Aquella noche Sakov durmió mal, los acontecimientos sobre revueltas y sabotajes le inquietaban, era consciente de que el Imperio tenía los días contados, Prusia, Austria o probablemente Turquia y el Imperio Persa estaban de alguna manera detrás de aquellas revueltas, mientras las intrigas palaciegas, los intereses de las grandes fortunas en la explotación de Siberia o de expansión por el centro de Asia eran más importantes para estas que las necesidades de las pobres gentes, campesinos principalmente Nada más levantarse cogió un par de piezas de fruta de la región, se bañó en su pequeño algibe cuyo uso era ese y tomo un par de tazas de té con la fruta, se vistió y marchó para el Palacio.
Al llegar las sirvientas ya estaban en plena faena, una carreta había traído alimentos y otras necesidades para el buen funcionamiento del Palacio, de ello se encargaba una vieja matrona de nombre Axelia mitad georgiana mitad armenia, era disciplinada y muy inteligente, sabía adaptarse a las circunstancias fueran las fuesen con total dedicación pero Sakov no veía en ella lealtad alguna a la familia Fiódorovna, ella cumplía sin más.
Devolvió los periódicos al armario dónde se guardaban y pasó a la biblioteca para su quehacer diario, debía reparar unas tapas a una Historia de Rusia del siglo IV recopilada por los monjes de la Abadía de Korovska cercana a Erevan y que había soportado ataques, incendios y todo tipo de tropelías hasta que llegó a manos de la Zarina y está los ubicó en su generosa biblioteca, además debía restaurar también unos viejos rollos escritos supuestamente por unos monjes budistas afincados cerca de Tiblis y que se marcharon cuándo empezaron las persecuciones religiosas de los siete boyardos.
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