Estamos acercándonos
al final del año y el pesimismo es la nota generalizada en buena parte de la
sociedad española.
Cansancio, frustración,
aparición de fantasmas del pasado y la perspectiva de un negro futuro se abate
sobre nosotros.
Desde mi retiro,
jubilado desde hace varios años el horizonte lo vislumbro con la incertidumbre
del que no sabe a dónde puede dirigirse una sociedad castigada por su clase
política gracias a su ineficacia, su desastrosa
gestión a la que hay que añadir una enorme corrupción de los poderes
públicos que arrastran a toda la sociedad.
Esto ha dado paso
al crecimiento de movimientos políticos cada vez más radicalizados, cuya
pretensión no es la de mejorar la situación laboral, intelectual o material y
menos la moral sino la destrucción de todos los valores (pocos ya) que quedaban
en la sociedad española.
No tengo ningún interés
en posicionarme de uno u otro bando, pues no se trata de grupos ideológicos
sino de sentido común, sentido este que por culpa de una minoría asociada a la
subversión, se ha ido perdiendo.
La discutible
gestión del partido popular ante problemas concretos como es el caso del
separatismo catalán, su torpeza en la aplicación del artículo 155 de la Constitución,
no porque esta ley no fuera necesaria sino por la forma de llevarla a cabo. La
sedición está tipificada en nuestro código penal y hay que actuar con
contundencia ante este tipo de delitos.
La corrupción ha
sido la otra gran culpable del fracaso del gobierno de la derecha, involucrado
este en muchos delitos, ha arrastrado al partido a una debacle enorme,
amortizada en parte por la tendencia de los españoles a que nos engañen dos y
tres veces si es necesario.
La izquierda, tan
corrupta como la derecha se ha visto premiada con la gobernabilidad del país
gracias al voto a favor de unos partidos que no quieren a España y que pretenden
destrozarla a cualquier precio, esta izquierda se ha vendido por un simple
plato de lentejas, sin tener la aprobación de los votos del pueblo, solo con
los pactos surgidos con los partidos secesionistas y la extrema izquierda ha
provocado un golpe de estado encubierto por el control que estos partidos
tienen sobre los medios de comunicación.
El resurgir del
españolismo ha sido el desencadenante de una ola de críticas desde las
formaciones de extrema izquierda tachándolo de fascismo. No creo que sea
fascismo, pues en mi modesta opinión fascismo es lo que el actual gobierno ha
organizado conjuntamente con sus voceros de la extrema izquierda (Podemos)
proponiendo el guerra-civilismo contra todo aquel que no piense como ellos. La
formación de Podemos actúa en las calles al mejor estilo de los camias negras mussolinianos,
violencia y desorden, slogans de un ensañamiento inaudito para este tiempo y
una provocación constante contra las Instituciones del Estado (léase
Monarquía).
No me atrevo a
pronosticar cuál va a ser el futuro en estos próximos años, pero me lleno de
pesadumbre y tristeza pues creía como muchos de mi generación que habíamos
superado aquello que nuestros padres vivieron y que no queremos para nuestros
hijos y nietos.
La base de la
convivencia está rota, y la ha roto la izquierda revolucionaria con las mismas
consignas de hace un siglo, con el mismo estilo, el desorden y la revuelta,
quieren la calle y esta es suya como siempre pues la cobardía de la derecha ha
sido siempre su mejor aliada. Ellos buscan el enfrentamiento, lo necesitan para
enaltecer a sus dirigentes ante sus huestes, necesitan la violencia pues viven
entre ella y de ella. Jóvenes parados, fracasados en los estudios, inadaptados,
son su caldo de cultivo para la revolución que plantean, los trabajadores no
cuentan, estos son en parte un escollo para sus propósitos, el obrero quiere estabilidad
económica, mejorar su nivel de vida mediante un salario digno, un trabajo
seguro y la posibilidad de progresar en la vida y esto sabe que no se consigue
hoy en día con actos revolucionarios propios del siglo diecinueve.
Ahora quedo como
un espectador ante lo que ha de venir, espero lo mejor aunque creo que el mejor
optimista es el pesimista bien informado y busco siempre la información
contrastada para no dejarme llevar por la mentiras de unos los intereses de
otros y la docilidad ante el poder de casi todos.
Deseo que el año
próximo sea el comienzo de una reacción del pueblo ante tanta estupidez
organizada y para ello debe exigir elecciones, tomar el protagonismo y elegir
el gobierno que levante la Nación de la situación en la que se encuentra.
España no se
merece esto ni a estos, pero desgraciadamente no hemos aprendido de nuestros
errores y cometemos los mismos que cometieron nuestro padres y abuelos, solo
cambia el entorno material pues el moral e intelectual sigue siendo el mismo,
mediocridad, odio de castas, envidia patógena y vandalismo. Nuestros demonios
vuelven, se repiten y se convierten en nuestro avatara, en nuestra maldición.
Feliz Año 1.936

No hay comentarios:
Publicar un comentario