Tomarse una botella de vino en compañía de un gran amigo de juventud
está al alcance de unos privilegiados y yo soy uno de estos.
Todos los años Manuel Martín el viejo “Polícrates” viene a Madrid para
unas rutinarias consultas en el Hospital de la Paz, tuvo un buen susto allá por
los noventa, al parecer el corazón no regaba como debiera y desde entonces al
igual que yo tiene controles cada seis meses.
El muy libertino vive “exiliado” junto a su mujer en Cabuérniga desde
que le dieron la baja por enfermedad en la Revista que trabajaba, debe llevar
casado con Luisa cincuenta años más o menos y es que los viejos revolucionarios
somos bastante leales con nuestras mujeres y con los amigos.
Hemos quedado en la Calle Capitán Haya, el se hospeda en un Hotel cercano
desde dónde se desplaza con comodidad al Hospital, allí en una cafetería que
hace esquina con Pedro Texeira le espero sentado en la terraza; hace una mañana
espléndida, parece mentira que estemos en invierno aún pero los pocos árboles
que hay en el entorno están floreciendo.
Veo acercarse a mi buen Manolo con paso firme, debe estar cercano a
los setenta si no los ha cumplido ya, mantiene ese buen porte de las gentes del
Norte, su pelo está gris pero le cubre totalmente la cabeza y lleva gafas de
sol, para presumir cómo siempre dice.
¡¡Qué tal viejo amigo, cómo te va!!
Me pega un abrazo que hace que
me suenen todos los huesos de la espalda. Siempre ha tenido bastante fuerza y
le gusta demostrar que aún la tiene.
-¡Muy bien, aun que no tanto como a ti!. He oído que estas como un
roble.
-Jajajaja, será por lo viejo…pero no me puedo quejar, el doctor me ha
dicho que hasta el año que viene no pase por allí que estoy bien y que me
largue para Cantabria.
-Eso es que se ha dado cuenta de lo pesado que eres y te ha echado de
allí por ello.
Reímos como niños; Manolo se va al lavabo y yo mientras tanto pido la
carta de vinos, este viejo cántabro de adopción pues nació en Madrid le gusta
el buen vino y el mejor jamón, así que me adelanto a su elección para
sorprenderle.
-¡Hombre, al fin has aprendido algo bueno, te has pasado al vino.
Me suelta de sopetón mientras se sigue subiendo la cremallera de la
bragueta que se le debe haber atascado.
-Esta mierda de cremallera me tiene cabreado, se engancha cada dos por
tres.
-¿No pensaras que te la suba yo, viejo inmoral?
-Jajajaja,. Aún me valgo.
La camarera, una chica mulata, nos trae el vino que he pedido y un
plato de jamón, este tiene un aspecto estupendo y desprende un aroma profundo.
-Qué cosas se pierden los musulmanes, Mahoma no lo debió catar, si no
esta prohibición la quita de un plumazo. Dice Manolo mientras se come una buena
loncha.
Conocí a Manuel Martín por pura coincidencia allá por el año 68, fue
en una reunión de chicos y chicas en casa de un amigo en común ya fallecido,
este nos presento y desde entonces hemos desarrollado una muy buena amistad; yo
había dejado los estudios hacía unos meses. La situación económica de mi
familia necesitaba que yo aportara dinero en casa y me tuve que poner a
trabajar, Manolo estudiaba periodismo y lo acabó a los dos años de conocernos.
Vivimos con intensidad aquellos meses locos que derivaron en cambios
sorprendentes especialmente en Europa.
-Mientras en Paris los estudiantes obligaron a De Gaulle a convocar
elecciones y en el bloque del Este, Hungria y Checoslovaquia se rebelaban
contra el poderío soviético aquí vivíamos nuestra “revolución casera”. Dice
Manolo mientras acabamos el jamón.
-Así es pero tuvo connotaciones positivas dentro del país, ciertos
sectores se sensibilizaron ante el aislamiento que nuestra política había
mantenido en casi todos los sectores.
-No te engañes Filoxo, aquello fue un espejismo. Todos de una u otra
manera queríamos cambios, no sabíamos cuales en concreto pero tras la rebeldía
de la edad, la falta de libertad o lo que fuera dimos pie a que las cosas se
arraigaran más, al menos aquí en España.
-Pero tú eras de los que creías en el cambio, recuerdo cuando te
“bautizaste” como Polícrates” en un acto ceremonial dónde intervino el sutil
“Harpago”.
-Si…. Y que termino con cinco o seis cubatas por cabeza y todos con
una melopea del carajo.
-Jajajaja, ya no me acordaba de ello. ¡Si, fue genial! Recuerdo a una
pelirroja que salía con Harpago que se desnudo con un frío de miedo y se puso a
cantar la Marsellesa, menudo pedal.
-En la Revista puede comprobar las consecuencias, años después. Entre
en ella en el año 70 y en la Redacción ya había dos bandos totalmente
radicalizados, uno lo formaban los redactores más viejos, falangistas la
mayoría y que representaban paradójicamente la izquierda y el otro más cercano
al Consejo de Administración compuesto principalmente por personas próximas a
Acción Católica y después al Opus Dei, ni decir tiene que estos últimos
controlaron la Revista hasta su cierre ya en este siglo.
-Pero me has de reconocer que fueron los mejores años de nuestra vida,
aunque no supiéramos hacia dónde se encaminaba esta ni imagináramos remotamente
nuestro destino.
-Efectivamente, fueron sensacionales; devorábamos todos los libros que
olían a apestados, bebíamos como cosacos, reíamos por cualquier cosa y
estábamos felices siempre. Tú obsesionado con Wagner y su espíritu
revolucionario, el pobre Harpago devoto de Lenín hasta que le destinaron por
mediación de la que luego sería su mujer a los Astilleros de La Coruña, allí
terminó su vínculo revolucionario cuando la Empresa le puso un 1.500 a su
servicio con chofer y todo para que visitará los diferentes centros de la
Empresa.
-Yo nunca me fié de él, había algo extraño en su mirada, como si te
estuviera siempre analizando, era como cuando una fiera está pendiente de su
presa antes de devorarla.
-¡Va!, le tenias manía porqué era bastante tacaño y eso te encendía.
-Puede ser que así fuera pero nunca llegué a fiarme de él y su deriva
me demostró que era solo fachada.
-Bueno, eso le pasó a muchos, acuérdate del bueno de Ignacio, en
cuanto el padre le reclamo para que se hiciera cargo de la empresa de pinturas
dejó a la novia, una simpática sindicalista que luego haría carrera en
Comisiones Obreras, y ahora es un empresario de postín liado con una conocida
locutora.
-Ya, pero que quedó de todo aquello, de la necesidad de cambiar el
mundo en parte, al menos en lo concerniente a lo cultural sin dejar a un lado
todo lo social y económico.
-Filoxo, eres un ingenuo, siempre lo has sido, las cosas se hacen y ya
está, nunca esperes nada de ellas. Aquél espíritu revolucionario, anarcoide,
liberalizante si se quiere, acabó en los hippies, el LSD, la caída de De
Gaulle, la OAS, el comienzo del resquebrajamiento del bloque soviético, aunque
este como todo funcionariado tardaría unos cuantos años en desmoronarse y como
no cierto aperturismo aquí en España que hubiera sido más rápido y profundo si
ETA no hubiera estado sustentado el Régimen, sin querer por supuesto, pero sus
matanzas eran correspondidas con un control policiaco propio de una guerra
civil encubierta.
-Aquí las cosas fueron diferentes, al menos eso creo yo.
-Cierto es que las cosas eran diferentes aunque también cierta parte
de la juventud, universitaria principalmente, reacciono en revueltas desde el año 65. La
perdida de de sus cátedras de los profesores Tierno Galván, García Calvo y
López Aranguren, provocaron una reacción de apoyo de muchos otros colegas caso
de Antonio Tovar o J.Mª Valverde que dimitieron, pero todo esto se quedo en el
ámbito universitario y estudiantil, eran años de progreso económico gracias al
Segundo Plan de Desarrollo y los españolitos presumíamos de nuestro seiscientos
o del cuatro por cuatro y la empanada los domingos en el campo o la playa. Aquí
no salió ningún Sartre, fueron los cantautores principalmente Raimon el que
lidero a los demás como Serrat, Rosa León y otros que se unieron a la protesta,
la Iglesia ya comenzaba a ponerse en contra del Régimen que la había sustentado
y protegido en el 36 y dieron pie al Estado de Excepción en el año 69.
-El asalto por la Policía al convento de Capuchinos de Sarria pudo ser
el detonante??
-La Iglesia española siempre ha sido muy cauta en cuanto a compromisos
políticos, consciente de que estos son efímeros, gracias a ello le permiten
sobrevivir dos milenios
-Ella consintió la asamblea del Sindicato Democrático Universitario en
su recinto.
-Efectivamente, pero como te dije, por un lado consentía sino apoyaba
esta clase de “irregularidades políticas” por otro lado apoyaba al Régimen sin
fisuras, son las cosas de la Iglesia.
-¿En el plano intelectual, que fracasó?
-No digo que aquí no tuviéramos intelectuales de talla con conceptos
aperturistas o democráticos pero o no estaban a la altura de Alain Krivine o
Daniel Cohn Bendit en cuanto a su liderazgo universitario, ni en el plano
político teníamos a un Alexander Dubcek, pero tampoco estábamos intervenidos
por la Unión Soviética. Repito la situación económica era buena en general y
los acontecimientos en Madrid o Barcelona no trascendieron al resto de España
ni a los españoles les preocupaba mucho lo que pasaba fuera.
-¡Pan, toros y fútbol!
-En parte sí, pero hay otros aspectos a tener en cuenta, como por
ejemplo la influencia que tuvo en estas revueltas parisinas el partido
comunista francés que veía la posibilidad al igual que sus homónimos checos o
rumanos un cambio hacia lo que le llamó “socialismo humano” y giró hacia el
maoísmo que parecía innovador ante el pesado engranaje soviético, aquí el
partido comunista estaba prohibido y sus dirigentes vivían tranquilamente
esparcidos por Europa sin mucha afinidad entre sus líderes que se acusaban los
unos a los otros de estar vendidos a Franco o que habían sido traidores a la
República. Aquí no existía un Marchais un Cunhal o Berlinger que abanderaran
esa bandera revolucionaria.
Se había hecho tarde, habíamos estado charlando toda la tarde y además
las dos botellas de vino iban haciendo mella en nuestra memoria.
Bueno, creo que se va haciendo tarde.
Manolo mira el reloj y se
levanta haciendo un gesto al a camarera para que se cobre la consumición.
-Nada de eso, Manolo te he invitado yo.
-Tranquilo hombre, déjame pagar al fin y al cabo te lo debía, te había
prometido una invitación la última vez que nos vimos, te dije que si el médico
me daba el alta te invitaría y una promesa es una promesa, además seguro que
Luisa ya está en el Hotel de vuelta de sus compras, seguro que la tarjeta
echará humo.
Nos damos un fuerte abrazo y nos separamos, Polícrates, el viejo Polícrates,
se marcha en dirección al Hotel que está unos cien metros de la cafetería y yo
me vuelvo hacia el aparcamiento dónde deje la furgoneta aparcada.
De camino al pueblo, bajo la ventanilla del coche el aire fresco de la
tarde me despabila de los vapores del vino. Salir de Madrid a estas horas es un
verdadero problema, el tráfico es enorme en todas direcciones, alcanzo la
autopista por fin después de media hora, se ha hecho de noche y el aire es
bastante frío, me vienen a la mente todos los amigos de aquella época,
Polícrates, Harpago,……., todos jóvenes idealistas, en cierto modo equivocados
pero jóvenes ilusionados por las cosas en que creíamos. Hoy las cosas son diferentes
o al menos yo lo creo. Llego al pueblo, ya estoy en casa.
Filoxides
el Crítico
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