lunes, 6 de agosto de 2018

Sinonimia política.



He de reconocer que me da un inmenso placer el abuso de sinónimos en mis escritos. Considero que el castellano tiene una riqueza semántica enorme y las variaciones de sustantivos para nombrar a cada cosa.

Es por ello la razón por la que utilizo hasta la saciedad sinónimos para definir o nombrar a los personajes que nutren, alimentan, sustentan y abastecen los medios de comunicación.

Especialmente los sujetos políticos, sean personajes de primer orden o los polítiquillos de menor fuste que por desgracia completan, rellenan o integran el circo público español, todos ellos y desde décadas dan mucho juego a los que por desgracia no tenemos otra arma para defendernos de ellos que la denuncia escrita o verbal.

Don Diego, mi viejo profesor de filosofía, sentía un gran desprecio por la clase política de su época, en sus clases allá por los años sesenta del pasado siglo definía a este grupo “profesional” como “rebaño improductivo”, se hacía eco de Ramiro de Maeztu y de otros pensadores del siglo que bien se podían adaptar al actual.

En cada lección que nos daba y había que estar muy pendiente pues la clase la teníamos a las cuatro de la tarde y aunque en aquellos tiempos el planeta no se calentaba como actualmente, teníamos que abrir los tres grandes balcones que daban a la calle para poder soportar la temperatura de principio de verano o de la vuelta de las vacaciones.

Repito, en cada lección utilizaba una gran cantidad de sinónimos para definir conceptos filosóficos y recomendaba al profesor de Lengua y Literatura que insistiera en el tema. Decía y con razón que potenciar el vocabulario era beneficioso no solo para la oratoria y el discurso sino simplemente como defensa ante tanto lechuguino que ya empezaba a  asomar por el solar patrio.

Yo he seguido sus enseñanzas y procuro utilizar la mayor cantidad de sinónimos para enriquecer de alguna manera mis escritos y para defenderme en los rifirrafes como actualmente acaban las discusiones políticas y las otras.

Decirle a un político que dormita en el “sagrado templo del congreso” (enorme eufemismo) zoquete simplemente o vago no me deja satisfecho y procuro adornarlo con todos los sinónimos que puedo (holgazán, haragán, zángano, indolente……) ello me provoca una enorme satisfacción. Es probable que llegue el momento en el cual esto sea un delito, pues no pasa el día que nuestros “padres de la patria” (mandamases, patrones, capos cabecillas y gerifaltes) aprueben una ley que coarte, limite, restrinja y cohíba mi libertad.

La mía y la de la mayoría de los ciudadanos que de una forma absurda les ha colocado dónde están para que hagan lo que hacen (y des-hacen). Los hombres buenos decía Sócrates se han de ver forzados a tomar parte del gobierno, porque estiman deshonroso presentarse voluntarios. 

Hoy en día esto es diferente, la masa se vuelca sin preparación alguna para formar parte de una lista electoral, aunque sea para ser presidente de su comunidad. El ansia de aparentar de los mediocres como su ambición no tiene límites, como mi desprecio y repulsa hacia toda esta chusma que entra a rebatiña en algún comité, para asegurar su nombre en alguna lista.

Así que al igual que mi viejo profesor me escudo o protejo en el viejo Maria Moliner y utilizo todos los sinónimos que puedo para nombrar a los mequetrefes, botarates, zascandiles, chiquilicuatros (en masculino y femenino) e inútiles que conforman el paisaje político español.
Filoxides el Crítico

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