sábado, 12 de octubre de 2019

Mi doce de octubre




Años han pasado desde que un grupo de abueletes se reunían cada doce de octubre para celebrar su entrada en combate. Durante muchos años acompañé a mi Padre a estas reuniones, estaba encantado de escuchar las historias que aquellos veteranos narraban de sus vivencias en el frente oriental.

Hablaban de todo desde las mantas que les robaban al ejército alemán, hasta las borracheras que cogían con el coñac que les mandaban desde España, había de todo, hechos heroicos,  picarescos y también dramáticos aunque estos procuraban minimizarlos lo más posible.

Cada año que pasaba iban acudiendo menos abuelos al restaurante dónde se reunían, poco a poco la parca conseguía lo que los rusos fueron incapaces, al final uno de ellos fue mi Padre.

Lógicamente yo no tenía nada que hacer allí, aquellas personas, valientes soldados habían vivido una epopeya nunca reconocida por sus propios compatriotas. Hoy en día exceptuando algún acto simbólico por parte del Ejército no queda nada más que tumbas, en algunos casos, no todos, flores y algún recuerdo perdido.

Yo sigo celebrando este día por lo que representa para mí y procuro transmitirlo a mis más cercanos familiares, se lo debo a mi Padre. Nunca fantaseó de sus vivencias, ni dijo palabra alguna sobre su actividad en el frente, solo aquellas cosas que cuando se juntaba con sus camaradas de armas y de ideas recordaban como anécdotas nunca como hechos gloriosos, eran poco dados a alardes, hicieron lo que creían correcto y se terminó, demostraron al mundo entero de que una división de voluntarios se enfrentaron al ejército rojo en su propia tierra, en respuesta a la intervención de estos en asuntos internamente españoles.

Mientras escribo estas letras escucho al presidente en funciones del gobierno decir en un mitin electoralista que el mayor logro de la democracia es: “Hemos conseguido que el dictador salga de su sepultura del Valle de los Caídos”. 

Yo creía y así me lo enseñaron que los logros de cualquier sistema político en general y de sus dirigentes en particular era solucionar los problemas graves de su país o al menos poner todo su empeño en conseguirlo.

Al parecer debo estar equivocado, lo importante para “nuestro presidente” es sacar a un cadáver de su tumba después de cuarenta y cuatro años sepultado, ahora solo falta que al igual que el papa Esteban VI le siente en su sillón presidencial le vista de general de todos los Ejércitos y le juzgue, condenándole y cortándole tres dedos de su mano derecha.

Este “dictadorzuelo de opereta” pretende remover no solo a los muertos de sus tumbas sino a los vivos en nuestros recuerdos, fiel a la táctica marxistoide de atacar a las personas y no a las ideas este fatuo engreído piensa que está en posesión no solo de la verdad sino del poder absoluto. Errores de protocolo con los Reyes de España, poderes que no debe atribuirse, logros que no están demostrados, títulos que carece, demagogia a raudales, su vil concepto de hacer política ha conseguido que problemas superados vuelvan a ser de actualidad, lo de la exhumación del General Franco es solo una de las muchas vilezas que este engendro maquiavélico puede poner en marcha hasta la descomposición de España como nación.

Dadme tiempo, pero mi doce de octubre personal junto a los pocos símbolos que mi Padre me dejo y que le pertenecieron presagian un futuro devastador para mi Patria.
Filoxides el Crítico

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