domingo, 16 de junio de 2019

Esconderse en la locura


Esconderse en la locura
“Apuntes de una vida, indicios
de otra, si alguien me lee acaso
en este espejo torpe
verás su propio rostro”.
(Alfonso Costafreda)
Puede resultar inútil mirar en el reverso de un espejo, todos esperamos ver la espalda de la figura reflejada, pero no es cierto, o al menos yo en mil intentos no lo he encontrado, al principio me frustraba un poco, ¿O Quizás mucho?, ¡Va, ahora no lo recuerdo! Pero cuando cae la tarde lo vuelvo a intentar, veo sombras pero no es el revés de la figura así que apago la luz y abandono la sala de los espejos.
Citrón lo hacía, seguro que lo hacía, solía esconderse en las noches de luna roja detrás de los amplios cortinajes de aquella destartalada casona, era una herencia de sus padres, lo único que aquellos miserables hebreos le habían dejado, esa casa e innumerables deudas que Elías Citrón iba solventando con la venta de algunos muebles y de las temperas con los retratos de sus clientes, algunas son un verdadero bodrio, pero el cliente queda contento y Elías cobra sus buenos chelines y contadas veces alguna guineas.
Nunca entendí el sistema monetario inglés, creo que ellos tampoco pero como son tan hipócritas hacen ver lo contrario. Chelines, peniques, guineas, coronas, libras……. Una locura como todo lo británico, por ello siempre he preferido el sistema métrico decimal, menos en las medidas del contorno femenino, hay me pierdo, me encantaría parecerme a Botero, ese grosero escultor de pesados bloques con aires femeninos, pero también a Velázquez y atreverse a reflejar en un lienzo la fealdad de la familia Real Española.
Paseo toda la noche por los arrabales de Paris, esta ciudad tiene hechizo o al menos a mí me lo parece, el Sena esta serpiente que zigzaguea la ciudad tiene más historia que la propia Notre Dame, dicen los borrachos de Monparnasse que las noches de luna ropa los artistas salen del cementerio del barrio a bañarse en el Sena, allí han visto a Baudelaire junto a Sartre y Beckett, la muerte consigue extrañas amistades, yo no me imagino paseando a Lenin en el Kremlin actual y menos bañarse en el Moscova, claro que Lenin no era un artista ¿O si?.
Otros orates afirman que las gárgolas de Nuestra Señora bailan y se solazan en las noches de Todos los Santos, Céline estaría encantado en un viaje semejante a este aquelarre no humano, Destouches era un buen médico pero mucho mejor como inquisidor del alma humana. Puede que ese ritual de piedras con formas diabólicas sea un presagio del Armagedón o final de los tiempos bíblicos, para esto los hebreos son muy catastrofistas, para ellos todo tiene un final trágico, puede que tengan razón bastante contribuyen ellos para que sea así.
Me siguen cautivando los espejos, me imagino a la ninfa Dafne si hubiera visto su belleza reflejada en uno de estos cristales sobre una capa de mercurio ¿Le habría negado su amor a Apolo?
Sin embargo, aunque sus inmortales versos
no lograron su objeto, tampoco fueron en vano.
Todas menos la Ninfa, que debería reparar su agravio,
escucharon su pasión y aprobaron su canto.
Y así como Apolo recibió el premio que no esperaba,
intentó abrazar a su amor
y se llenó los brazos de laurel.
                                                                                                            Edmund Waller (1606-1687)

Este poema me encanta, supongo que Walller sería un devoto del cristal reflejante, el bueno de Cyrón de Asmodia lo era, cubrió las paredes de su casa, en las afueras de Lyon, de enormes espejos y acristaladas ventanas por dónde entraban los rayos del sol entre las rosetas pintadas en ellos, la gran guerra acabó con todo, la resonancia de los obuses destrozaron todo espejo llevándose con ello las miles de imágenes retenidas. Cyrón no lo superó, dicen que fue visto años después deambular por las calles de Marsella.

Sigo oyendo vítores y clamores en la calle, he tenido que correr los cortinajes para poder aminorar el ruido, pero el vocerío es ensordecedor. Claman por la victoria de Cesar en el Capitolio, la plebe tendrá días de circo y pan, vino y carnero. Uno no debería comer a los de su especie, al menos eso me enseñaron a mí en las escaleras del Ática. Ese Sócrates era un pelmazo, se merecía la cicuta, todo hombre bueno no puede llegar a viejo y Sócrates lo hizo; los Dioses recogen la cosecha pronto, no pueden permitir que sus mejores hijos se estropeen en una larga vida.

Brasillach se fue así, pronto tal como auguran los Dioses para los mejores, aunque él ayudo a ello, se equivocó de amigos y subestimo a sus enemigos, a mí me ocurre lo mismo por ello procuro salir por la noche a la calle, no quiero que los dioses se confundan y se lleven con ellos a este pobre viejo, la noche es mujer por lo tanto astuta e inteligente, siempre superaran en esto a los hombres por ello las verdaderas mujeres no quieren igualarse a los hombres.
Filoxides el Crítico


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