martes, 4 de febrero de 2020

La Noche y el Frío



En las largas noches de invierno uno trata de sobreponerse  al rigor del frío por diferentes maneras. La mejor, por supuesto, es estar próximo a una buena estufa, calefacción o chimenea, la comodidad ante todo. La penas, los sufrimientos han sido superados gracias al desarrollo económico de la sociedad en que vivimos y que nos hace sentirnos como aquellos nobles de la Antigüedad.

¿Todos? Todos no, desgraciadamente, solo una parte de la sociedad goza de comodidades mientras la otra se muere de frío o de calor según las circunstancias y la fortuna.
Es en estas fechas cuando recuerdo mi infancia, sobre todo aquellas noches frías con la única protección de una estufa de gas o un infernillo eléctrico, el cual solo te calentaba si prácticamente estabas sentado encima del.

 Solía escuchar música en un viejo gramófono mientras mi madre nos hacía la cena a mi hermana y a mí, papa solía llegar tarde de trabajar y casi siempre nos pillaba en la cama. Aquellos discos enormes de 33 revoluciones nos entretenían mientras llegaba la cena, teníamos una buena colección que había ido agrandando mi padre poco a poco pues no íbamos muy holgados económicamente, discos con los más variados temas desde Jazz a música clásica y sobre todo tangos, a mis padres les encantaban los tangos, así que más de la mitad de la colección eran discos de grandes orquestas de tangos, Francisco Canaro, Alfredo de Angelis, Fulvio Salamanca, el acordeonista Alfredo Ataddia y solistas como Gardel,  Julio Maria Sosa, Alberto Castillo, Libertad Lamarque y otros más.
 
Nunca llegué a saber el porqué de esta afición de mis padres hacia el tango argentino, solían bailarlo y lo hacían bastante bien según la opinión de amigos y familiares. Entre los otros estilos musicales destacaban las grandes orquestas americanas y cubanas quizás en aquellos años, los cincuenta, fueran las orquestas cubanas las mejores de siempre, la orquesta de Neno González, Orquesta América, Riverside y otras que no recuerdo, entre las americanas Benni Goodman, Gleen Miller, Arthie Shaw….. y luego un buen número de obras clásicas, Beethoven, Mozart, Debussy, Vivaldi, Falla, Granados, Albéniz, ya os digo que teníamos una muy buena y variada colección. Luego por una coincidencia bastante larga de contar me interesé por la opera, fue escuchando a Wagner en Rienzi con una orquesta bávara creo que dirigida por Solti o Karajan no recuerdo cual, aquella obra me encantó, leía el libreto mientas la escuchaba y me impresiono el personaje de Nicola Rienzi, un tribuno romano enemigo de la nobleza y que intentó unificar Italia.

Asi que entre disco y disco, libreto y libreto llegaba la cena, esto apaciguaba el frío, cenábamos mi hermana y yo mientras mi madre se tomaba un café esperando para cenar después con mi padre, el café para mi madre era un ritual solía tomar cuatro o cinco al día que yo contará probablemente podía tomar más, era su droga, así lo llamaba ella.

Noches largas por el frío y porque me lo parecían a mí. Siempre me ha encantado la noche, el silencio de esta me cautiva o al menos cuando era niño, ahora el silencio es diferente, los ruidos por distintas causas no cesan en las noches actuales además la gente se acuesta más tarde y se levanta antes, cosas de los horarios laborales o del cambio de costumbres.

Ahora me engancho a otros temas musicales como las músicas de otros países, desde las Antillas, el Caribe hasta Japón, en ella se descubre parte de la historia de estos países pero también su cultura, sus pesares y sus alegrías. Es por esto que hay músicas que son tristes, enormemente tristes como los pueblos que las tocan o las cantan, pongo como ejemplo la rusa. Son canciones tristes, de un pueblo melancólico que sin llegar a conocerlo sabes que las noches han de ser muy frías y que sus gentes deben ser muy atribuladas. Cuentan que el varón ruso tiene la media de vida más corta de todos los pueblos blancos, no superan los setenta años de media, el vodka puede tener parte de culpa de esto, pero no es esa la causa principal.

Para mí, la razón se detecta en su música. Es una música coral, triste, penosa como si fuera cantada por una masa de esclavos sin posibilidad de redención, la canción de un pueblo triste, compositores románticos como Rimski-Korsakov,  Borodin, Puskhin, Glazunov….. y otros como Glinka o Tchaikovski representantes de la música nacionalista rusa.

Algo parecido aunque de distinta tonalidad y formas  es nuestro flamenco, en su parte gitana o en la típicamente andaluza. El flamenco gitano no tiene nada que ver con otras músicas o cantos de pueblos étnicamente iguales de otras partes de Europa, ahora pretenden crear una especie de movimiento unificador “Gipsy” que suma a calós, bohemios, zíngaros, manuches o kalderash y otras tribus de Oriente o de América.

El flamenco gitano, su cante es triste, desgarrador, imagen de un pueblo marginado, excluido o excluyente en algunos casos; no llego a entender su música, me resulta extraña, lejana no tiene para mi ninguna connotación con otras músicas más familiares.

En fin el frío te hace pensar y hasta desvariar mucho, sobre todo durante estas noches que los agoreros predicen que les queda poco a causa del calentamiento global. No sé si esto me alcanzará a mí, el proceso es lento aunque cualquier actividad natural apoya las teorías de estos profetas del apocalipsis. 

Hoy me he preparado unos cuantos CDs con temas de Prokofiev, (Alexandr Nevski) y Antón Arensky (Concierto para trios). Así la noche me recordará mi infancia, solo que entonces me aguardaba un largo futuro y ahora este está llegando a su fín.
Filoxides de Ursalia

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