domingo, 26 de marzo de 2017

El Arco del Cielo




Ya hace un año que dejé aparcada mi novela: La Historia Inverosímil de Rudolf Haller. Los primeros capítulos fueron obra de ciertas ensoñaciones que me inspiraron tanto el relato como la figura de Rudolf, hasta el punto que llegué a confundir el sueño con la realidad; fueron días febriles dónde intentaba escribir sin errores todo lo que había soñado la noche anterior.

De repente los sueños cesaron dejándome vacío, sin poder continuar el relato pues todo aquello que se me ocurría durante el día, una vez escrito, lo borraba por inadecuado, falto de fuerza o simplemente vacío de contenido. Así estuve varios meses hasta que por casualidad alguien me puso en contacto con Ansaldo.

Ansaldo vive en una casita a las afueras de Patones pueblito cercano a Torrelaguna, es una casa rústica, pequeñita dónde un salón con chimenea es la principal habitación de la casa, aquí Ansaldo cocina en un infernillo que coloca en la chimenea dónde siempre hay una tetera con infusiones de hierbas recogidas por él mismo. Arriba en una habitación aguardillada tiene su dormitorio y el lavabo, nada más, algún armario, una mesa, dos sillas y una mecedora son prácticamente los pocos muebles que llenan la casa, eso sí en un rincón frente a la chimenea una estantería repleta de libros destaca entre la sobriedad del salón.

Me acompañó a verle mi amigo “Policrates”, ambos se conocen desde hace bastantes años gracias a la afición de los dos por las hierbas medicinales. M.M. Policrates me contó que Ansaldo se había curado de un cáncer de estomago, el solo, gracias a ciertas hierbas que recogía en determinado momento del día y en algunos en especial.

Ansaldo saludó cortésmente a Policrates llamándole por su nombre real Manuel, este me presenta a mí y le decimos que vamos de parte de Román un viejo discípulo de él, Ansaldo no le recuerda pero nos acepta de igual manera. 

Mientras me recreo observando su casa, Manuel y él charlan sobre ciertas hojas curativas que están depositadas en un tarro y que al parecer solo se dan en ciertas zonas de la sierra madrileña, Ansaldo parece disfrutar al enseñarle a mi amigo toda clase de plantas, hongos, raíces y extraños frutos que en mi vida he visto.

Por fin de percatan de que yo también estoy allí y Ansaldo me ofrece una silla mientras me pregunta cuál es el sentido de la visita. Algo nervioso y un poco ofendido por no haber sido tenido en cuenta durante unos quince minutos que se me hicieron eternos solté de golpe:

-¡Quiero recuperar mis sueños!

-Difícil tarea para un hombre que sigue apegado al pasado y que mira hacia el futuro con preocupación o mejor dicho con miedo. Me suelta de sopetón, sin mirarme mientras sus manos se ocupan de la vieja tetera que desprende vapor en el infernillo.

-Me dijeron que Usted podría hacer que los sueños volvieran tal y como los tuve hace ahora un año y veo que probablemente me haya equivocado de persona.

-Mi querido amigo, yo poco le puedo aportar, es Usted el que tiene o debe tener el control sobre su imaginación, si acaso le puedo indicar cierto entrenamiento que le puede ayudar pero siempre que Usted crea, o más bien tenga fe en ello. 

Mientras me habla, sirve la infusión que estaba preparando en unas tazas de madera, el aroma es especial, extraño, no es desagradable pero me resulta imposible poderlo comparar con algo conocido.

-Tomemos esto caliente viene muy bien para relajarse, dice sin más mientras lo termia de servir.
Me fijo en un trozo de madera oscurecido por el fuego de la chimenea y que está sobre esta, en negro sobre el color marrón oscuro de lo que fue barniz está escrito: El Arco del Cielo, no entiendo lo que significa pero tampoco pregunto por ello a Ansaldo. Tomamos en silencio el extraño potingue y antes de que digamos nada Ansaldo como leyendo nuestro pensamiento dice:
-Nunca utilizo azúcar, es un veneno para el organismo.

-Ni azúcar morena le contesto.

-Tampoco, contesta lacónicamente.

Ahora Ansaldo se levanta de un pequeño taburete que había sacado de debajo de la mesa y dirigiéndose a mí me suelta:

La base para controlar los sueños es principalmente la respiración, hay que hacer una hora antes de acostarse unos simples ejercicios respiratorios mientras el cerebro se queda en blanco y la mirada se fija en un objeto como un libro una lámpara o simplemente en un insecto. Si el cerebro no piensa, es decir solo actúan los sentidos  oiremos el sonido del insecto, el crepitar del fuego de la lámpara o la vibración de las hojas del libro. Al principio resulta difícil poderse concentrarse, para ello se debe inspirar por la nariz pero el aire debe ir al estómago no a los pulmones, y al echar el aire, este debe salir del estómago directo a la boca y de ella afuera, se debe mantener el aire en el estómago todo el tiempo que se pueda, al principio parece que este se hincha y puede llegar a doler pero con la continuidad respiratoria llegaremos a acostumbrarnos a utilizar el estómago más que los pulmones.

-Eso parece yoga o algo parecido.

-No lo sé, pero se debe practicar siempre sentado o como en el yoga en la posición del loto aunque enfermos que estaban en la cama sin poderse levantar lo han hecho con el mismo éxito.

-¿Y con esto se consigue soñar?

-No mi estúpido amigo, con esto se consigue el dominio sobre si mismo y una vez esto se puede mandar órdenes a los distintos órganos fisiológicos para que estos actúen por orden de la Voluntad, separando unos órganos de otros y consiguiendo controlar la función de cada uno. Una vez conseguido esto, tras un continuado entrenamiento se consigue soñar despierto o dormir sin estarlo completamente. Las ideas fluyen, los personajes del libro leído hace horas se recrean en todo su esplendor en la mente pudiendo uno por voluntad propia cambiar el guión a capricho.

-¿ Y….. nada más?

El perfeccionamiento del arte de la respiración lleva meses, incluso años, una vez conseguido el dominio de este se pasa a conocer personajes que ayudan a cada uno a establecer una armonía con sus pensamientos para que estos no lleguen a superar el continente, es decir el pensamiento o ensoñación suele intentar salir, liberarse y vivir su propia existencia sin contar con el cuerpo o el cerebro que lo ha creado y para esto está el Censor del Tiempo, él marca las fracciones ínfimas de tiempo en los sueños para que estos no superen los límites y pongan en peligro la estabilidad emocional del individuo, aquí actúa el Censor deteniendo el sueño y despertando al individuo.

-Probablemente eso es lo que me ocurrió a mi mientras escribía lo soñado, la vida de Rudolf Haller llegó a obsesionarme pero aunque no conseguía quitármelo de la cabeza mientras estaba despierto, tampoco conseguía controlar o mejor dicho clasificar en orden lo soñado.

-Para ello está el Notario de Sueños, él clasifica, ordena y registra todos y cada uno de los sueños para que estos sean recordados en su debido momento. Cualquier Fantasía Onírica es archivada en perfecto orden en nuestro Inconsciente; estas habilidades eran muy propias del hombre primitivo pero se ha ido perdiendo según el hombre ha dejado de soñar sus propios sueños, actualmente los sueños son importados, es decir nos son programados en el cerebro durante el día, el trabajo, la salud, la economía todo lo que se piensa durante el día nos obsesiona por la noche y desplaza a la imaginación hasta suprimirla en nuestro cerebro.

Después de un corto silencio en el que Ansaldo remueve las brasas de la chimenea dónde crujen varios troncos de leña seca que hacen saltar pequeñas chispas azules y que alumbran la oscura habitación, este se dirige a mí en concreto y me dice:

El Universo Onírico es tan real como este o probablemente es el que marca el camino a seguir de los grandes hombres para que modifiquen el Mundo Despierto, es lo que los viejos ermitaños, los druidas, algunos monjes apartados del mundo llaman el Arco del Cielo.
Filoxides de Ursalia

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