jueves, 15 de noviembre de 2018

El Triunfo de los mediocres (La era de la venganza)



Al sobrepasar cierta edad, los recuerdos se hacen más nítidos cuanto más alejados estén del momento actual. Tengo entendido que es un más que probable anuncio de la aparición de esa rara enfermedad llamada alzheimer, cuyos síntomas al parecer son la pérdida progresiva de la memoria hasta no reconocer a nadie de tú entorno familiar.

Los expertos afirman que la enfermedad del alzheimer: “Es una patología neurodegenerativa cerebral, progresiva e irreversible. Afecta de forma difusa a las neuronas de la corteza cerebral y otras estructuras adyacentes, y lleva a una degeneración de la función cognitiva y a trastornos conductuales”.

No voy a ser yo quien contradiga a estos doctores de la medicina, sería una muestra de lo que quiero criticar en este escrito, es decir la injerencia de los menos capacitados, de los mediocres en cualquier asunto sin estar, por supuesto, capacitados para ello.

Pero he llegado a pensar que en ciertos casos, imposibles de detectar, el olvido o aislamiento cerebral es debido a otras causas más personales. Y es aquí desde dónde comienzo a elucubrar sobre la idea de que ciertas personas  son muy vulnerables a determinadas situaciones que de alguna forma rompen el equilibrio de las cosas por la que estas personas han sacrificado sus vidas.

El hipocampo, esa fábrica de sueños que escondemos en nuestro cerebro, puede ser a veces y de hecho lo es una inagotable fuente de recuerdos, sueños, fantasías (ciertas o no) desde dónde aparece un mundo paralelo que nos libera muy a menudo de la mísera vida que uno puede llevar.

No todas las personas tienen la misma sensibilidad ni la misma fortaleza para afrontar la vida tal como es, y se esconden entre fantasías o se evaden de esta manera cuando les alcanza el sueño.

Mi vieja conciencia me aconseja seguir este camino, soy demasiado débil para afrontar situaciones dónde la maldad supera mi pobre razonamiento, me siento un naufrago en una isla abandonada pero a dónde llegan los ecos de una humanidad embrutecida dentro de una sociedad agónica y auto destructiva.

Es entonces cuando me arropo con la sábana del sueño, allí los personajes se muestran más claros, más consistentes, pero menos dañinos. Marcio Severo, personaje onírico al cual me agarro con fuerza en mis sueños, pues es mi protector y mi guía me ayuda en la tarea. Él que conoce más que nadie los entresijos de la Historia, pues su experiencia es milenaria y lleva vagando por el inframundo desde muchas eras, me dijo una vez:

“Céntrate en los sueños, vívelos con intensidad y puede que llegues a cambiar la realidad”

Ardua tarea para una persona tan poco consistente como yo a la que se puede dañar con facilidad por la fragilidad de mi carácter.

Pero veo como poco a poco y teniendo la certeza de que no hay vuelta atrás mi cerebro se va encerrando en esa nebulosa de sueños y fantasías dónde los hechos cotidianos se transforman, los personajes que a diario interrumpen en mi vida con sus actuaciones nefastas son vencidos en mi lucha onírica. Aquí soy el vencedor, el trasgresor de lo acontecido o de lo que va a ocurrir por la acción de estas personas.

Aquí en mi mundo, tuerzo los designios de la diosa Sejmet y soy yo el que castiga a los humanos sin ninguna intervención de los dioses, yo marco el destino y Cronos es mi aliado pues puedo cambiar los designios de Cesar y acabar con los tribunos de la plebe que pretenden asesinarle.
Pues la venganza, que es el poder de los mediocres no tiene cabida en mí reino de la noche, aquí y mientras el sueño me embarga yo castigo al difamador, al cobarde delator, al intruso, al criminal encubierto, al falso profeta. Soy juez supremo y tengo como ayudantes a todas las almas libres que vagan por los espacios infinitos, bajo la protección del hijo de Hipnos y Pasistea, Morfeo me ayuda en mi quehacer manteniéndome en vigilia mientras consumo mi trabajo.

Entretanto, la vileza, el desorden, el caos se coaliga para destruir lo que fue mi mundo exterior. Nada es como me enseñaron que debía ser y como yo a fuerza de trabajo y estudio llegue a asumir como bueno y real. Todo esto se desploma, he de ahí que mi encierro no sea voluntario sino obligado por estas y otras circunstancias. La maldad se extiende y los valores se hunden en la charca de la inmundicia, nada permanece en pie, los titanes irrumpen en el mundo de los dioses como harpías, destrozando cualquier atisbo de civilización.

Una nueva jerga invade el Senado, la plebe se deja embaucar por los demagogos de la nada, la auto destrucción de aproxima. Aquí pido la intervención de los dioses, pero el silencio es total, ellos han abandonado a la humanidad a su suerte. Marcio me lo advirtió: 

Estarás solo, como un apestado o un leproso. Triste destino el tuyo.

¿Qué hacer? ¿Tomar la cicuta al igual que Séneca? Esta fue un “suicidio ordenado”, no creo que el cordobés que sobrevivió a Caligula, Claudio, le acobardaran los “arribistas” Tigelino, Vitelio o Petronio que rodeaban a Nerón le obligaran a quitarse la vida. Estos arribistas están y han estado siempre cercanos al poder, adulando a sus dirigentes y como no, conjurándose en la sombra para acabar con el que les daba de comer. ¿Entonces, cual es la mejor solución?. He aquí a donde me conduce mi reflexión. Si no tengo el valor de quitarme la vida al menos me intento apartarme de ella lo más posible, refugiándome en el mundo de los sueños.

El mediocre se hace peligroso en cuanto se aproxima a puestos de poder, huele la riqueza como la hiena la sangre y pretende por todos los medios repartirse el botín a costa de lo que sea:

“El odio, la venganza, se alimentan de la degradación de los valores tradicionales, la envidia se nutre de la posibilidad de alcanzar los inalcanzable, le acompaña la insidia y la calumnia”

Pensamiento creo que de Ramiro de Maeztu, acertado en grado sumo y adaptable a cualquier momento histórico. 

Así es por lo que el acontecer histórico nos marca el destino de las “repúblicas”, y su lenta pero inexorable agonía, la repetición de los hechos y el eterno retorno a lo mismo, a lo sucedido anteriormente, me hace ser prudente como las serpientes y simple como las palomas y buscar refugio en las regiones de Hipnos, y desde allí encontrarme a mí mismo.



“El privilegio de una vida es convertirse en quien realmente eres” (C.G.Jung)
A esto la noche cae, un mundo de sombras va cegándolo todo, Nix abre su manto envolviéndome en el, las voces se disipan, las figuras se evaporan como por encanto y yo me sumerjo en mi mundo, en mi verdadero mundo.
Filoxides de Ursalia

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