lunes, 16 de marzo de 2020

Cuarentena I






El encierro voluntario es tan insustancial como el obligatorio.
Puede que sea una medida para controlar los miedos, pero dudo mucho que sirva para frenar tanto la peste que nos invade como la que puede venir acompañándole.
¿Vaticinio? ¡No, no creo estar en condiciones de predecir o intuir nada solo que al mal le acompañan siempre muchos adeptos, simpatizantes y el resto de la plebe!. “Et voluisse sat est” diría el clásico para darle un cierto aire intelectual a este desequilibrio social.
Nadie se espera la muerte, solo el temerario juega con ella, la provoca y hasta puede que llegue a amarla, estar cercana de ella puede resultar un salvoconducto para el intrépido, conocedor del arte de vivir puede que piense que el final solo es un paréntesis. Temerarios, provocadores, hombres dispuestos a saltar a la nada sin protección alguna, suicidas modernos o paranoicos aburridos.
Será esto una muestra del dadaísmo hospitalario, es decir la anti-vida paralela al anti-arte. No sé, podría ser pero para ello tendría que refrendarlo un Aragón, o un Tzara, ¿Acaso no es este virus un balbuceo de nueva enfermedad, una expresión de una nueva peste, una forma de higienizar el futuro?.
La simpleza invade tanto a gobiernos como medios de información, estos últimos, claro está, son las cotorras del poder, te dictan normas, medidas, pautas de comportamiento tanto sanitarias como higiénicas. ¿Sirven para algo? El gobierno dice que si aunque tendremos que convivir con cifras crecientes de muertos. Te hablan de porcentajes, estadísticas, números, comparativos y más. Al final te ves convertido en una simple estadística ¿Tiene esto algún valor? Dicen que se aplican medidas “didácticas” Te enseñan a lavarte las manos como si aquí estuviera la solución. ¿Es qué no sabíamos lavarnos hasta ahora? Al parecer no, pero para solucionar esto ya están nuestros gobernantes, su obsesión por re-educarnos no para.
Filoxides en cuarentena

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