“En los motines que la escasez
provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean es
destruir las panaderías” (Ortega y Gasset)
No hay día que pase sin
que una infinita cantidad de noticias de todo tipo me invade y violenta mi
intimidad desde cualquier medio, por ello he decidido aislarme cerrando mi
puerta a todos estos medios “diabólicos” que sin uno darse cuenta poco a poco
se van haciendo dueños de mi vida.
El viejo Marcio Severo
me lo advirtió hace muchos años, decía el pobre orate que el invento de este
tipo de cosas provocaría en pocos siglos la endeblez de los hombres y la
dependencia hacia su terrorífica tiranía.
Hoy muchos años después
la aseveración de mi viejo amigo se hace más latente cada día, vivimos
dominados de una forma despótica por esos artilugios conocidos como teléfonos
móviles, tablets, ordenadores, que si en un principio nos ayudaron a agilizar
trabajos e intercambiar comunicación tanto cultural como laboral o profesional
hoy son el medio por dónde la aberrante publicidad invade cualquier página de
consulta o simple ocio.
Pero no es ese el único
“mal” que lo que hoy se denomina eufemísticamente “redes sociales” nos aportan
esos medios transmisores. Si le das tú número de teléfono a alguien por una
causa determinada te verás comprometido a que este corra de medio en medio, de
aparato a terminal hasta que sea conocido por una inmensa cantidad de personas,
grupos, y empresas, a las cuales ni conoces ni quieres conocer.
Ahora el mal de los
males que han puesto de moda ciertos movimientos más o menos revolucionarios es
el de utilizar este medio de transportar noticias para hacer política, sea
cierta o no la noticia, da lo mismo, lo importante es que llegue hasta ti de la
forma más rápida y dañina posible.
Hoy no hace falta
jugarse el físico ante la policía o cualquier medio el orden público para
montar un motín, una algarada callejera o lo que es peor una huelga y no es que
las huelgas tengan que ser malas por naturaleza pero el medio de convocarlas me resulta infame.
El que se esconde en el
anonimato de una u otra manera en esos medios solo demuestra la cobardía de
aquel que intenta socavar libertades sin arriesgarse lo más mínimo. Y mi
libertad es estar al margen de cualquier energúmeno que intente soliviantarla
de esta manera.
Aquellas reuniones clandestinas
dónde entorno a un mesa con poca luz alumbrando esta se conspiraba contra el
poder, la injusticia o cualquier forma de orden equivocada o no ha sido
sustituida por un “whatsApp” dónde te conminan a una cacerolada, una
manifestación más o menos “pacífica” (el arte de reventarlas es muy conocido
entre revolucionarios de izquierdas y de derechas) una concentración ante el
Parlamento o cualquier acto más violento.
“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de
los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”. (Albert Camus)
A mi edad estoy más que harto de
revolucionarios de salón, mequetrefes desaliñados con aires de profetas,
siempre airados y sudando soberbia por cada poro de su piel, nunca he visto a
un anarquista de primeros de siglo (veinte se entiende) con la cara tapada por
un pañuelo o por un “verdugo”, el revolucionario de entonces iba a pecho
descubierto ante la fuerza del poder sin temer ser reconocido, muy al contrario,
se sentían orgullosos de lo que hacían y de cómo lo hacían.
En los últimos tiempos el esperpento
se ha apoderado de la sociedad y muy especialmente de sus dirigentes. La mediocridad
abunda entre ellos de tal manera que en el caso de que alguien con dos dedos de
frente intentase destacar en un gabinete o parlamento sería sofocado de
inmediato por esa marea de déspotas autoritarios, envanecidos en su vulgaridad
y protegidos por la cantidad que nunca soportarían una brizna de cordura venga
de donde venga. Hasta ellos utilizan estos medios como si fueran la única
manera de dar veracidad a sus maldades.
Así que mi decisión de aislarme de
tanta agresión mental reduce mi cauce de entendimiento con mis semejantes a la
sencilla conversación ente iguales sin imposiciones, respetando tanto la
opinión ajena como los modos y las formas y si no estoy de acuerdo procuro no
enzarzarme en litigios absurdos, discusiones desabridas o lecciones morales, me
callo y aprovechando el momento oportuno me despido educadamente y me voy. Un
soplo de aire fresco siempre viene bien.
Filoxides el Crítico
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