible que se aplique la justicia cuando los valores o mejor
dicho los impulsos que mueven al sujeto político se basan en la maldad.
Podría poner nombres y apellidos de muchos personajes que hoy recorren
foros, senados y ágoras, reptando cual serpientes en plena incubación, estos
hombrecillos adquieren cierto poder por su falta de principios (Areté),
mientras la excelencia política aforada en unos pocos, cada vez menos es
considerada como simple reflejo del pasado.
Para finalizar, considero oportuno una simple reflexión. ¿Hay hoy en
día algún gran político en el globo terráqueo? Pensemos con calma, esto nos
podría llevar horas, días si acaso y hasta cierta añoranza por aquello de qué:
Lo pasado fue mejor.
Filoxides
el Crítico
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