Años han
pasado desde que un grupo de abueletes se reunían cada doce de octubre para celebrar
su entrada en combate. Durante muchos años acompañé a mi Padre a estas
reuniones, estaba encantado de escuchar las historias que aquellos veteranos
narraban de sus vivencias en el frente oriental.
Hablaban de todo desde las mantas que les robaban al ejército alemán,
hasta las borracheras que cogían con el coñac que les mandaban desde España,
había de todo, hechos heroicos, picarescos
y también dramáticos aunque estos procuraban minimizarlos lo más posible.
Cada año que pasaba iban acudiendo menos abuelos al restaurante dónde
se reunían, poco a poco la parca conseguía lo que los rusos fueron incapaces,
al final uno de ellos fue mi Padre.
Lógicamente yo no tenía nada que hacer allí, aquellas personas,
valientes soldados habían vivido una epopeya nunca reconocida por sus propios
compatriotas. Hoy en día exceptuando algún acto simbólico por parte del
Ejército no queda nada más que tumbas, en algunos casos, no todos, flores y
algún recuerdo perdido.
Yo sigo celebrando este día por lo que representa para mí y procuro
transmitirlo a mis más cercanos familiares, se lo debo a mi Padre. Nunca fantaseó
de sus vivencias, ni dijo palabra alguna sobre su actividad en el frente, solo
aquellas cosas que cuando se juntaba con sus camaradas de armas y de ideas
recordaban como anécdotas nunca como hechos gloriosos, eran poco dados a
alardes, hicieron lo que creían correcto y se terminó, demostraron al mundo
entero de que una división de voluntarios se enfrentaron al ejército rojo en su
propia tierra, en respuesta a la intervención de estos en asuntos internamente
españoles.
Mientras escribo estas letras escucho al presidente en funciones del
gobierno decir en un mitin electoralista que el mayor logro de la democracia
es: “Hemos conseguido que el dictador salga de su sepultura del Valle de los
Caídos”.
Yo creía y así me lo enseñaron que los logros de cualquier sistema
político en general y de sus dirigentes en particular era solucionar los problemas
graves de su país o al menos poner todo su empeño en conseguirlo.
Al parecer debo estar equivocado, lo importante para “nuestro
presidente” es sacar a un cadáver de su tumba después de cuarenta y cuatro años
sepultado, ahora solo falta que al igual que el papa Esteban VI le siente en su
sillón presidencial le vista de general de todos los Ejércitos y le juzgue,
condenándole y cortándole tres dedos de su mano derecha.
Este “dictadorzuelo de opereta” pretende remover no solo a los muertos
de sus tumbas sino a los vivos en nuestros recuerdos, fiel a la táctica
marxistoide de atacar a las personas y no a las ideas este fatuo engreído piensa
que está en posesión no solo de la verdad sino del poder absoluto. Errores de
protocolo con los Reyes de España, poderes que no debe atribuirse, logros que
no están demostrados, títulos que carece, demagogia a raudales, su vil concepto
de hacer política ha conseguido que problemas superados vuelvan a ser de
actualidad, lo de la exhumación del General Franco es solo una de las muchas
vilezas que este engendro maquiavélico puede poner en marcha hasta la
descomposición de España como nación.
Dadme tiempo, pero mi doce de octubre personal junto a los pocos
símbolos que mi Padre me dejo y que le pertenecieron presagian un futuro
devastador para mi Patria.
Filoxides el Crítico

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