martes, 26 de junio de 2018

La entrevista


Voy de sorpresa en sorpresa, pensé que al alcanzar cierta edad todo o casi todo lo que pudiera ocurrirme no me asombraría lo más mínimo, pero he de reconocer que no ha sido así. 

Me quedé pasmado la noche anterior cuando escuche en un programa de televisión a Leticia Dolera, hasta ese momento no tenía ni idea de quién era este personaje, mi ignorancia queda marcada.

Esta Señora o señorita, no sé su estado civil aunque en estos tiempos esto no tiene importancia,  famosa actriz, directora de cine, escritora y sobre todo feminista, acudió al citado programa para hablar sobre el machismo y de la situación actual de la mujer.
Dijo la  protagonista que:

"Todos y todas somos hijos del machismo porque estamos educadas y socializadas en un sistema que se llama patriarcado que educa en la desigualdad desde que somos pequeños. ¿Cómo puede ser que sólo el 7,5% de los personajes que se estudian sean mujeres? Si te enseñan que las mujeres no han sido relevantes, sino secundarias, nos están marcando una serie de objetivos y limitaciones", señaló la autora de 'Morder la manzana'.
No he tenido ocasión de leer este libro, al que probablemente no llegue a comprender, pues mi corta sabiduría me fija límites y blinda mi conocimiento. Estoy en mi derecho ¿Creo Yo?

Volviendo a esta Señora y a la pregunta del entrevistador dice así:

“Claro que me han metido mano volviendo a casa. Y sintiendo vergüenza porque al gritar pensaba que la gente diría que estoy loca. La cultura de la violación culpabiliza a las víctimas; estigmatiza a las víctimas. La vergüenza para nosotras, no?”

Estimada Señora o Señorita, no creo yo que si Usted grita en plena calle no haya unos cuantos caballeros que acudan a socorrerla, ahora bien es posible que este acto pueda ser considerado propio de la sociedad machista en la que nos educaron, pues socorrer, ayudar y proteger a una fémina era algo que se nos enseñaba de pequeños y que yo he inculcado a mi hijo y este a los suyos.

Recuerdo no hace mucho tiempo, que cedí el paso en una acera estrecha del centro de Madrid a una joven, lo hice inconscientemente, como una costumbre, algo normal para mí y me llevé la sorpresa de que la joven me tildó de facha, así por las buenas, como si la educación tuviera algo que ver con ese término.
Pero volviendo a la entrevista, continúa Doña Leticia Dolera:

"Tú no tienes el derecho a calificarme de nada en relación a mi sexualidad porque mi sexualidad me pertenece. Cuando la quieres vivir en libertad y gozarla eres una p***, una zorra o una guarra. Y si te adueñas de ella para decir que no, eres una puritana o una mojigata. Todo el imaginario patriarcal me ha enseñado que las mujeres que disfrutan de su sexualidad sin pudor y delante de los demás 'son un poco zorras', mientras que ellos son machotes", sentenció.

La verdad, que esto me ha dejado sin palabras, no creía yo que la sexualidad de cada uno o una estaba tan sujeta al control de los demás, probablemente se expresó mal, pues a mí y a muchos de mi generación la vida íntima de esta señora me importa un pito, aunque he de reconocer que solo pido un poco de pudor en el comportamiento, pues aunque da a entender que es el padre el que determina esta libertad, mi experiencia personal me dice que las tortas sobre este tema nunca me las pegó mi padre y si mi madre que me obligaba a  llegar a casa a determinada hora y me olía la ropa. 

No resulta agradable ver en un parque público, una cafetería, un centro comercial, o en cualquier lugar a una parejita, dónde la hembra lleva la iniciativa ante el lechuguino de turno sin ningún recato ni cuidado, dando la impresión de que están simplemente llamando la atención o provocando a las pobre viejas que pasan por allí.

Y para terminar la feminista remata:
"Insistir es acosar. Es muy importante aclarar que si no hay 'sí', es 'no', no solo que el 'no es no'", concluyó Leticia.
¡Ahh, bueno esto lo puede aclarar todo!, entiendo yo que si galanteas a una dama y esta se calla, sonríe o mira a otro lado es no, pues si esto es así me hubiera quedado soltero.

Hay cosas de la entrevista que no tienen desperdicio, pero sobre todo hay una que me deja en fuera de juego, ahora que estamos en tiempos de mundiales, dice esta Feminista que solo un 7% de mujeres tiene acceso a la educación superior. No lo sé cómo está la situación ahora pero recuerdo que en el año sesenta cuando comencé el Bachiller en un Colegio hoy día tragado por la M-30, las clases estaban divididas en dos filas de bancos, en una se sentaban las chicas y en la otra los muchachos, la diferencia entre unos y otras era de unos seis o siete alumnos. Lo curioso es que no había gran diferencia entre unos y otros a nivel de estudios, sobre todo en los tres primeros cursos, después si cambiaban las cosas y el tonteo de los trece o catorce años era más frecuente entre las niñas que entre nosotros que solo aspirábamos a salir corriendo de clase, coger el balón y liarnos a patadas en un campo de tierra cercano.

En esos tiempos no habían creo yo grandes desigualdades, cierto es, que se daban casos de que muchas chicas tenían que dejar sus estudios para echar una mano en casa pero igualmente éramos muchos los que tuvimos que dejar los estudios a medias para ponernos a trabajar y ayudar económicamente en casa.
Estimada  Sr. Dolera, no caiga en la demagogia imperante hoy en día. Los Hospitales están llenos de enfermeras, doctoras y oficinistas, lo sé pues me veo por mis achaques a visitar bastante a menudo algunos. He trabajado cincuenta años justos, rodeado de mujeres, de mucha valía y otras no tanto y nunca he detectado desafección hacia ellas, al contrario, procurábamos que no tuvieran que hacer esfuerzos  los que por su complexión física no pueden hacer. ¿Es esto machismo, según Usted?
Las modas pasan, y las personas hombres y mujeres que valen seguirán  ocupando puestos de responsabilidad en la empresa privada (en el Parlamento es otra cosa) y dentro de unos cuantos años estos movimientos  excluyentes que no igualitarios, pues es como si dijesen: “Quítate tú para hacer yo lo mismo” dejará amuchas con el pompi al aire.

Filoxides el Crítico


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