Permitid a este viejo orate dar
cuenta de sus desvaríos con esta alegoría, pura ensoñación en noches de
vigilia.
Reunir en un gran banquete ceremonial a distintos personajes unidos
solamente por la genialidad de sus creaciones artísticas acompañados de sus
hijos e hijas más preciadas sería una
empresa titánica.
El lugar elegido para tal banquete deberá contar con un salón de
dimensiones considerables, rodeado de un inmenso jardín dónde las aves más
exóticas acompañen con sus cantos la velada, en el centro del jardín y justo
enfrente de la entrada al edificio que contiene el gran salón, una fuente con
ocho ninfas vertiendo agua por unas ánforas de cristal traslúcido apoyando sus
pies sobre unos pequeños sátiros.
Una vez conseguido el lugar paso presto a enviar las invitaciones para
tal evento, todas ellas del mismo color y tamaño, en esto no tengo duda pues el
tamaño deberá ser de media cuartilla y de color verde. El texto corto y
conciso, indicando hora y lugar y la obligatoriedad de llegar acompañado.
El reparto de las invitaciones me llevó noches enteras, desde la caída
del Sol hasta su renacer desde el Orto, me acompaña en la operación la luminosa
Sirius, su influencia es fundamental para este viejo enajenado más próximo al
abrazo de Thanatos que al dulce beso de Eros.
Una vez consumado el reparto, espero la fecha del banquete con la
ansiedad propia del convocante.
Poco a poco una cohorte de vehículos de diferentes épocas van
llegando, desde el carro helénico tirado por seis corceles blancos hasta un
abrillantado chevrolet de mediados del siglo XX, en su interior y tal como la
invitación exigía, los personajes y sus acompañantes van surgiendo ante mis
ojos.
Al llegar estos ante el propileo, dos lacayos impecablemente vestidos
a la usanza de época renacentista les invita a pasar y el maestro de ceremonias
les presenta. Otros sirvientes se hacen cargo de vehículos y monturas.
Desde mi atalaya contemplo con admiración mi obra. ¡¡He conseguido
reunir a maestros de todos los tiempos y a sus obras más queridas!!.
Una vez dentro del gran salón la conversación se anima entre ellos,
veo a las obras charlar distendidamente entre ellas. Fedro se separa de su mentor, un hombre cano
de anchas espaldas que responde por Platón y charla amistosamente con una dama
de largos cabellos de color rubio solaceo que dice llamarse Beatriz, más allá
la humilde Dulcinea y un viejo galán que le acompaña, no muy lejos en alegre
conversación descubro a la bellísima Salomé aunque algo desplazada por los
tiempos.
Pero dentro de todas las bellas amantes y musas de nuestra literatura
me encuentro con un ángel, una mujer que encarna todos los valores que por
separado pudiéramos pedir a las presentes, esta dama es hija de un célebre
músico y amorosa inspiración de otro genio, la bella dama se llama Cosima Liszt
de nacimiento pero su nombre de casada
es el de Cosima Wagner.
Luce radiante, ya ha conseguido el divorcio de Hans von
Bülow y ahora esta entregada de cuerpo y alma al genial compositor de Leipzig,
aunque el maestro no ha podido asistir ella ha venido acompañada por su hermano
Daniel Liszt.
Me acerco a la dama con toda mi
admiración, le pregunto por el maestro una vez que le he presentado mis
respetos. Cosima está radiante habla sin cesar del éxito de la Tetralogía y de
los proyectos que gracias al apoyo financiero del Rey Luis II tiene en marcha
su esposo.
Hablamos de Bayreuth, de la
complejidad de todo el proyecto, de la exigencia que Wagner para con los
músicos, de los intérpretes y de lo más profundo del Arte Total cuya filosofía
Cosima había hecho suya, tanto o más que el propio Wagner.
Hablamos y hablamos , tiene una
memoria única y una mente muy equilibrada, nacida entre pentagramas, notas,
octavas, melodías….. Pero lo más interesante es su conocimiento del sentido
wagneriano, ella ha captado como nadie su filosofía, su sentido del Arte y
sobre todo la pasión del Maestro por la Historia Antigua.
Sin darme cuenta las horas han pasado,
el hechizo se ha terminado y todo vuelve a su ser, todo menos el eco de su voz,
que queda grabada en mi mente y mi memoria entre la voz de Isolda, Brunilda, Kundry…..
los personajes femeninos de la gran obra de Wagner.
Wagner fallecía en Venecia allá por el
mes de febrero de 1883 en Venecia. Cosima se entregó en cuerpo y alma en
mantener vivo el proyecto de más importante de su marido. Mantuvo con toda la
ilusión a pesar de los problemas económicos que le acosaron siempre los
Festivales de Bayreuth, un festival que Wagner pensó para representar de forma
periódica, sus obras más destacadas entre ellas su famosa Tetralogía. Ni la
guerra, ni el desprecio que muchos dedicaron al gran compositor consiguieron
frenar el ímpetu de esta gran Señora que ha mantenido hasta su muerte el mismo
formato representativo que estableció Wagner.
Nada queda del banquete, los invitados
se han ido en sus carruajes, vehículos o monturas, el jardín guarda silencio,
los lacayos han vuelto a su anterior forma pétrea, los perfumes se van diluyendo
entre el frescor de la noche. La Luna hace acto de presencia mientras alguien interpreta
al piano la obertura de Rienzi, los sonido se entremezclan con el de las hojas
de los árboles cuyas ramas se balancean al ritmo de los acordes del piano.
Nadie quiere volver a la realidad
cuando vive en una nube de ilusionante hechizo, y menos cuando las luces de la
habitación del hospital se apagan, ahora cuando los enfermeros duermen y sus
pasos dejan de sonar por los pasillos, los genios de la noche vuelven a traernos
nuevamente nuestros más queridos sueños y nuestras más penosas pesadillas.
Filoxides de Ursalia
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