Siempre he sentido curiosidad ante la costumbre que tienen nuestros
dirigentes políticos de rodearse de asesores, no comprendo cual es el bagaje
que llevan en sus espaldas pero dan a entender que debe ser muy pobre.
La Zarina Alejandra Fiodorovna Romanova inauguro aquello del asesor aunque en este
caso Rasputín nunca permaneció en el anonimato como los actuales asesores pero
nunca se sabe de la posible ambición desmedida en la que pueden caer estos personajes
y la debilidad de los “asesorados”.
Afirma la Historia, la cual nunca pongo en duda, de que esto de los
asesores ha sido costumbre muy antigua, aunque interpretada de otra manera.
Alejandro se sirvió de Aristóteles, aunque en aquella época se decía Maestro al
que ocupaba ese menester.
Supuestamente nuestro actuales dirigentes, tan preparados ellos, no
necesiten de un descendiente del dios Asclepios para que les ayude, enseñe o
apoye sus ideas y proyectos.
Dante definió a Aristóteles como: El Maestro de nuestras vidas. Poco
probable será que hoy en día haya ejemplares humanos de tan alto valor, más
bien creo yo que estos “expertos” son las muletas dónde más de un zurumbático se
ha servido en su breve camino por la gloria del poder.
Y seguramente me quedo corto con el adjetivo pues se les puede aplicar
a muchos de nuestros mandatarios el de mamerto y fantoche pues sus actos así
les definen.
Pero volviendo al asesor, y no al asesorado, me gustaría saber el
nombre de estas celebridades de la Patria Mia y de sus muros a los que Quevedo
sabiamente reflejaría en sus poemas. ¿Quiénes son? ¿Cuál es su ciencia? ¿Hasta
dónde alcanza su poder?.
Lógico es de creer que su poder tenga unos límites ¿Pero cuáles? Pues
digo yo que deben ser unas eminencias y por lo tanto al igual que con el
ínclito Rasputín uno piense probable que su ambición se desborde en un momento
determinado.
Pienso yo, y me cubro en mi ignorancia, que además de asesores
presidenciales deben tener estos, asesores de los asesores y así
indefinidamente, esto es sumamente caro pero eso nada importa sobre todo en
España, dónde parece ser que el dinero fluye de la Fontana di Trevi a
borbotones como sus aguas.
Dentro de mi modesta opinión la cual coincide con muchos de mis
conciudadanos debería dársele el cargo de primer ministro, presidente o monarca
a la antigua usanza, es decir al más valiente y más válido de entre los
mejores, esto no es muy democrático pero ha dado resultado en el transcurso de
la Historia.
El Cesarismo nunca ha sido malo, lo malo es que el poder de este caiga
en manos de los actuales tragavirotes y raspamonedas que pueblan el solar patrio,
más pendientes de su pecunio personal que del de sus conciudadanos.
De pequeño mis padres especialmente mi madre que en aquellos tiempos
como todas las madres llevaban el soporte económico y cultural de la familia
(como ha cambiado la vida) me decía hasta dónde podía llegar si era estudioso y
aplicado, y me ponía ejemplos como el de médico, arquitecto, músico, profesor y
muchos más, hoy día si viviera recomendaría a sus nietos lo de asesor
presidencial o presentador de televisión, algo más frívolo pero mejor pagado.
Claro que, los dirigentes de mi infancia debían de ser o muy
entendidos o unos soberbios que no admitían el apoyo o la ayuda de nadie, no sé
si esto era bueno pero si resultaba más barato.
Es lo que tiene la ignorancia,
nos hace ser demasiado escépticos ante la bonhomía de nuestros dirigentes
Filoxides
el Crítico
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