lunes, 9 de julio de 2018

Sobre el Mundial


El Mundial de Fútbol se está acabando y con él el sueño de futbolistas, aficionados y agentes incluidos. Unas Selecciones a priori consideradas favoritas se han ido para casa mucho antes de lo que pensaban los aficionados, la prensa y las casas de apuestas, y con ellas embarcadas en la misma suerte un buen grupo de “estrellas” del balompié consideradas por todos lo mejor de este deporte.

El Fútbol siempre ha sido un deporte de masas, más bien un gran espectáculo mundial desde hace ya muchos años, países enteros se paralizan ante la final de un campeonato y mucho más en unos campeonatos mundiales, la economía del país anfitrión lo nota, hoteles llenos, restaurantes, bares a rebosar, las agencias de viajes hacen su agosto (nunca mejor dicho), la televisión y un gran número de negocios asociados a este monumental negocio.

Pues esto es en definitiva lo que el evento futbolístico es: un gran negocio. Probablemente sean los jugadores los que menos parte se lleven del pastel aunque la prensa escriba fichas millonarias en los nuevos contratos que se firman durante y después del mundial.

Los agentes, los que no pegan una patada  al balón se llevan una buena tajada, así como casi todos los que participan de una u otra manera y uno se pregunta si este enorme tinglado solo es un negocio deportivo.

La concepción internacionalizada del mundo del fútbol es algo más que la suma de unas federaciones deportivas nacionales que se unen para llevar a cabo cada equis tiempo campeonatos continentales, regionales y mundiales.
Al igual que en el Imperio Romano, los juegos vienen bien a Cesar como actualmente a los dirigentes de la UEFA ¿Pero que hay detrás?.

Últimamente la justicia internacional ha tenido que intervenir ante los “trapicheos” de algunos de sus dirigentes, pero…. ¿Son estos la cabeza real del entramado? ¿Qué hay más allá?.
La obsesiva y demagógica insistencia del no al racismo cuando de las cuatro selecciones que han llegado a las semifinales, (Inglaterra, Francia y Bélgica) son un conglomerado de jugadores de distintas razas, etnias y colores. Ver a la selección de Francia es ver a una selección de jugadores africanos, Bélgica e Inglaterra igual, el aborigen del país brilla por su ausencia, la mayoría son foráneos nacionalizados a los que solo hay que ver en la televisión su silencio ante la interpretación de los respectivos himnos nacionales.

¿Es esa, verdaderamente la representación del país? El populacho romano pedía al Cesar la ciudadanía y la libertad para el vencedor de los juegos, así les hacían uno de los suyos.

Es admisible que un equipo de fútbol como ente  o empresa privada pueda tener aquellos jugadores de diferentes países que crea oportuno dentro de los límites que sus federaciones marquen, pero la Selección es otra cosa, es la representación deportiva de un país y esta debe estar formada por naturales de él y no valen excusas de naturalizados, nacionalizados u otras consideraciones.

Marroquíes, congoleños, argelinos, deben representar a sus verdaderas naciones y no a las que por intereses económicos les acoge. La polémica surgida por la fotografía de un jugador alemán de origen turco con el presidente de este último país es un caso más de la manipulación del verdadero sentir de estos deportistas o del negocio que para ellos supone estar en una selección en la que el dinero a recibir es superior al del país de origen.

De la parte del negocio solo vemos la positiva, es decir, la de aquellos jugadores que han llegado a la cima. ¿Pero, y el resto? Cuántos de esos críos que salen de su país ilusionados (engañados)  hacia un próspero futuro se quedan por el camino y ¿Dónde acaban? En categorías regionales los más afortunados mientras de otros nada se vuelve a saber, engullidos en un país que aparte del fútbol no les ofrece nada.

La UEFA lava su alma con ese mensaje televisivo de ¡No, al racismo! Y ya se sienten exhumados de cualquier responsabilidad, han creado un monstruo enorme, un monumental negocio dónde el dinero se lo reparten unos pocos, y no son precisamente los jugadores los más beneficiados. Cierto es, que de este Mundial saldrán nuevos contratos, nuevos campeonatos y mejores salarios, todo con la finalidad de mantener un supra negocio que ya solo es un espectáculo y que lo deportivo amén de lo patriótico ha quedado relegado a un segundo o tercer plano.
Acabará el Mundial y lógicamente habrá un ganador, este se hará una piña con sus entrenadores, utilleros, médicos, fisios, masajistas, cuerpo técnico y cantarán el himno, el que sea da igual y los aficionados lo cantarán igualmente pero el verdadero sentimiento, el de los que se sienten verdaderamente identificados con los valores que ese himno propone, aunque sean ganadores se sentirán en cierto modo defraudados.

 

Filoxides el Crítico


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