Han pasado muchas jornadas desde
el juicio a que fui sometido por supuesta impiedad y aunque las cosas parecen
olvidadas sigo percibiendo en el ambiente cierto recelo hacia mí persona.
Durante estos días, tanto Marcio como otros amigos han procurado
no volver a hablarme del tema, pretenden con su silencio que olvide lo antes
posible tan lamentable suceso, un día soy invitado a casa de Proclo dónde su
mujer se esmera agasajándome con un pastel de carne, otras es el mismo Ambides
uno de los magistrados de la ciudad el que nos reúne a todos con cualquier
excusa bajo una enorme higuera en el porche de su casa para debatir cualquier
tema mientras bebemos vino negro y comemos pasas, higos y otros frutos.
Una tarde y con la excusa de debatir sobre un libro escrito por el hijo
de este, un joven escritor con mucho talento, Ambides le preguntó a Marcio si
se iba a quedar mucho más tiempo en la ciudad o regresaría a su querida Itaca.
-No mi buen Ambides, no estoy pensando en regresar a mi patria pero si
tengo en mente hacer un largo viaje, probablemente el más largo que a mi edad
pueda hacer.
-¿A dónde puedes ir más allá de nuestro querido Mediterraneo? Dando por
hecho que Marcio pretendía salir de lo que todos nosotros considerábamos “nuestro
mar”.
-Han sido muchas las jornadas que he permanecido junto a mi entrañable
amigo Filoxides, hemos compartido más alegrías que penas, discutimos sobre todo
tipo de asuntos, hemos gozado de unas buenas jarras de vino y comido gustosos
manjares, también recorrimos otros pueblos y ciudades, descansamos en bellas
aldeas, bañado en las aguas puras de recónditos ríos y hasta nos hemos
enfrentado a todo un terrible Acusador y al timorato Arconte, por lo tanto creo
que debo continuar camino, aprender nuevos idiomas, visitar otras ciudades y
conocer otras personas, así como intentar profundizar en su cultura y su
historia.
Mientras decía estas palabras Marcio Severo me miraba con cierta
tristeza en sus ojos y continuó diciendo:
-Necesito averiguar si la forma de gobierno de esos pueblos lejanos,
allá por dónde aparece el Sol y de dónde, según cuentan los más ancianos tienen
su residencia los dioses, es igual de errónea que la nuestra.
"Sol es escudo de las nubes
/ y rayo luminoso / y destructor de los hielos".
-He oído, interfiere Ambides, que en el cenit de esa tierra que dices
hay una cadena de enormes montañas que juntan la tierra y el cielo y por ellas
circula un camino que pasa de esta, la tierra, hasta la morada de los dioses.
-¡Cuidado, mi buen Ambides, no sea esta apreciación causa de denuncia
para nuestros ilustres demagogos!
Suelta de golpe Marcio, riéndonos todos a carcajada limpia.
Entretanto la tarde va cayendo, el Astro se oculta por el Orto y
Ifesia, mujer de Ambides nos trae una cazuela de carne seca y otra jarra de
vino negro. Así bebiendo vino y hablando de viajes a otras tierras estamos
hasta que el cansancio y el vino hacen estragos en nuestra conciencia y
regresamos cada uno a nuestras respectivas casas.
Me despierto con el sol bien alto, y me dirijo a las Termas de la
ciudad, allí me encuentro con Marcio Severo y Aurelino un mercader que llegó a
nuestra ciudad hará unas semanas, pronto se hizo amigo de Marcio pues son
compatriotas.
-Buenos días- Me saluda Marcio con un fuerte apretón de manos y una
enorme sonrisa en su rostro.
-¿Conoces a Aurelino, verdad?
-Si claro, le compramos unas telas cuando llegó y después ha pasado
varias veces por casa ofreciendo sábanas de Tracia e hilos de Siracusa a mi
mujer.
-Bueno, más o menos correcto pero los hilos son de Cartago-. Contesta
Aurelino riéndose a carcajadas.
-Bien, queda claro que os conocéis.
Contesta Marcio y a continuación dice:
-Le he pedido a Aurelino que me permita ir con él hacia Sagunto, dónde
fondea una galera que me llevará hasta las costas de Fenicia, allí me las
arreglaré para continuar camino.
He de reconocer que la posible marcha de mi casi hermano Marcio, cuando
la anunció el día anterior, me dejó estupefacto aunque por los efectos del vino
pensé o quise pensar que era una simple broma del momento, pero ahora me doy
cuenta de que Marcio Severo lo tiene bien pensado el dejar el pueblo y emprender
ese temerario viaje.
-¿Los has pensado bien, Marcio?
-¡Por supuesto mi querido amigo, en unos días preparo lo poco que me he
de llevar y emprenderé el viaje, primero hacia el mar y después al otro extremo
de la tierra!
Salimos de los baños y nos dirigimos al Areópago hoy da su clase de
Filosofía el anciano Querofonte. Este
venerable viejo es muy querido en la ciudad y aunque en los últimos meses ha
sido desplazado del Ágora por medicación del partido democrático, él sigue
arremetiendo contra la
demagogia centrándose en las viejas creencias Aristotelicas: "De
los principios y de las causas primeras”. Dice Marcio que este sabio es una
reencarnación de Platón.
Una vez entrando en el
Ágora me encuentro de frente con Aquelos Magnicius, este me lanza una mirada
desafiante mientras su boca se tuerce en un rictus indescifrable, va acompañado
de una tropa de jovenzuelos “discípulos” de denominan así mismo ellos, se
sientan detrás de nosotros y siento su mirada fija en mi cogote.
Marcio que se ha dado
cuenta de ello me dice:
-Tranquilo hermano, este
hombrecillo no te puede hacer ningún daño y menos ahora cuando tú inocencia a
quedado sellada y archivada en este Areópago.
El anciano Querofonte habla sobre las bases filosóficas de su doctrina,
parece mucho más joven de lo que su aspecto indica, su voz es un torrente de
fuerza, dejando entrever una voluntad férrea.
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado
de ella”
Salímos del recinto después de una hora, el anciano Querofonte es
rodeado por los más sabios de la polis que le hacen preguntas de todo tipo,
Marcio y yo seguimos escalera abajo hasta llegar a una explanada dónde se reúnen las mujeres y los niños a los que
nos les está permitido el acceso al Areópago.Allí me espera mi mujer y los tres
nos dirigimos hacia el mercado que queda a unos tres estadios de allí.
…………
El temido día ha llegado Marcio viene a despedirse, al amanecer del
siguiente día sale una caravana de mercaderes con dirección al puerto de Sagunto,
les protege un escuadrón de hoplitas a caballo al mando de Perseo un viejo
militar avezado en todo tipo de combates tanto físicos como verbales pues en su
juventud fue profesor de Gramática. Mario lleva el mismo equipaje que cuando
vino hace ya muchos meses, un par de túnicas ropa blanca para el interior, unos
pocos libros y el dinero justo. Hemos hecho una recolecta entre los amigos pero
la ha rechazado de pleno.
-Bien, llegó el momento.
Me dice Marcio estrechándome las dos manos.
¡No, no me digas nada!
Se adelanta Marcio poniéndome el dedo índice en los labios.
Hemos estado juntos mucho tiempo, nos hemos compenetrado hasta el punto
de que nuestras almas casi se funden una con otra, como dije la otra noche
nuestros días han sido completos pero esta vida no permite que la dicha sea
eterna.
Me invita a sentarme con un gesto de su mano y prosigue:
-Ahora bien, quiero darte un consejo de hermano, no me he atrevido decírtelo
hasta ahora pero creo que es mi obligación y mi deber alertar tú conciencia.
Hace una pausa como si tratase de recopilar con todo detalle lo que
guarda en su cerebro y a continuación me dice:
-Debes abandonar esta ciudad de inmediato, lo he hablado con tu mujer y
ella está de acuerdo conmigo, debes irte por el bien de los dos, tú mi querido
amigo no eres feliz aquí aunque no te lo hayas planteado, necesitáis los dos
nuevos aires, menos corruptos y viciados que los que se respiran aquí. Sabes muy
bien que estas a merced de estos sofistas sin escrúpulos y que aprovecharan
cualquier pretexto para exonerarte de tus derechos y una vez conseguido esto cualquier
excusa servirá para volver a denunciarte aprovechando tu debilidad ciudadana.
Llegaste aquí huyendo de lo mismo pero la democracia se ha corrompido de tal
forma que como decía ayer Querofonte la tiranía de los demagogos se ha
apoderado de ella. Sabes mi viejo y leal amigo que tú sitio está más al Norte,
allá cerca de los mares fríos, entre los tupidos bosques y las nevadas
montañas, allí donde el dios de la luz se reúne con los hombres y debate con
ellos de igual a igual, en ese lugar la Aristocracia se basa en el valor de la
virtud y no es despótica ni oligárquica, es elegida entre hombres libres de
igual a igual. Vete al lejano Norte con tu mujer y tus vástagos busca la “Eudaimonía”,
vive entre ellos en plena libertad, enseña a tus hijos a que sean leales y
buenos hombres, edúcalos en la virtud y el valor, a ellos y a tus nietos y si el
gran dios te da vida también a tus bisnietos y que estos lo hagan con los suyos
igualmente.
Una vez dicho esto Marcio Severo se fundió en un largo abrazo conmigo,
después se despidió de mi mujer y el resto de la familia, cogió su pequeño saco
y sin más palabras se dirigió a la puerta dónde Aurelino le estaba esperando
desde hacía un buen rato.
-Adios viejo amigo, le grite casi sin fuerzas en la garganta.
-Adiós hermano, me contestó sonriendo Marcio Severo.
………
Salimos antes de despuntar el sol, en una vieja carreta van todos
nuestros enseres, solo lo necesario el resto cosas sin importancia se han
quedado en la casa, nadie sabe dónde vamos ni si pensamos volver, en pocas
horas me despedí de todos, especialmente de Ambides el cual me hizo un regalo
muy especial, como si adivinara hacia dónde nos dirigimos me dio una cadena de
plata con un emblema solar. “esto te abrirá puertas allí donde vas”, me dijo
saltándosele las lagrimas.
Han pasado varias jornadas, abandonamos las tierras cálidas, pasamos
por la interminable estepa y ya estamos al pie de las montañas que separan un
mundo del otro. En dos o tres jornadas estaremos en nuestro nuevo hogar. Me
vuelvo a mirar atrás y solo siento indiferencia, seguimos ascendiendo por un
estrecho camino, nos encontramos con algunos cazadores que nos invitan a
compartir sus presas, bebemos agua de los arroyos cristalinos que el sudor de
la montaña desprende hacia el valle.
Estamos sentados en la puerta de la cabaña dónde llevamos viviendo
desde hace un año, cuando un hombre a caballo me entrega una carta que va
dirigida a mi.
¡Es de Marcio! ¿Cómo me habrá encontrado? Rasgo el sello y despliego el rollo para leerlo.
Me encuentro en las tierras de Confucio, espero que tú y los tuyos estéis
bien. Si esta carta te llega será que me hiciste caso y te fuiste al Norte con tú
familia, tengo buenos amigos en esa nueva tierra por ti elegida, enséñales este
sello que te adjunto y siempre tendrás contacto conmigo. Un fuerte abrazo para
todos y no olvides mis palabras. Marcio Severo
Cogido en un lado del rollo hay una bolsa de cuero con una sortija en
el interior, en ella está inscrita el emblema del Sol.
Filoxides de Ursalia
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