sábado, 8 de diciembre de 2018

De vuelta al pasado.



Estamos acercándonos al final del año y el pesimismo es la nota generalizada en buena parte de la sociedad española.
Cansancio, frustración, aparición de fantasmas del pasado y la perspectiva de un negro futuro se abate sobre nosotros.
Desde mi retiro, jubilado desde hace varios años el horizonte lo vislumbro con la incertidumbre del que no sabe a dónde puede dirigirse una sociedad castigada por su clase política gracias a su ineficacia, su desastrosa  gestión a la que hay que añadir una enorme corrupción de los poderes públicos que arrastran a toda la sociedad.
Esto ha dado paso al crecimiento de movimientos políticos cada vez más radicalizados, cuya pretensión no es la de mejorar la situación laboral, intelectual o material y menos la moral sino la destrucción de todos los valores (pocos ya) que quedaban en la sociedad española.
No tengo ningún interés en posicionarme de uno u otro bando, pues no se trata de grupos ideológicos sino de sentido común, sentido este que por culpa de una minoría asociada a la subversión, se ha ido perdiendo.
La discutible gestión del partido popular ante problemas concretos como es el caso del separatismo catalán, su torpeza en la aplicación del artículo 155 de la Constitución, no porque esta ley no fuera necesaria sino por la forma de llevarla a cabo. La sedición está tipificada en nuestro código penal y hay que actuar con contundencia ante este tipo de delitos.
La corrupción ha sido la otra gran culpable del fracaso del gobierno de la derecha, involucrado este en muchos delitos, ha arrastrado al partido a una debacle enorme, amortizada en parte por la tendencia de los españoles a que nos engañen dos y tres veces si es necesario.
La izquierda, tan corrupta como la derecha se ha visto premiada con la gobernabilidad del país gracias al voto a favor de unos partidos que no quieren a España y que pretenden destrozarla a cualquier precio, esta izquierda se ha vendido por un simple plato de lentejas, sin tener la aprobación de los votos del pueblo, solo con los pactos surgidos con los partidos secesionistas y la extrema izquierda ha provocado un golpe de estado encubierto por el control que estos partidos tienen sobre los medios de comunicación.
El resurgir del españolismo ha sido el desencadenante de una ola de críticas desde las formaciones de extrema izquierda tachándolo de fascismo. No creo que sea fascismo, pues en mi modesta opinión fascismo es lo que el actual gobierno ha organizado conjuntamente con sus voceros de la extrema izquierda (Podemos) proponiendo el guerra-civilismo contra todo aquel que no piense como ellos. La formación de Podemos actúa en las calles al mejor estilo de los camias negras mussolinianos, violencia y desorden, slogans de un ensañamiento inaudito para este tiempo y una provocación constante contra las Instituciones del Estado (léase Monarquía).
No me atrevo a pronosticar cuál va a ser el futuro en estos próximos años, pero me lleno de pesadumbre y tristeza pues creía como muchos de mi generación que habíamos superado aquello que nuestros padres vivieron y que no queremos para nuestros hijos y nietos.
La base de la convivencia está rota, y la ha roto la izquierda revolucionaria con las mismas consignas de hace un siglo, con el mismo estilo, el desorden y la revuelta, quieren la calle y esta es suya como siempre pues la cobardía de la derecha ha sido siempre su mejor aliada. Ellos buscan el enfrentamiento, lo necesitan para enaltecer a sus dirigentes ante sus huestes, necesitan la violencia pues viven entre ella y de ella. Jóvenes parados, fracasados en los estudios, inadaptados, son su caldo de cultivo para la revolución que plantean, los trabajadores no cuentan, estos son en parte un escollo para sus propósitos, el obrero quiere estabilidad económica, mejorar su nivel de vida mediante un salario digno, un trabajo seguro y la posibilidad de progresar en la vida y esto sabe que no se consigue hoy en día con actos revolucionarios propios del siglo diecinueve.
Ahora quedo como un espectador ante lo que ha de venir, espero lo mejor aunque creo que el mejor optimista es el pesimista bien informado y busco siempre la información contrastada para no dejarme llevar por la mentiras de unos los intereses de otros y la docilidad ante el poder de casi todos.
Deseo que el año próximo sea el comienzo de una reacción del pueblo ante tanta estupidez organizada y para ello debe exigir elecciones, tomar el protagonismo y elegir el gobierno que levante la Nación de la situación en la que se encuentra.
España no se merece esto ni a estos, pero desgraciadamente no hemos aprendido de nuestros errores y cometemos los mismos que cometieron nuestro padres y abuelos, solo cambia el entorno material pues el moral e intelectual sigue siendo el mismo, mediocridad, odio de castas, envidia patógena y vandalismo. Nuestros demonios vuelven, se repiten y se convierten en nuestro avatara, en nuestra maldición.
Feliz Año 1.936

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