miércoles, 11 de julio de 2018

ADIOS, MI FIEL AMIGO.



Nunca pensé que podía llegar este día, confiaba irme antes que tú, pero los dioses no me han concedido esta gracia. Han sido unos años maravillosos , once años juntos, unidos como dos buenos camaradas, hemos compartido grandes ratos, agradables paseos y el mismo techo, hemos procurado que no te faltase nada y te sobrara cariño.


Has sido el perro más fiel de los que he tenido, el más leal y como no el más terco. Tú infancia no debió ser muy agradable, te recogieron atado a un árbol de cachorrillo y fuiste a parar a un refugio para animales, te adoptaron y te devolvieron a la semana de nuevo al refugio.

Un doce de octubre del dos mil siete nos conocimos, tú encerrado en una especie de pozo y yo buscando un amigo, enseguida coincidieron nuestras miradas, tú me pedias que te sacará de allí y yo que te vinieras conmigo.

Han pasado once cortos años, hemos viajado juntos, disfrutaste en tu furgoneta de los mismos viajes que nosotros, tú amita y yo, nos ha llovido, nevado y nos hemos bañado juntos, en ríos, pantanos y en el mar, aunque este último no te gustase mucho, has comido de nuestra comida, has dormido a nuestros pies, me has ayudado en mis malos momentos con tú presencia y tus gestos de cariño y yo no sé si he estado a tú altura, ahora me arrepiento de las veces que te haya regañado, las personas somos así, mientras que los perros y especialmente tú carecéis de rencor y de malicia.

Ahora me has dejado solo, quién me va a mirar con esos ojos de ámbar cuando me quedaba hasta las tantas trabajando, leyendo o escribiendo, a quién le voy a contar mis sinsabores, mis dudas y mis miedos. Te has ido sin más, la puñetera enfermedad ha podido más que nuestros cuidados, solo nos queda la seguridad de que no has sufrido y que al menos has disfrutado de todo hasta el último momento.

Ahora podrás correr junto a Argos y Sirio, puede que Blondi y Sussi te estén esperando allá en los llanos del cielo, allí encontrarás también la felicidad, lejos del dolor, la enfermedad y la vejez, os contaréis mil y una aventuras, ladraréis a las estrellas y a la luna todos en grupo y de vez en cuando echarás un vistazo aquí abajo dónde tus amitos te seguirán recordando hasta el final de los días.

Ana y Paco, papas de Morgan

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